Hezbolá, dinero y elecciones: La tensión financiera entre EE. UU. y Líbano
Washington intensifica su presión sobre Beirut para cortar el flujo de fondos hacia Hezbolá antes de las elecciones parlamentarias libanesas de 2026
Una visita clave y una advertencia clara
En un viaje estratégico a Beirut, el Subsecretario del Tesoro de EE. UU. para la Inteligencia Financiera y el Terrorismo, John K. Hurley, lanzó una advertencia directa a las autoridades libanesas: es hora de tomar medidas más contundentes para cortar el flujo financiero hacia Hezbolá, especialmente de cara a las elecciones parlamentarias previstas para mayo de 2026.
Hurley, quien llegó acompañado por una delegación del Departamento del Tesoro y del Consejo de Seguridad Nacional, indicó que el grupo chií buscaría ingresar hasta 1.000 millones de dólares al país antes de fin de año. Aunque la cifra exacta es incierta, Washington insiste en que el dinero llega en efectivo, oro y, últimamente, a través de criptomonedas.
¿Dónde se esconde el dinero?
Uno de los focos de preocupación más destacados por la delegación estadounidense es al-Qard al-Hasan, una organización vinculada estrechamente con Hezbolá, que opera fuera del sistema bancario libanés —aunque en la práctica actúa como un banco informal.
Según el Tesoro estadounidense, al-Qard al-Hasan ha facilitado préstamos sin intereses y servicios financieros a miles de libaneses, especialmente tras el colapso financiero de 2019. Pero, detrás de esta fachada caritativa, Washington sospecha que se trata de una estructura diseñada para evadir sanciones internacionales y blanquear capitales para actividades paramilitares y políticas de Hezbolá.
“Deberían iniciarse procesamientos contra personas que están violando la ley libanesa y las sanciones, usando esa entidad para financiar a Hezbolá”, dijo Hurley.
Progreso, pero no suficiente
A pesar de reconocer que Líbano ha implementado nuevas medidas de control —como el aumento en los protocolos de seguridad en su único aeropuerto internacional y la suspensión de vuelos directos desde Irán—, Hurley sostiene que aún hay grandes lagunas. En particular, apuntó a las casas de cambio, que son señaladas como uno de los canales preferidos para introducir dinero en efectivo de modo discreto.
De hecho, el Departamento del Tesoro de EE. UU. ha impuesto recientemente nuevas sanciones contra operadores financieros que facilitan estos movimientos, muchos de ellos localizados en Emiratos Árabes Unidos y Turquía, donde la delegación también hizo paradas para frenar estas rutas de financiamiento.
El contexto electoral y la maniobra de Hezbolá
Lo que agrava la situación es que Hezbolá y sus aliados políticos obtuvieron importantes victorias en las elecciones municipales del primer semestre de 2025, en sus bastiones tradicionales del sur y el valle de Bekaa. Ahora, con ese impulso, esperan dar un salto cualitativo en los comicios parlamentarios.
Para Estados Unidos, esta maniobra de poder político va acompañada de una infraestructura financiera opaca —y peligrosa—, especialmente cuando se combinan fondos internacionales, criptomonedas, oro y canales informales.
El apoyo iraní y el nuevo rostro de la financiación
Irán continúa siendo el principal mecenas de Hezbolá. Con vuelos comerciales cancelados desde Teherán a Beirut y senderos marítimos bajo vigilancia, las autoridades aseguran que partes del dinero ahora llegan a través de trayectos indirectos por Turquía y UAE, o incluso cargado en maletas repletas de oro y efectivo.
Además, una parte creciente de los flujos económicos de Hezbolá pasa por ecosistemas criptofinancieros. Aunque los montos específicos son difíciles de rastrear, Hurley asegura: “Dado el volumen de dinero involucrado, es evidente que hay bancos —conscientes o no— que están facilitando el ingreso de estos fondos al país.”
Hezbolá: entre armas, hospitales y supermercados
Más allá de su brazo armado —designado como organización terrorista por EE. UU. y varios de sus aliados—, Hezbolá ha ampliado su aparato civil. El partido miliciano gestiona escuelas, hospitales, tiendas de comestibles a bajo costo y, claro, entidades financieras alternativas como al-Qard al-Hasan.
Esto le ha permitido presentar una imagen de proximidad con la clase trabajadora del país, especialmente después del colapso económico y social. En ese vacío institucional, muchos libaneses han encontrado en Hezbolá un proveedor de servicios y, por ende, un actor político confiable.
Elecciones marcadas por las relaciones exteriores
Uno de los puntos más delicados que complican la agenda electoral es el debate sobre cómo permitir el voto a la diáspora libanesa, dispersa en más de 100 países, especialmente después de que muchos abandonaran el país tras las crisis sucesivas de los últimos años.
Algunos sectores del gobierno buscan postergar las elecciones de mayo de 2026 para poder resolver este tema, algo que Washington observa con desconfianza. “Existe una ventana de oportunidad entre ahora y los comicios que debe aprovecharse para ejercer mayor control”, puntualizó Hurley.
Conflicto persistente: Israel vs. Hezbolá
Desde la guerra de 2023 entre Israel y Hamás, Hezbolá se ha sumado al conflicto, lanzando misiles contra el norte israelí en “solidaridad” con los palestinos. Esa escalada derivó en una confrontación abierta en septiembre de 2024, que, aunque contenida por un frágil cese al fuego caldeado por EE. UU., continúa con ataques regulares.
Israel, en particular, ha mantenido presencia militar en parte del sur libanés, argumentando que esto es necesario para impedir que Hezbolá se reagrupen. Como consecuencia, gran parte de las ayudas internacionales para la reconstrucción de la zona están condicionadas a que el grupo entregue sus armas, algo que Hezbolá se niega a hacer mientras Israel mantenga fuerzas en su territorio.
Escenarios posibles: entre sanciones y sucesos
Washington lo ha dejado claro: el próximo año electoral será determinante para el futuro de la política libanesa. Las sanciones pueden ampliarse a más actores si no se detectan esfuerzos sólidos para erradicar el flujo de fondos ilegítimos hacia Hezbolá.
Por su parte, el gobierno libanés se enfrenta a una encrucijada: colaborar activamente con los mandatos de EE. UU. sin deslegitimar estructuras paralelas que han llenado los vacíos del Estado, o desoír las exigencias internacionales y profundizar su aislamiento financiero en medio de una crisis sin precedentes.
La cuenta regresiva hacia mayo de 2026 ha comenzado. Y con ella, el pulso por definir si el Líbano seguirá huella de las milicias como fuerza central o renacerá con nuevos acuerdos institucionales y financieros.
