¿Quién manda en el Congreso? El poder silencioso de Mike Johnson durante la parálisis legislativa
El presidente de la Cámara de Representantes ha demostrado que, con suficiente estrategia política, se puede cerrar el Congreso durante dos meses sin perder el control. ¿Estado de derecho o rendición institucional?
Una pausa nunca antes vista en el Capitolio
La parálisis legislativa provocada por el cierre del gobierno federal en EE.UU., que duró cerca de dos meses, desató una profunda reflexión sobre el papel de la Cámara de Representantes y los límites del poder del presidente de la Cámara, Mike Johnson, republicano por Luisiana. En una jugada sin precedentes desde hace décadas, Johnson decidió cerrar completamente la Cámara Baja mientras el país enfrentaba un shutdown gubernamental, dejando en pausa no solo el financiamiento del gobierno, sino también el funcionamiento esencial del sistema de pesos y contrapesos.
Durante este periodo, Johnson se negó a negociar con los líderes demócratas del Senado, como el senador Chuck Schumer o el representante Hakeem Jeffries. Incluso disuadió al expresidente Donald Trump de asistir a negociaciones con dichos líderes. Según sus palabras: "No tengo nada que negociar. Hicimos nuestro trabajo. Tuvimos esa votación".
El cierre: ¿una estrategia política efectiva?
A pesar de las críticas por su pasividad institucional, Johnson logró sacar partido a esta táctica. Eventualmente, los demócratas en el Senado cedieron y aprobaron un paquete de fondos sin incluir las subvenciones de salud que originalmente exigían, marcando así una victoria legislativa para Johnson y Trump.
Este movimiento ha sido calificado por algunos analistas como una estrategia de fortalecimiento del poder desde el silencio, una forma de evitar la confrontación directa y ceder protagonismo al ejecutivo, es decir, a Trump. Johnson ha sido descrito como un líder que "administra hacia arriba" (vinculándose estrechamente con Trump) y "presiona hacia abajo", controlando rígidamente la agenda legislativa.
El poder en la era del silencio institucional
Matthew Green, profesor de ciencias políticas en The Catholic University of America, comentó: "Lo que está haciendo el presidente Johnson y los republicanos es extraordinario. Hay que retroceder décadas para encontrar un ejemplo donde una de las cámaras del Congreso haya decidido simplemente no reunirse". Y es que lo sucedido no solo desafía las normas establecidas, sino que pone en entredicho el modelo de gobierno que los padres fundadores de EE.UU. idearon: un sistema donde el Legislativo debía hacer contrapeso al Ejecutivo.
En cambio, lo que se ha presenciado es una transferencia de poder desde el Congreso hacia la Casa Blanca.
Redefinir el papel del Presidente de la Cámara
A lo largo de la historia de EE.UU., los presidentes de la Cámara han ocupado un papel fundamental en las negociaciones, elaboración de leyes y control sobre el gasto público. Desde Newt Gingrich hasta Nancy Pelosi, la figura del presidente ha sido vista como la punta de lanza en los debates legislativos. Sin embargo, Johnson parece haber reinventado (o reducido) ese papel a algo más cercano al de un operador político leal al Presidente que a un líder de un poder del Estado.
Su negativa a juramentar a la representante electa Adelita Grijalva alegando motivos institucionales es otro claro ejemplo del poder discrecional que ha empezado a ejercer sin rendición de cuentas clara. De hecho, la situación recuerda a la famosa decisión de Mitch McConnell de bloquear la nominación de Merrick Garland a la Corte Suprema durante el mandato de Barack Obama.
El respaldo de Trump, su principal sostenimiento
La influencia de Trump en la estrategia de Johnson es innegable. Durante el cierre, ambos mantuvieron comunicación directa y constante. Johnson incluso acompañó a Trump en actos públicos, como un partido de la NFL, mientras el Senado seguía debatiendo el reinicio del gobierno. El respaldo del expresidente le ha permitido a Johnson mantenerse al mando en una Cámara controlada por una mayoría republicana apenas frágil.
Marc Short, quien fue director de asuntos legislativos de la Casa Blanca durante el primer mandato de Trump, reconoció: "Es impresionante cómo ha mantenido unida a la conferencia republicana". Pero también advirtió que "el Congreso ha abdicado muchas de sus responsabilidades bajo su gestión".
Una agenda acumulada y más desafíos en camino
El regreso al Capitolio supone una auténtica avalancha de proyectos y debates atrasados. Desde la aprobación definitiva del paquete de financiamiento hasta propuestas tan esperadas como la publicación de los archivos del caso Jeffrey Epstein, el Congreso enfrenta una sobrecarga de temas acumulados. Además, Johnson tendrá que lidiar con las críticas de los demócratas que lo acusan de haber estado en una "vacación prolongada" mientras el país enfrentaba una crisis institucional.
Con una mayoría republicana tenue, deberá lograr aprobar el paquete de reapertura gubernamental sin el respaldo de los demócratas, quienes se oponen al mismo por no incluir ciertas protecciones sanitarias. El futuro inmediato de Johnson se decidirá a través de su capacidad de maniobra política para evitar deserciones internas entre los republicanos.
El precedente que deja Johnson
Más allá de las leyes, de los presupuestos o de los proyectos específicos, lo que realmente destaca de esta situación es el precedente institucional que deja. ¿Puede un presidente de la Cámara simplemente cerrar el Parlamento sin consecuencias, amparado por un cambio reglamentario hecho por su propio partido? Este tipo de maniobras podrían ser utilizadas de nuevo en el futuro, vaciando de contenido real el papel de representación del Poder Legislativo.
Como resumió David Rapallo, director del Federal Legislation Clinic en la Universidad de Georgetown: "La negativa de Johnson a juramentar a Grijalva es una muestra evidente del poder que posee y que está dispuesto a ejercer sin límites, semejante a la jugada de McConnell contra Obama".
En una democracia donde cada poder del Estado debería estar vigilante ante los excesos del otro, el cierre deliberado de la Cámara representa un silencio que grita: el Legislativo ha decidido no legislar.