Sally Kirkland: La actriz que desafió Hollywood, el arte y los límites de la actuación

Desde Shakespeare hasta nominaciones al Oscar, la historia de una artista inquebrantable que dejó huella en cine, teatro, televisión y en las causas sociales

Una actriz de carácter: el legado de Sally Kirkland

El mundo del espectáculo perdió a una figura apasionada y valiente con la muerte de Sally Kirkland, quien falleció a los 84 años en un hospicio en Palm Springs. Su vida artística fue tan intensa y variada como la misma industria que atravesó desde los años 60 hasta entrado el siglo XXI. Kirkland no es solo recordada por su icónica actuación en "Anna", que le valió una nominación al Óscar y un Globo de Oro, sino también por ser una presencia constante y valiente en papeles arriesgados, apariciones polémicas, piezas teatrales intensas y una vida personal marcada por la espiritualidad y el activismo.

Del modelaje al teatro neoyorquino: el origen de una intérprete inquieta

Nacida en la ciudad de Nueva York en 1939, Sally Kirkland creció bajo la mirada estilizada del Vogue y la revista Life, gracias a su madre —una editora de modas que la introdujo al mundo del modelaje desde los cinco años—. Sin embargo, el glamour pronto cedió paso a una búsqueda más profunda por el arte escénico. Estudió en la American Academy of Dramatic Arts y fue discípula de leyendas como Lee Strasberg (pionero del Método) y Philip Burton, mentor de Richard Burton.

Su primera gran presencia artística fue en el mundo experimental de Andy Warhol en 1964, con la película "13 Most Beautiful Women". Poco tiempo después, asumió un papel provocador y simbólicamente crucial en "Sweet Eros", una obra off-Broadway de Terrence McNally donde aparecía completamente desnuda como una víctima de secuestro y violación. Un papel que causó controversia, pero también mostró su valentía interpretativa.

Shakespeare y su influencia en su trabajo actoral

Kirkland reivindicaba que todo actor debía haber hecho Shakespeare en algún momento. Para ella, era una forma de dominar el lenguaje, la respiración y la intensidad emocional. Interpretó a Helena en "Sueño de una noche de verano" y a Miranda en "La tempestad", esta última en una versión off-Broadway. En una entrevista a fines de los años 80, declaró: “No creo que un actor pueda llamarse actor sin haber pasado por Shakespeare. Te da el poder escénico necesario para cualquier obra. Se ve, siempre se ve en el trabajo luego.”

Hollywood y personajes inolvidables

Aunque su reconocimiento masivo llegó con "Anna" (1987), Kirkland ya había trabajado junto a pesos pesados como Paul Newman y Robert Redford en "The Sting" (El golpe). Sus créditos también incluyen películas como:

  • "The Way We Were" (1973), junto a Barbra Streisand.
  • "Revenge" (1990), dirigida por Tony Scott con Kevin Costner.
  • "JFK" (1991), de Oliver Stone.
  • "Bruce Almighty" (2003), con Jim Carrey.

Y hasta participó en clásicos de culto como "Blazing Saddles" (1974) de Mel Brooks, con un cameo que representa el tono audaz de toda su carrera. También apareció en más de una docena de películas independientes y de bajo presupuesto en los años 80 y 90, muchas de ellas con toques espirituales, satíricos o psicológicos extremos.

Anna: el papel de su vida

La proeza actoral que marcó un antes y después en su carrera fue su papel en "Anna", donde interpretó a una estrella de cine checa en decadencia en EE.UU. que forma un lazo peculiar pero profundo con una actriz joven (interpretada por Paulina Porizkova). El filme, de corte independiente, se convirtió en una obra de culto y le ganó una nominación al Oscar enfrentándose a titanes como Meryl Streep, Glenn Close, Holly Hunter y Cher. Ganó el Globo de Oro como Mejor Actriz Dramática, uno de los pocos que logró vencer a Streep en esa década.

“Kirkland es una de esas intérpretes cuyo talento ha sido un secreto a voces entre sus colegas, pero un misterio para el público general. No quedará duda tras este cometa ardiente de actuación.” — Crítica de Los Angeles Times

La televisión: de Charlie’s Angels a Criminal Minds

En televisión, fue una presencia recurrente tanto en dramas como en comedias. Tuvo roles en "Charlie’s Angels", "Roseanne", "Criminal Minds" y "Head Case". Fue parte del elenco regular en la versión televisiva de "Valley of the Dolls". Aunque muchas veces relegada a papeles secundarios, siempre imprimía una energía atrapante y magnética.

Una vida dedicada también a las causas sociales

Fuera de la pantalla, Sally Kirkland fue una fuerte activista y voluntaria. Participó en teletones para hospicios, trabajó con el American Red Cross sirviendo comida a personas sin hogar, y fue instructora en Insight Transformational Seminars. También formó parte de la Church of the Movement of Spiritual Inner Awareness, una organización espiritual que promueve la trascendencia del alma.

Mucho antes de que fuera común que figuras públicas hablaran de enfermedades o activismo, Kirkland se dedicó a los enfermos de cáncer, SIDA y enfermedades cardíacas. En los años 80 y 90, fue pionera en la visibilidad de esas causas en Hollywood.

Desnudez como declaración política y artística

Sally rompió moldes en décadas donde el puritanismo todavía imperaba en el entretenimiento. Apareció desnuda en múltiples películas y obras, tanto como expresión artística como por apoyo a causas que marcaban su compromiso. La revista Time llegó a apodarla la “Isadora Duncan moderna del nudotespianismo.”

Quizás su momento más controvertido (y menos comprendido) fue su participación en la película "Futz" (1969), donde montó desnuda un cerdo. The Guardian dijo que era "posiblemente la peor película jamás hecha". Pero Kirkland nunca se disculpó, tomando esa crítica como medalla de honor. Para ella, el arte también implicaba asumir riesgos.

Aprendizajes y filosofía de vida

“He tenido que rehacerme miles de veces”, decía Kirkland en una entrevista de 2005. “Pero siempre desde un lugar profundo, espiritual y comprometido con la autenticidad.”

Estuvo al borde de la fama mundial varias veces, pero su lema fue siempre ser fiel a su arte más que al sistema. Quizá por eso no tuvo una carrera convencional, pero su influencia está presente en generaciones posteriores de actrices más atrevidas y combativas.

Una voz que no se apagará

El fallecimiento de Sally Kirkland es más que el cierre de una carrera: es el fin de un capítulo importante del teatro y cine alternativo en EE.UU. Para muchos dentro de la industria, sigue siendo una inspiración por sus elecciones arriesgadas, su fuerza escénica, su feminismo implícito y su ética de entrega total al rol.

Como diría Shakespeare en "Macbeth", “la vida no es más que una sombra que camina, un pobre actor que se pavonea y se agita una hora sobre el escenario y después no se lo oye más.” Pero hay excepciones. Sally Kirkland fue de las que dejaron un eco imborrable.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press