Sudán al borde del colapso: la guerra invisible que arrasa con vidas y desplaza millones

Más de 40.000 muertos, 12 millones de desplazados y un país al borde del abismo; la crisis en Sudán escala sin freno mientras el mundo guarda un silencio incómodo

  •  EnPelotas.com
    EnPelotas.com   |  

Una guerra silenciada que lleva más de dos años arrasando Sudán

Mientras el mundo centra su atención en conflictos más mediáticos, Sudán atraviesa una de las crisis humanitarias más desoladoras del siglo XXI. Desde 2023, una feroz guerra civil enfréntala al ejército regular sudanés y los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF).

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el conflicto ha cobrado más de 40.000 vidas y ha desplazado forzosamente a 12 millones de personas. Sin embargo, organizaciones humanitarias advierten que estas cifras podrían estar muy por debajo de la realidad.

¿Cómo se originó esta guerra?

Tras el derrocamiento de Omar al-Bashir en 2019 —dictador que gobernó durante 30 años— Sudán quedó en manos de una frágil administración cívico-militar destinada a guiar al país hacia la democracia. Pero las grietas en esta alianza no tardaron en aparecer.

El choque de intereses entre el general Abdel Fattah al-Burhan, líder del ejército nacional, y el comandante Mohamed Hamdan Dagalo "Hemedti" al mando de las RSF, se volvió insostenible cuando se discutía la incorporación definitiva de las milicias al mando militar nacional. Fue entonces que, en abril de 2023, estalló el conflicto. Desde entonces, el país vive una guerra brutal marcada por acusaciones de crímenes de guerra, desplazamientos masivos y colapso de los servicios básicos.

El nuevo epicentro del horror: Kordofán y Darfur

En los últimos meses, dos regiones han emergido como los escenarios más sangrientos del conflicto: Kordofán y Darfur.

Entre el 26 de octubre y el 9 de noviembre, más de 38.990 personas huyeron de varias localidades de Kordofán del Norte (como Bara, Um Rawaba y Sheikhan) debido a los ataques de las RSF. Solo durante el fin de semana pasado, cerca de 2.000 personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares luego de intensos combates.

En Darfur, por su parte, la situación roza lo apocalíptico. Las RSF tomaron recientemente el control de la ciudad de El-Fasher, y hay reportes documentados por organismos internacionales y organizaciones como Human Rights Watch de ejecuciones sumarias, quema de cuerpos y entierros en fosas comunes. Imágenes satelitales analizadas por el Laboratorio de Investigación Humanitaria de la Escuela de Salud Pública de Yale revelan el alto grado de sistematicidad en la destrucción —y en el encubrimiento posterior— de estas atrocidades.

El horror tiene rostro y cifras desbordadas

La magnitud de la tragedia es difícil de dimensionar. Según cifras del Organismo Internacional para las Migraciones (OIM), desde que comenzó el conflicto:

  • Se han registrado más de 12 millones de desplazados internos y refugiados.
  • Al menos 25 millones de personas requieren asistencia humanitaria urgente.
  • Más de 70% de las instalaciones de salud no están operativas debido a los ataques y saqueos.
  • El hambre amenaza a 1 de cada 3 sudaneses, especialmente en regiones sitiadas por las RSF.

"Sudán está al borde del colapso total", advierte el coordinador humanitario de la ONU en Jartum. Las rutas de abastecimiento están cortadas, la infraestructura destruida y las entidades humanitarias apenas pueden acceder a las zonas más golpeadas.

El desplazamiento forzoso: una herida abierta

Las oleadas de desplazamiento son incesantes. Desde el estallido del conflicto:

  • Más de 1 millón de sudaneses han huido del país, mayormente hacia Chad, Egipto y Sudán del Sur.
  • Internamente, campos desbordados y ciudades colapsadas no pueden hacer frente al flujo constante de personas sin hogar.
  • El acceso al agua, medicamentos y alimentos básicos es prácticamente inexistente en muchas regiones.

Voluntarios en localidades como Babanusa han señalado una fuerte disminución en las personas que acuden a los comedores populares, lo que sugiere un abandono masivo del territorio ante el avance de los paramilitares.

Crímenes de guerra y desapariciones masivas

Las RSF han sido señaladas repetidamente por perpetrar limpiezas étnicas, ataques sistemáticos contra civiles y violencia sexual masiva. En el caso más reciente, activistas en Darfur acusan al grupo de haber incendiado un hospital saudí en El-Fasher para borrar evidencia. La Red de Médicos de Sudán reportó la recolección de cadáveres en las calles por parte de los uniformados, quienes luego los sepultaron colectivamente —o los quemaron— intentando encubrir sus actos.

¿Dónde están las sanciones internacionales? ¿Dónde está el Consejo de Seguridad de la ONU? La parálisis mundial obliga a revisar seriamente los mecanismos de respuesta internacional ante conflictos de esta magnitud.

Una nación rehén del silencio diplomático

La ausencia de presión internacional ha actuado como catalizador del deterioro. Mientras países como Estados Unidos, China y las potencias europeas se mantienen distraídos por sus propios intereses geopolíticos, Sudán agoniza.

Algunos analistas consideran que la falta de acción se origina en el escaso valor estratégico inmediato de Sudán. Sin embargo, los efectos de esta guerra ya se sienten más allá de sus fronteras: el desbordamiento migratorio, la propagación del extremismo y los vacíos de poder crean nuevas crisis regionales.

¿Se puede hablar de esperanza?

Pese a la oscuridad, en Sudán aún hay destellos de humanidad. Multitudes de voluntarios organizan cocinas comunitarias, crean escuelas improvisadas para los niños desplazados y arriesgan sus vidas llevando insumos médicos.

Asimismo, líderes religiosos y tribales intentan mediar localmente en los conflictos. No obstante, sin una presión real y coordinada por parte de la comunidad internacional, cualquier intento de paz corre el riesgo de desmoronarse.

¿Cuándo dejará el mundo de ignorar a Sudán?

Ha pasado más de un año desde el inicio de esta tragedia. Las cifras crecen, los refugiados se multiplican, los cuerpos siguen apareciendo en fosas comunes, y las ciudades se vuelven cementerios.

La comunidad internacional debe reaccionar con urgencia: presión diplomática, apertura de corredores humanitarios y sanciones efectivas son pasos ineludibles para romper el círculo de violencia.

Mientras seguimos ignorando a Sudán, cientos de miles están pagando con su vida el precio de nuestro silencio.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press