“Train Dreams”: La elegía fílmica que revive un Estados Unidos en extinción

La adaptación cinematográfica de la aclamada novela de Denis Johnson se convierte en un viaje poético por la fragilidad de lo invisible: la vida de los olvidados y la desaparición del paisaje norteamericano

Una historia mínima con alma gigante

En un Hollywood dominado por superhéroes, franquicias multimillonarias y explosiones digitales, “Train Dreams” irrumpe como un susurro cargado de melancolía. La película, dirigida por Clint Bentley y protagonizada por Joel Edgerton, es la adaptación de la ya clásica novela corta de Denis Johnson, una obra considerada por muchos como una joya literaria del siglo XXI.

Publicada originalmente en 2002 por The Paris Review y luego editada como libro en 2011, Train Dreams fue finalista del Premio Pulitzer en 2012. El New York Times la incluyó el año pasado en su lista de los mejores libros del siglo XXI. Pero lo que la hace destacar no son ni los premios ni los elogios, sino su capacidad para encapsular la poesía de una vida insignificante durante una época de profundos cambios en Estados Unidos.

La dificultad de filmar lo que ya no existe

Rodar una historia tan estilísticamente sutil y con una carga meditativa tan densa no fue fácil. La película está ambientada en los bosques del Noroeste del Pacífico a principios del siglo XX, una geografía que ya no es sencilla de encontrar debido a la deforestación. Tal como explica el director Clint Bentley:

“Cuando buscábamos locaciones, probamos nuestro punto: es difícil encontrar esos árboles antiguos. Hay zonas protegidas, pero son pocas y están lejos. Conducimos tres horas al norte de Spokane, hasta llegar a un pequeño bosque de árboles ancestrales cerca de la frontera canadiense. Era un pequeño relicto que el progreso no alcanzó.”

La dificultad para hallar estos escenarios no es casual; es simbólica. Train Dreams es un lamento por lo perdido, una elegía audiovisual que busca revivir un pasado que apenas dejó huella. Como bien dice Bentley: “Miramos alrededor y vemos, ‘Ahí había un bosque... y ahora hay un Costco’”.

Robert Grainier: la anti-épica de un hombre desconocido

El protagonista de la historia, Robert Grainier, es un trabajador del ferrocarril y maderero que encarna a miles de hombres anónimos que ayudaron a construir los cimientos del Estados Unidos moderno. Su vida no tiene nada de épico, y justamente por eso resulta profundamente conmovedora. Joel Edgerton, el actor que lo interpreta, lo resumió así:

“Lo que me atrapó fue la idea de darle significado a una vida que, para otros, sería irrelevante. El cine suele mostrarnos héroes, ideales de lo que quisiéramos ser. Pero la mayoría de nosotros somos más parecidos a Robert: no controlamos el mundo, lo absorbemos.”

Grainier no es un protagonista convencional. Habla poco, sueña en silencio y sobrevive más que vive. El film sigue su vida como una secuencia de fragmentos deshilvanados: trabajo, pérdida, amor, duelo. La película logra retratar lo que muchos llaman “una epopeya americana en miniatura”.

Un cine que huele a tierra

Clint Bentley y su socio creativo, Greg Kwedar, habían trabajado juntos en films como "Jockey" (2021) y "Sing Sing" (2024), este último nominado al Oscar por su guion, un drama carcelario lleno de humanidad. En palabras de Kwedar:

“Queremos construir nuestras historias desde la tierra, desde lo real. No desde un mundo de artificio, sino desde los rincones olvidados del alma americana.”

Adaptar el minimalismo literario de Denis Johnson fue una hazaña. La novela no tiene una estructura narrativa convencional ni clímax dramáticos. Es más bien una sucesión de momentos. Según los creadores, lo más difícil fue ser fieles al espíritu de algo tan etéreo sin volverse pretenciosos ni vacíos.

Comparaciones con Terrence Malick

La estética del film ha sido comparada con las obras de Terrence Malick (Days of Heaven, The Tree of Life), por su lirismo visual, tomas amplias de la naturaleza y narración en off. Bentley no oculta su admiración por ese estilo, pero asegura que Train Dreams tiene su propio tono, más sobrio y con menos artificio.

El elenco secundario le suma capas de profundidad: Felicity Jones interpreta a Gladys, la esposa de Grainier; William H. Macy aporta carisma como un experto en explosivos; y Kerry Condon encarna a una de las relaciones clave en la segunda parte del film.

Uno de los comentarios del equipo técnico resume muy bien su visión:

“Alguien nos dijo: ‘Durante toda la película estamos construyendo una fogata... y al final, la encendemos’. Esperamos que la caja de fósforos no esté mojada.”

Una estética de lo simple para un mensaje profundo

En tiempos de inmediatez y ruido, Train Dreams ofrece al espectador un espacio de introspección. Es una película que fuerza a detenerse, contemplar y reflexionar sobre temas universales: el avance imparable del progreso, la soledad, el duelo, la fragilidad de la memoria y la capacidad del alma humana para resistir sin heroicidad.

Las imágenes del film muestran constantemente a Grainier como una figura diminuta entre árboles gigantescos. Es como si la naturaleza misma se convirtiera en un personaje, un elemento omnipresente que observa el paso del tiempo sin inmutarse. Tal como lo describe Greg Kwedar:

“Estar en presencia de estos árboles despierta algo profundo en tu alma. Aunque trates de ignorarlo, hay una atracción latente hacia una pregunta más grande: ¿Cuál es el costo real del progreso?”

Ese cuestionamiento latente es lo que hace a Train Dreams tan oportuna. En una época donde las crisis climáticas, el aislamiento emocional y la pérdida del arraigo ocupan titulares, el film actúa como un espejo borroso que nos obliga a preguntarnos en qué momento dejamos de ver al paisaje como parte de nosotros.

Una meditación necesaria

Joel Edgerton entrega una de las interpretaciones más silenciosas y conmovedoras de su carrera. Con apenas una docena de diálogos a lo largo del film, construye un personaje inolvidable que comunica más con los ojos que con palabras. Él mismo confesó durante el estreno en el Festival de Cine de Toronto:

“Si yo sentía estas cosas al interpretar el papel, hay alguien allá afuera que también las sentirá. Es un espejo donde cada quien puede ver su amor, su tristeza, su pérdida.”

El estreno de Train Dreams coincide con un creciente apetito del cine independiente por historias humanas, pequeñas, donde la forma y el fondo dialogan con respeto y sutileza. En un mar de ruido y secretos apenas murmurados, Bentley y Kwedar nos invitan a escuchar el eco persistente de lo que se ha ido... pero no del todo.

“Train Dreams” está disponible en cines y llegará a Netflix el 21 de noviembre.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press