Tragedia en Texas: el caso Camp Mystic y la negligencia que costó vidas

Una demanda revela los errores fatales que contribuyeron a la muerte de 27 personas en un campamento infantil afectado por una inundación repentina

Una tragedia que pudo evitarse

La madrugada del 4 de julio de 2025 quedará marcada como una de las más devastadoras en la historia reciente de Texas. Una inundación repentina del río Guadalupe arrasó con el emblemático Campamento Mystic, cobrando la vida de 25 niñas y dos consejeras adolescentes. Ahora, una demanda presentada por las familias de las víctimas saca a la luz una serie de fallos y decisiones cuestionables que, de haber sido evitadas, habrían podido cambiar el destino de decenas de vidas.

Una demanda con repercusiones

La denuncia, presentada en un tribunal estatal en Austin, acusa a los operadores de Camp Mystic de negligencia grave. El texto legal, que reclama más de un millón de dólares en daños, expone que los administradores del campamento no siguieron los protocolos estatales de evacuación y priorizaron equipamiento sobre personas durante la emergencia.

Según la demanda, “estas niñas murieron porque un campamento con fines de lucro priorizó el beneficio económico sobre la seguridad”. Agrega además que las cabañas estaban construidas en zonas de alto riesgo de inundación para evitar el gasto que implicaría moverlas a áreas más seguras.

El error humano y la falta de planificación

Uno de los puntos más desgarradores de la demanda alega que mientras las aguas crecidas comenzaban a inundar el campamento, un trabajador de mantenimiento fue enviado a evacuar equipo por más de una hora, mientras niñas y consejeras eran obligadas a permanecer en sus cabañas, rodeadas por el peligro.

Además, la dirección del campamento, encabezada por su entonces propietario Richard Eastland —quien también falleció durante la inundación—, había sido advertida sobre las condiciones meteorológicas. Sin embargo, resta duda si las alarmas del Servicio Nacional de Meteorología, que sí fueron enviadas a los teléfonos de la zona, fueron vistas o ignoradas por los responsables del campamento.

Una tragedia anunciada

El Campamento Mystic fue fundado en 1926 con el objetivo de brindar una experiencia de verano segura y enriquecedora para niñas. Numerosas generaciones han pasado por sus cabañas y senderos. Pero esa historia centenaria no fue suficiente para eximirlos de su responsabilidad.

El río Guadalupe se elevó vertiginosamente de 4.2 metros a 9 metros en tan solo una hora, cubriendo rápidamente las zonas más bajas del campamento sin que existiera un plan de evacuación eficaz para los ocupantes.

Ryan DeWitt, padre de Molly DeWitt, una de las niñas fallecidas, entendió que la demanda era el primer paso hacia la justicia: “Confiamos en que este proceso sacará a la luz lo que realmente ocurrió aquella noche y que, eventualmente, se traducirá en justicia y reformas de seguridad imprescindibles”, dijo.

¿Una reapertura polémica?

A pesar del desastre y del luto colectivo, los operadores del Camp Mystic han anunciado su intención de reabrir el campamento en el verano de 2026, lo que ha generado una nueva ola de indignación entre las familias afectadas y la opinión pública en general.

La reapertura se ve como una falta de respeto hacia las víctimas. Las familias exigen que antes de cualquier operación, se garantice una revisión completa de la infraestructura, ubicación y protocolos de emergencia.

La respuesta del sistema político

La indignación no se limitó a las familias. El caso llevó a padres y madres a testificar ante el Congreso del Estado de Texas. El impacto de sus testimonios fue tal que el estado aprobó nuevas leyes, entre ellas:

  • Obligatoriedad de tener planes de evacuación revisados anualmente para todos los campamentos que ofrezcan alojamiento infantil.
  • Protocolos de monitoreo climático continuo en zonas de alto riesgo.
  • Auditorías anuales por parte del Departamento de Protección Civil en campamentos de verano.

¿Negligencia o crimen?

La duda que muchos expertos legales plantean es si estas acciones configuran solamente negligencia civil o si podrían desembocar en cargos penales por homicidio involuntario. Al momento no hay cargos criminales formales, pero el peso público del caso podría generar cambios.

Michelle Davis, abogada especializada en responsabilidad civil, comentó para medios locales: “Ignorar un riesgo conocido, sobre todo cuando se trata de niños, puede ir más allá de lo civil. Hay elementos para una discusión penal seria”.

Una comunidad fracturada

Hunt, Texas, es una comunidad pequeña de menos de 1,500 habitantes. El Camp Mystic no solo era un negocio, era también un símbolo local. Hoy, el silencio reina en el lugar donde alguna vez las carcajadas llenaban el aire veraniego.

Los sobrevivientes también arrastran traumas. Algunas niñas que pudieron mantenerse con vida han recibido atención psicológica constante, sufriendo pesadillas, ansiedad y estrés postraumático severo. Las secuelas van más allá del cuerpo: el dolor emocional y psicológico se extiende como otra forma de inundación.

¿El futuro de los campamentos infantiles?

La tragedia de Camp Mystic obliga a reconsiderar cómo operan los campamentos, qué regulaciones existen y qué tanto se aplican en la práctica. Al día de hoy, muchas instalaciones similares en Texas están ubicadas en zonas rurales adyacentes a cuerpos de agua sin planes robustos de contingencia.

Según estadísticas del National Center for Health Statistics (CDC), las inundaciones son la segunda causa principal de muertes relacionadas a eventos climáticos en EE.UU., después del calor extremo. Cada año, cerca de 80 personas mueren por causa de inundaciones, la mayoría atrapadas en vehículos o estructuras sin protección.

En un contexto de cambio climático y clima cada vez más extremo, esta clase de campamentos deben adaptarse a una nueva realidad climática. No es opcional, es una obligación moral y legal.

Luz en la oscuridad: el nacimiento de una reforma

Lo único rescatable de esta terrible historia ha sido el impulso hacia cambios reales. Las familias de las jóvenes víctimas han creado fundaciones, como “Luz para Molly” o “Seguridad Summer Camp Now”, que promueven la fiscalización de instalaciones infantiles y campañas públicas de concienciación.

Y aunque ninguna acción devolverá la vida a quienes partieron, sí puede evitar que más tragedias como esta se repitan.

La muerte de estas niñas y jóvenes no puede ser solo una tragedia más: debe ser un llamado urgente a la ética, la responsabilidad y el sentido común.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press