COP30 en Belém: Protestas, tensiones y la voz de los pueblos indígenas en la lucha climática
Una mirada crítica al grito desesperado de quienes protegen la Amazonía, mientras el mundo debate sobre su futuro
¿Qué sucedió en Belém durante la COP30?
El pasado martes, en el marco de la COP30 celebrada en la ciudad amazónica de Belém, Brasil, un grupo de activistas protagonizó un intento de irrupción en el principal recinto del evento climático de la ONU. Aunque la situación fue rápidamente contenida por las fuerzas de seguridad, el suceso dejó al menos dos guardias con heridas menores y reactivó un debate: ¿qué tan inclusivas son estas conferencias para las comunidades que más sufren los estragos del cambio climático?
El incidente no fue uno más dentro de las habituales manifestaciones pacíficas. Activistas, especialmente de comunidades indígenas, buscaron ingresar al recinto principal de la COP gritando consignas como “No pueden decidir por nosotros sin nosotros”. La frase resume en pocas palabras la frustración acumulada por años de exclusión sistemática de pueblos originarios en decisiones que afectan directamente sus territorios ancestrales y forma de vida.
Contexto: ¿Qué es la COP y por qué ahora es más polémica que nunca?
La COP, o Conferencia de las Partes, es el encuentro anual promovido por la ONU donde líderes de todo el mundo discuten acciones para enfrentar la crisis climática. Esta es la COP número 30, y ha sido especialmente emblemática por celebrarse en la puerta de entrada de la Amazonía brasilera, un área clave tanto para la biodiversidad mundial como para la estabilidad climática global.
Irónicamente, mientras se discuten objetivos de emisión cero y protección del ecosistema, las comunidades amazónicas alertan sobre la hipocresía de seguir con megaproyectos e inversiones que no atienden las necesidades básicas de salud, educación o preservación forestal.
El papel de los pueblos indígenas en la crisis climática
Las comunidades indígenas han sido históricamente guardianas del medio ambiente. Según estudios del World Resources Institute, el 80% de la biodiversidad del planeta está contenida en territorios indígenas. Sin embargo, estos mismos pueblos siguen siendo invisibilizados y sus demandas minimizadas en espacios de decisión global.
Agustin Ocaña, coordinador de movilización de la Global Youth Coalition, fue testigo del incidente en Belém. Según relata, lo que empezó como una manifestación pacífica con bailes y cantos terminó escalando cuando los guardias cerraron violentamente las puertas. “No lo hacían por ser violentos, lo hacían porque están desesperados. Intentan proteger su tierra, su río”, comentó Ocaña.
La construcción de una "nueva ciudad": símbolo de contradicción
Uno de los aspectos más criticados por las comunidades ha sido el desvío de fondos para construir lo que consideran una ciudad efímera para alojar a líderes y negociadores, mientras no se destinan recursos a resolver necesidades básicas de la región amazónica.
“Es contradictorio”, dijo una líder indígena no identificada durante una rueda de prensa improvisada afuera del recinto, “gastan millones para hablar de salvar la Amazonía mientras nos niegan acceso a salud y nos desalojan de nuestras tierras”.
¿Qué dice la ONU sobre los hechos?
La respuesta oficial de la ONU fue rápida, pero parcial. En un comunicado se limitaban a mencionar que un grupo de personas había “brechado los protocolos de seguridad”, causando daños menores y se aseguraba que las negociaciones climáticas continuarían con normalidad.
No se ha mencionado ningún mecanismo de diálogo con los protestantes ni se ha reconocido que sus demandas, lejos de ser marginales, tocaban el corazón del debate climático.
Las cifras detrás de la urgencia climática
- La Amazonía ha perdido más de 17% de su cobertura forestal original, y la deforestación aumenta un 10% cada año (WWF, 2023).
- El 70% de la extracción ilegal de oro en la región amazónica sucede en territorios indígenas no reconocidos con títulos legales.
- Brasil ha prometido reducir en un 50% sus emisiones para 2030, pero solo ha cumplido el 22% de su meta, según el Climate Action Tracker.
Antecedentes de confrontaciones en cumbres climáticas
No es la primera vez que la voz de los movimientos sociales se intenta abrir paso por medios no convencionales. En la COP25 en Madrid, Greta Thunberg y decenas de jóvenes fueron excluidos del recinto, lo que dio pie a protestas globales. En la COP26 de Glasgow, más de 100.000 personas se movilizaron en las calles exigiendo justicia climática real.
En todas estas instancias, la constante ha sido la distancia entre las negociaciones diplomáticas y la realidad en los territorios. Los pueblos indígenas no solo exigen participación, exigen un cambio estructural en la manera en que se gestiona el clima del planeta.
El mensaje de la protesta: basta de discursos vacíos
Detrás de los cánticos, los bailes tradicionales y la irrupción momentánea del orden diplomático, el mensaje es claro: no se puede salvar el planeta sin quienes lo cuidan desde hace siglos.
“Esto es solo una pequeña muestra de lo que puede pasar si seguimos teniendo estas conversaciones interminables sobre cómo proteger el planeta mientras seguimos destruyéndolo”, reflexionó Agustin Ocaña tras los hechos.
Las protestas en Belém durante la COP30 son un recordatorio duro pero necesario de que el tiempo de las promesas se acabó. La crisis climática es también una crisis de representación, donde las voces que deberían estar al frente de la mesa de decisiones siguen luchando para siquiera entrar por la puerta.
Y cuando se les impide entrar, buscarán otras formas de ser escuchados.
