La crisis de los beneficios SNAP: el costo oculto de un gobierno paralizado
Cómo la suspensión de la asistencia alimentaria federal golpea a pequeños comerciantes, familias vulnerables y economías locales
Un impacto que comienza en la caja registradora
Ryan Sprankle, propietario de una cadena de supermercados familiares en Pensilvania, no olvida la vez que recibió al entonces presidente Donald Trump en una de sus tiendas cerca de Pittsburgh. Pero ni siquiera ese momento político puede opacar la preocupación actual que vive: la suspensión de los beneficios del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP) durante un cierre del gobierno está asfixiando no solo a sus clientes más necesitados, sino también a su propio negocio.
“No se puede quitar el pan de la boca a los más necesitados del país. Es inhumano”, lamenta Sprankle. Esta carencia de empatía, según él, refleja una desconexión crítica entre quienes legislan y quienes viven las realidades diarias de la inflación, la inseguridad alimentaria y el enfriamiento económico.
¿Qué es el programa SNAP?
SNAP es la principal red de seguridad alimentaria de Estados Unidos. Según datos del Departamento de Agricultura (USDA), en 2024 los beneficiarios de SNAP redimieron más de 96 mil millones de dólares en beneficios. De ese total, aproximadamente el 74% se gastó en supermercados y grandes almacenes, incluidos tanto mega cadenas como Walmart y Kroger, así como tiendas independientes como Sprankle's Neighborhood Market.
El restante 14% se utilizó en tiendas pequeñas y de conveniencia, muchas de las cuales operan en vecindarios de bajos ingresos y son la única opción viable para quienes no tienen acceso a transporte o viven en zonas consideradas desiertos alimentarios.
¿Qué sucede cuando se congela SNAP?
La suspensión de los beneficios SNAP en octubre de 2025 no sólo dejó a 42 millones de personas al borde del hambre, sino que also paralizó a miles de tiendas y economías locales. El efecto fue inmediato. Maxfield Kaniger, director de la organización sin fines de lucro Kanbe’s Markets en Kansas City, reportó caídas de hasta un 10% en ventas en 110 tiendas de conveniencia pocos días después del primer día sin beneficios: el 1 de noviembre.
Como respuesta, las despensas comunitarias y comedores sociales a los que Kanbe’s abastece comenzaron a pedir el doble o incluso el triple de alimentos. “La gente se queda sin comida. Punto. Fin de la oración”, enfatiza Kaniger, frustrado por tener que redistribuir recursos con urgencia para evitar que los alimentos frescos se echen a perder.
Economía local en estado crítico
Etharin Cousin, exdirectora del Programa Mundial de Alimentos de la ONU y fundadora de Food Systems for the Future, explica que SNAP no es solo un sistema de ayuda social, sino un verdadero motor económico local. “Cada dólar de SNAP entra directamente a los vecindarios, comercios, distribuidores regionales y empleos dentro de la comunidad”, señala.
De hecho, estudios muestran que cada dólar invertido en SNAP genera hasta $1.50 en actividad económica. Es dinero que circula y sostiene a empleados, agricultores y proveedores. Para pequeños mercados, esto puede significar la diferencia entre seguir operando o cerrar sus puertas.
El caso de Forty Acres Fresh Market
Liz Abunaw, fundadora del Forty Acres Fresh Market en Chicago, se encontró con una escena desgarradora recientemente. Una clienta, al darse cuenta de que sus beneficios SNAP no habían sido depositados, tuvo que abandonar un carrito lleno de productos frescos.
“SNAP es como una moneda”, explica Abunaw. “Es una transacción económica real. Yo recibo dinero que luego pago a empleados, agricultores y distribuidores. No es una caja de comida, es una cadena de valor.”
Aunque actualmente solo el 12% de sus ingresos provienen de SNAP, Abunaw teme que una caída mayor en el gasto de sus clientes frene el crecimiento del mercado e imposibilite seguir apoyando a proveedores locales.
Un ajuste de cuentas moral y económico
Para Sprankle y otros dueños de tiendas, la situación ya va más allá del balance económico. “Si tengo que vender mi camioneta para asegurar que demos bonos navideños, lo haré”, dice antes de relatar cómo ha tenido que recortar horas extra a sus 140 empleados. Muchos de ellos ya temen por sus trabajos.
Babir Sultan, dueño de cuatro tiendas FavTrip también en Kansas City, observó una reducción del 8% al 10% en el tráfico de clientes tras la interrupción de SNAP. En respuesta, decidió ofrecer 10 dólares en fruta gratis a beneficiarios SNAP como alivio temporal. “Si estás en apuros, solo pide ayuda. Te ayudamos. Todo el mundo está afectado cuando el cliente lo está”, afirma.
Las cifras detrás de la crisis
- Más de 42 millones de personas usan SNAP en EE.UU.
- El 74% del gasto SNAP ocurre en supermercados y grandes cadenas.
- Pequeños mercados dependen de SNAP en un 20% a 30% de sus ingresos.
- Cada dólar de SNAP genera hasta $1.50 en actividad económica.
Dimensión política: ¿Dónde está la empatía?
La parálisis del gobierno estadounidense, al congelar fondos para programas vitales como SNAP, ha mostrado su rostro más crudo. No solo se trata de falta de alimentos, sino de una ruptura estructural entre las políticas públicas y las necesidades reales de la población.
Aunque el Senado aprobó un proyecto para reabrir el gobierno y restaurar los fondos de SNAP, la Cámara de Representantes aún no lo ha votado, y el tiempo corre. Mientras tanto, millones de familias enfrentan decisiones imposibles: ¿comer hoy o pagar la luz mañana?
La situación ha desnudado el carácter político con que se tratan derechos básicos como la alimentación. “Esto no debería ser parte de un juego partidario,” afirma Cousin. “El hambre no es demócrata ni republicana. Es humana.”
Más allá de cifras: historias que importan
Detrás de cada porcentaje perdido en ventas hay personas reales: una madre que necesita verduras para su hijo, un abuelo que busca proteínas asequibles, un joven emprendedor que intenta levantar un mercado independiente en un vecindario olvidado.
SNAP ofrece más que alimento. Ofrece dignidad, equidad y oportunidad. Por eso, cuando los beneficios SNAP fallan, no solo se apagan estufas: se apagan esperanzas.
“Las decisiones que se toman en Washington tienen consecuencias muy reales aquí, en mi caja registradora, en la mesa de nuestras familias”, resume Sprankle. “No estamos pidiendo lujo, solo justicia.”
Un llamado urgente al liderazgo
El tiempo de actuar es ahora. Mientras el Congreso retrasa decisiones, la vida continúa para millones que no pueden esperar. Las consecuencias de su inacción no se ven solo en estadísticas, sino en la ansiedad de cada trabajador, en la tristeza de un niño que se va a dormir sin cena, en el cierre silencioso de una tienda vecinal que ya no aguanta más.
No se trata de política. Se trata de humanidad.
