El pulso que paralizó a EE. UU.: entre subsidios, vuelos cancelados y el fin de un cierre histórico

Tras 40 días de parálisis gubernamental, un grupo de senadores demócratas rompe filas y allana el camino para reabrir el gobierno federal en medio de tensiones, críticas y consecuencias palpables

Un cierre sin precedentes

El gobierno de los Estados Unidos acaba de pasar por uno de los episodios más tensos y prolongados en su historia moderna. Con un cierre federal que duró 40 días (del 1 de octubre en adelante), millones de ciudadanos padecieron las consecuencias directas de una disputa legislativa que dejó sin sueldo a trabajadores federales, canceló miles de vuelos y puso en jaque programas clave como SNAP, la asistencia alimentaria para las familias más vulnerables.

Pero más allá de las consecuencias, lo que sorprendió a muchos fue el giro repentino que dio un grupo de senadores demócratas moderados al decidir votar con sus colegas republicanos para desbloquear la legislación que pone fin al cierre. En este análisis caliente (hot take), desmenuzamos los motivos, la reacción de ambos bandos y las implicaciones políticas y sociales que este episodio tendrá de cara al futuro inmediato.

¿Qué llevó al cierre en primer lugar?

Todo comenzó por una disputa sobre una cláusula específica: la extensión de créditos fiscales a los seguros de salud bajo la Affordable Care Act (ACA), también conocida como Obamacare. Mientras los demócratas exigían que se incluyera esta prórroga como parte del paquete de financiamiento para mantener abierto el gobierno, los republicanos se negaban a siquiera discutirla.

Esto originó un punto muerto legislativo que paralizó funciones vitales del gobierno federal. Fue un pulso político que se convirtió en una pesadilla logística y financiera para el país entero.

Consecuencias tangibles: vuelos, comida y desempleo

  • Más de 7,000 vuelos se retrasaron y casi 5,000 fueron cancelados en solo un fin de semana, debido a que controladores aéreos no estaban recibiendo pago y comenzaron a dejar de acudir a sus puestos.
  • El programa de cupones de alimentos SNAP fue reducido, afectando a casi 40 millones de estadounidenses, muchos de los cuales dependen de esta ayuda para su sustento diario.
  • El Food Bank del área de la capital reportó tener que incrementar en un 20% la cantidad de comidas distribuidas, alcanzando 8 millones de comidas adicionales debido a la emergencia.
  • Decenas de miles de trabajadores federales no habían cobrado su salario desde el 1 de octubre.

Todo esto mientras el Congreso debatía en salas privadas y las negociaciones se estancaban, generando frustración colectiva.

El voto sorpresivo: los ocho demócratas del cambio

El pasado domingo por la noche, un grupo reducido de senadores encabezados por Jeanne Shaheen, Angus King y Maggie Hassan, decidió romper con la mayoría de su partido y votar con los republicanos para abrir el debate sobre un paquete de compromiso. A ellos se unieron Jacky Rosen, Catherine Cortez Masto, John Fetterman, Dick Durbin y Tim Kaine.

El paquete aprobado contempla:

  • Reapertura inmediata del gobierno federal.
  • Una promesa (sin garantías) de votar en diciembre sobre los subsidios de salud de la ACA.
  • Reversión de las órdenes de despido de trabajadores federales implementadas durante el cierre.
  • Pago retroactivo a todos los empleados federales afectados.

El líder de la mayoría en el Senado, John Thune (R-SD), calificó el acuerdo como "necesario y urgente" ante la crisis nacional que se estaba desatando a pasos agigantados.

Mike Johnson, presidente de la Cámara Baja, declaró: “La pesadilla finalmente está llegando a su fin”, aunque aún no está claro exactamente cuándo se realizarán las votaciones finales.

Reacción demócrata: fuego amigo y acusaciones de traición

La decisión de los ocho senadores no cayó bien dentro del ala progresista del Partido Demócrata. Chuck Schumer, líder de la bancada demócrata en el Senado, votó en contra del compromiso, al igual que la mayoría de sus colegas.

Bernie Sanders, senador independiente por Vermont, fue tajante: “Fue un error horrífico”. Chris Murphy sostuvo que los votantes estaban esperando “resistencia”, no capitulación.

La representante Angie Craig dijo en redes: “Si esto es un ‘acuerdo’, tengo un puente que venderles”.

Los progresistas calificaron de traición la decisión de abrir el gobierno sin conseguir garantías sobre los subsidios, languideciendo en una promesa futura que puede desvanecerse en diciembre con la mayoría republicana en la Cámara de Representantes.

¿Una victoria para los republicanos?

La narrativa republicana adopta aires de victoria moral. El presidente del Congreso, Mike Johnson, elogió a los senadores desertores como "defensores del principio sobre la política partidista". Mientras tanto, Donald Trump, aunque ambiguo, dijo que “parece que nos estamos acercando al fin del cierre”.

Es notable que, en la letra pequeña del acuerdo, se incluyó una cláusula propuesta por Mitch McConnell para restringir ciertos productos de cáñamo, provocando incluso amenaza de veto por parte del senador Rand Paul (también republicano y de Kentucky).

La bomba de relojería del Obamacare

Uno de los puntos más espinosos —y posiblemente la próxima bomba política— son los subsidios fiscales del ACA. Expiran el 1 de enero y podrían provocar un aumento drástico en las primas de seguros de salud para millones.

La Fundación KFF estima que más de 13 millones de personas dependen actualmente de estos subsidios para contar con cobertura médica asequible.

El sector más conservador del Partido Republicano quiere que esos fondos se retiren del subsidio general y que se apliquen nuevos criterios más restrictivos. Mientras tanto, millones de estadounidenses literalmente esperan para saber si podrán pagar su seguro médico en 2025.

Un precedente peligroso

Lo que resulta más preocupante es que los cierres gubernamentales se estén convirtiendo cada vez más en estrategias políticas calculadas. Cada partido utiliza el presupuesto como rehén para alcanzar objetivos ajenos al financiamiento básico.

Como señaló la senadora Maggie Hassan: “Esta no es forma de gobernar”.

Históricamente, el primer cierre gubernamental ocurrió en 1981 bajo Ronald Reagan. Desde entonces ha habido una docena, pero este es ahora el más largo de todos, superando los 35 días del cierre de 2018-2019.

Y ahora, ¿qué sigue?

Estamos ante una tregua inestable. El gobierno se reabrirá, pero solo hasta finales de enero. Y el voto sobre los subsidios de salud dependerá de una mayoría que actualmente rechaza siquiera mencionar el tema.

Para millones de trabajadores federales, usuarios del sistema de salud y beneficiarios de programas como SNAP, esta pausa solo les ofrece un suspiro efímero antes de otro posible abismo en 2024.

Como dijo el senador independiente Angus King: “En algún momento tendremos que dejar de jugar a la ruleta rusa con nuestro propio gobierno”. Esperemos que esa conciencia sea viral.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press