El robo en el Museo Nacional de Damasco: un crimen contra la historia de la humanidad

Seis estatuas de mármol de la era romana desaparecen tras un audaz saqueo en el corazón cultural de Siria

Un nuevo golpe al patrimonio de Siria

El Museo Nacional de Damasco, guardián de milenios de historia, ha sido nuevamente víctima de la violencia y la inestabilidad que azotan a Siria. El pasado lunes, autoridades descubrieron que al menos seis estatuas de mármol de época romana fueron robadas durante la noche, en un golpe considerado como uno de los más significativos desde la reapertura del museo tras la guerra civil.

Este acto de saqueo pone en evidencia los desafíos que enfrenta un país desgarrado tras catorce años de conflicto armado y el reciente colapso del régimen de Bashar Al Assad. Más allá de la pérdida material, se trata de un crimen cultural que resuena en todo el mundo.

Un museo que renace entre ruinas

El Museo Nacional de Damasco, fundado en 1919 y cuya sede actual fue inaugurada en 1936, cerró sus puertas hace más de una década debido al estallido de la guerra civil. Consciente del peligro, el anterior director de Antigüedades y Museos, Maamoun Abdulkarim, lideró una campaña masiva para salvaguardar más de 300,000 piezas arqueológicas en ubicaciones secretas.

Cuando el museo reabrió sus puertas el 8 de enero pasado, luego del derrocamiento de Assad tras una ofensiva relámpago de los rebeldes, muchos esperaban un nuevo capítulo para el patrimonio sirio. La reapertura fue simbólica: era la esperanza de que la memoria cultural ayudara a sanar las heridas profundas del país.

Un robo en medio del resurgimiento

Sin embargo, la reciente sustracción de las estatuas es una bofetada directa a dichas esperanzas. Aunque las autoridades aún no han emitido una declaración oficial, fuentes de la Dirección General de Antigüedades y Museos revelaron que el robo se llevó a cabo el domingo por la noche, y fue descubierto a la mañana siguiente, cuando un miembro del personal notó una puerta forzada y esculturas desaparecidas.

Entre los objetos robados se encontraban varias estatuas romanas que datan de los siglos I y II d.C., algunas representaciones femeninas drapeadas y figuras mitológicas elaboradas en mármol blanco del tipo típico de escuelas escultóricas helenísticas.

Palmyra, Dura Europos y el costo de la guerra cultural

Este incidente no es aislado. Desde que comenzó la guerra en Siria en 2011, la destrucción y el saqueo han cobrado un alto precio en sitios de importancia histórica global. Lugares como Palmyra, ciudad declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO, fueron tomados y devastados por el grupo Estado Islámico entre 2015 y 2017.

Durante ese tiempo, mausoleos, templos milenarios y torres funerarias fueron volados con explosivos, y decenas de estatuas y relieves fueron vendidos en el mercado negro de antigüedades, que mueve más de $6 mil millones anuales, según INTERPOL.

Organizaciones internacionales como la UNESCO y la Blue Shield International han presionado repetidamente por una colaboración internacional más efectiva para la protección del patrimonio cultural sirio, incluida la imposición de restricciones comerciales a piezas sin documentación de origen.

¿Quién está detrás de este nuevo saqueo?

Las hipótesis apuntan a bandas organizadas vinculadas tanto al mercado ilícito de arte como a milicias armadas que siguen operando en el caos posterior a la guerra. "Este tipo de robo requiere conocimiento experto: saber qué piezas tienen valor, evitar cámaras de seguridad, romper estructuras reforzadas sin causar derrumbes", indicó un experto en seguridad museística de Beirut.

Estas afirmaciones se sostienen en informes como el del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, que ha documentado cómo en años recientes milicias han saqueado tumbas romanas en Homs y Alepo utilizando drones y herramientas de precisión facilitadas desde el extranjero.

Los museos como blancos simbólicos en los conflictos

En tiempos de guerra, la cultura es muchas veces una víctima estratégica. De acuerdo con Irina Bokova, exdirectora de la UNESCO, "atacar el patrimonio cultural es una forma de atacar la identidad de un pueblo". En Siria, esta táctica ha sido empleada por múltiples fuerzas, desde grupos islamistas hasta elementos del propio régimen en su retirada.

El saqueo reciente del Museo de Damasco reitera este patrón: se ataca el corazón simbólico del país cuando más necesita anclarse a su pasado para reconstruirse.

El futuro de la herencia siria: ¿es aún salvable?

Siria posee uno de los patrimonios arqueológicos más ricos del mundo, con más de 10,000 sitios catalogados que abarcan desde la civilización sumeria hasta el período islámico. El problema radica en que, sin estabilidad política, es difícil garantizar la seguridad de estos tesoros.

"No basta con reabrir museos, hace falta un compromiso estatal e internacional sostenido para educar, proteger e invertir", declaró Leila Harras, arqueóloga y antropóloga cultural en la Universidad de Lyon.

Una posible solución sería **la creación de una fuerza de paz cultural**, una propuesta que la UNESCO ha deslizado, en colaboración con el Consejo de Seguridad de la ONU. Su objetivo sería custodiar museos, bibliotecas y zonas arqueológicas en regiones posconflicto.

¿Qué puede hacer la comunidad internacional?

Expertos coinciden en que el principal objetivo debe ser cortar el flujo de bienes robados hacia el mercado internacional. Algunas medidas propuestas incluyen:

  • Refuerzo de los protocolos aduaneros en puertos y puntos estratégicos.
  • Sanciones a casas de subasta y galerías que comercien con artefactos sin prueba de origen.
  • Programas de rastreo digital de antigüedades a través de blockchain.
  • Campañas educativas para coleccionistas en Europa, Asia y América del Norte.

"Este no es solamente el problema de Siria, es de todos. Cada estatua que se pierde en Damasco es una pieza menos del rompecabezas de la civilización humana", concluye Harras.

El museo sigue cerrado, pero la historia no se puede silenciar

El martes, un periodista que intentó acceder al museo fue rechazado por la seguridad, que se limitó a decir que el recinto permanecerá cerrado "hasta nuevo aviso". La falta de transparencia oficial solo alimenta la angustia colectiva.

Aun así, figuras como Maamoun Abdulkarim se niegan a caer en la desesperación: "Siria ha visto estos desafíos antes. La historia sabe esperar. Lo importante es que no olvidemos que este museo no es solo de los sirios, sino del mundo entero".

Y en eso tiene razón. Las estatuas de mármol robadas pueden haber desaparecido, pero su historia, su legado, y el mensaje que portaban siguen vivos. Narran un tiempo en que Siria no era sinónimo de guerra, sino cuna de civilizaciones.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press