Tifón Fung-wong azota el este de Asia: ¿Por qué el sudeste asiático sigue siendo tan vulnerable a los desastres naturales?

Evacuaciones masivas en Taiwán, decenas de muertos en Filipinas y un reflejo de la fragilidad estructural de la región frente a tormentas cada vez más intensas

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Una tormenta que no da tregua: del caos en Filipinas a las evacuaciones en Taiwán

El tifón Fung-wong, que alcanzó la categoría de super tifón durante su paso por Filipinas, continúa generando estragos a medida que se desplaza por el mar del Sur de China rumbo a Taiwán. A pesar de haber perdido algo de fuerza hasta reducirse a tormenta tropical, los efectos siguen siendo devastadores para las poblaciones costeras.

En Filipinas, el saldo preliminar es dramático: al menos 27 muertos, más de 623,000 personas desplazadas y zonas enteras anegadas por deslaves e inundaciones, especialmente en la región montañosa de la Cordillera. Incluso el miércoles, tres días después de que el ciclón tocara tierra, decenas de miles de filipinos permanecían aún en centros de evacuación, con múltiples comunidades incomunicadas y sin suministro eléctrico.

En Taiwán, al sur de la isla, las autoridades evacuaron a más de 8,300 personas, cerraron escuelas y oficinas, y suspendieron servicios en los condados de Kaohsiung, Tainan, Chiayi, Pingtung y Hualien, uno de los más afectados previamente por un tifón en septiembre que dejó 18 muertos.

El cambio climático y la intensidad creciente de los fenómenos climáticos extremos

Las tormentas como Fung-wong se están volviendo cada vez más comunes e intensas, un fenómeno que varios científicos atribuyen al cambio climático. El aumento de las temperaturas oceánicas en el Océano Pacífico occidental ha sido directamente correlacionado con tifones más potentes, que ahora generan vientos más destructivos, lluvias más intensas y una velocidad de desplazamiento más errática.

Según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), las regiones tropicales del sudeste asiático son especialmente vulnerables debido a una combinación de factores:

  • Alta densidad de población en zonas costeras.
  • Infraestructura deficiente para resistir impactos climáticos.
  • Sistemas de drenaje precarios y urbanización acelerada.
  • Alta dependencia de recursos naturales que se ven interrumpidos durante eventos extremos.

Estos factores no solo aumentan las víctimas humanas, sino que también agravan los impactos sociales y económicos a largo plazo. Fung-wong es solo el ejemplo más reciente de esta tendencia que ya había sido evidenciada con desastres previos como el tifón Haiyan en 2013, donde murieron más de 6,000 personas en Filipinas.

Lecciones no aprendidas: el eterno ciclo de desastre y reconstrucción

Uno de los mayores desafíos en la región es que, a pesar del carácter recurrente de estos desastres, las políticas públicas muchas veces no reaccionan con suficiente anticipación. La inversión en sistemas de alerta temprana ha mejorado en algunos casos, como Taiwán o Japón, pero otras naciones siguen expuestas por falta de planificación urbana y presupuesto resiliente.

El caso de Hualien, en Taiwán, sirve como ejemplo. Allí, un simple arroyo desbordado por las lluvias intensas logró inundar completamente una aldea. Se reportó que incluso un vehículo fue arrastrado por la corriente, en imágenes ampliamente difundidas por medios locales. Este tipo de eventos no deberían suceder si existiera una infraestructura adecuada de contención y planificación ante lluvias torrenciales.

Además, en Filipinas, los deslaves en la Cordillera evidencian nuevamente la fragilidad de las regiones montañosas, donde a menudo no existen mapas de susceptibilidad ni prohibiciones claras de construcción en zonas de riesgo.

Un enemigo silencioso: los efectos psicológicos y sociales de los tifones

Más allá de la destrucción física, las tormentas tropicales como Fung-wong tienen consecuencias psicológicas profundas entre la población desplazada. Numerosos estudios en Asia Pacífico documentan cómo el estrés postraumático y la ansiedad colectiva aumentan tras cada desastre natural. Niños con interrupciones recurrentes de la educación, familias que pierden sus hogares más de una vez al año y comunidades que viven eternamente en albergues temporales.

En este sentido, se subraya la necesidad de políticas públicas que no solo reconstruyan puentes y caminos, sino también que ofrezcan atención psicológica organizada, reubicaciones más seguras y asistencia social sostenida.

¿Preparados para el próximo tifón?

Fung-wong no será el último ciclón del año en el Pacífico occidental. De hecho, según estadísticas del Centro Conjunto de Advertencia de Tifones, entre junio y noviembre se forman en promedio entre 15 y 20 sistemas tropicales relevantes, y al menos 5 impactan directamente en tierra. Las temporadas de tifones se están extendiendo, y las tormentas aparecen antes y son más difíciles de prever.

Algunas de las principales recomendaciones que hacen los expertos incluyen:

  • Elaborar mapas de riesgo actualizados.
  • Implementar infraestructura resiliente al clima (techos resistentes, sistemas de drenaje, muros de contención).
  • Inversión en sistemas de alerta comunitaria y educación en prevención de desastres.
  • Planes de evacuación organizados con simulacros periódicos.

La cooperación internacional y el enfoque regional

La tormenta, que afectó tanto a Filipinas como a Taiwán, ha motivado algunos movimientos diplomáticos regionales para coordinar respuestas ante emergencias. Si bien cada país actúa autónomamente, existe un creciente consenso sobre la necesidad de una agenda climática común en el sudeste asiático.

Organizaciones como ASEAN han comenzado a intensificar su trabajo en la materia, y existen propuestas para establecer centros regionales de monitoreo de tifones y sistemas de respuesta humanitaria compartida. La colaboración entre países no solo mejora los tiempos de respuesta, también permite compartir recursos técnicos y logísticos en momentos críticos.

¿Un futuro más tormentoso?

Según los registros históricos, la frecuencia e intensidad de los tifones se ha duplicado desde la década de 1980. Las zonas de impacto también parecen haberse desplazado, afectando más al sur de China, Taiwán y Filipinas, lo que obliga a esas naciones a replantear sus mapas de riesgos.

En última instancia, el tifón Fung-wong no es solo otro desastre natural; es un recordatorio urgente de cuánto tiene la región por hacer para adaptarse a un clima más extremo, donde las tormentas ya no son la excepción, sino la norma.

Si las naciones del sudeste asiático no ajustan sus políticas y prioridades a esta nueva realidad, lo que nos espera es un ciclo interminable de destrucción, desplazamiento y reconstrucción. El tiempo cada vez juega más en contra.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press