Armero, 40 años después: las familias que siguen buscando a sus hijos perdidos por la tragedia
La devastación causada por el volcán Nevado del Ruiz en 1985 dejó más de 25,000 muertos en Colombia. Cuatro décadas después, cientos de familias aún buscan a los niños que desaparecieron esa noche.
Una noche trágica que cambió una nación
El 13 de noviembre de 1985, el volcán Nevado del Ruiz entró en erupción en Colombia, causando una avalancha que arrasó con el municipio de Armero y cobró la vida de más de 25,000 personas. Esta tragedia natural se convirtió en el desastre más letal en la historia reciente de Colombia, y dejó tras de sí no solo una ciudad enterrada, sino también miles de familias rotas. Entre ellas, muchas aún siguen buscando a sus hijos desaparecidos hace 40 años.
La historia de Martha Lucía y su hijo Sergio
Una de esas madres es Martha Lucía López, quien en un acto simbólico y emocional como parte de la conmemoración de los 40 años de la tragedia, lanzó al río una barcaza de madera con la fotografía de Sergio Melendro, su hijo desaparecido. Sergio tenía solo cinco años al momento de la tragedia y nunca más fue visto desde aquella noche fatídica.
“La única opción que tenemos es que las personas que los adoptaron cuenten la verdad y que ellos, los niños, nos busquen”, dijo Martha Lucía, ahora de 67 años. Su esperanza ha vivido cuatro décadas y no da señales de agotarse.
Caos, confusión y niños separados de sus familias
Durante aquella noche, la combinación de lava, hielo derretido y tierra formó flujos de lodo llamados lahares que descendieron furiosamente por las laderas del volcán. Los padres, desesperados por sobrevivir, fueron separados de sus hijos en medio del caos. Martha Lucía y su esposo lograron salvarse aferrándose a un árbol y luego refugiándose en una casa. Cuando regresaron a su hogar, este había desaparecido... al igual que su hijo.
Las rutas desconocidas que tomaron los niños
Según la Fundación Armando Armero, hasta la fecha han documentado 580 niños desaparecidos. De ese total, se cree que 71 fueron adoptados, algunos incluso llevados a otros países. Hasta ahora sólo cuatro han sido encontrados con vida gracias a pruebas de ADN y la persistencia de los familiares.
Francisco González, director de la fundación, explicó que no existió un solo “modus operandi”. Algunos niños fueron recogidos por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), pero otros simplemente fueron llevados por ciudadanos, soldados o voluntarios que los encontraron ese día. “No se puede decir simplemente que los robó el ICBF; hubo muchas maneras, incluso gente común que se los llevó creyendo que los salvaba”, puntualiza.
La búsqueda incansable de las familias
Durante años, las estrategias para encontrar a los niños incluirían la publicación de fotografías en medios, campañas en televisión y visitas incansables a hospitales y orfanatos. Cientos de padres llevaron imágenes de sus hijos al ICBF en Bogotá, donde supuestamente algunos niños rescatados estaban siendo atendidos. Pero las puertas fueron generalmente cerradas. Se pedían pruebas imposibles a familias que lo habían perdido todo.
Una pista llevó a Martha Lucía hasta New Orleans, donde una amiga dice haber visto a un hombre con “los mismos ojos azules” que Sergio. Se presumía que había sido adoptado por una familia en Estados Unidos. Pero la conexión se perdió y, con ella, otra esperanza fugaz se desvaneció.
El “Libro Rojo” y la institucionalidad silente
Durante décadas,la principal fuente de consulta sobre el paradero de los niños fue el llamado “Libro Rojo”, llamado así por el color de su cubierta. Este recopilaba datos sobre algunos niños rescatados tras la tragedia. Sin embargo, según Adriana Velásquez, subdirectora del ICBF, este libro fue desclasificado en octubre pero no representa un registro completo.
El propio ICBF admite haber recibido al menos 170 niños provenientes de Armero, pero no hay claridad sobre cuántos fueron luego dados en adopción doméstica o internacional.
Historias que resurgen del lodo
Ancízar Giraldo tenía 12 años cuando el volcán arrasó su pueblo. Pasó cuatro años en un albergue sostenido con ayuda internacional. Fue encontrado por su madre años después gracias a una fotografía publicada por el ICBF. Su caso alimenta la esperanza de cientos de familias, como la de Benjamín Herrera, quien sigue buscando a su hijo, Óscar Fernando, desaparecido cuando solo tenía 14 meses.
“Han sido 40 años de esperanza… y vamos a esperar el tiempo que haga falta”, dice con firmeza.
Una tragedia que sigue gritando por justicia
¿Cómo es posible que 40 años después tantas familias sigan sin una respuesta? Las dudas sobre la actuación del Estado, la falta de documentación, las adopciones sin trazabilidad y la propia negligencia han impedido cerrar esas heridas, que aún supuran dolor.
La experiencia de Armero también llama la atención sobre la preparación institucional ante desastres. En 1985, Colombia fue incapaz de actuar con la rapidez y sensibilidad necesarias. El drama posterior, cargado de burocracia e indiferencia, parece haber sido igual de devastador.
La tecnología como nueva esperanza
En los últimos años, fundaciones y activistas están apostando por herramientas modernas como pruebas de ADN, bases de datos digitales, e Inteligencia Artificial para comparar rostros de niños desaparecidos con adultos que pudieron haber sido adoptados. Las redes sociales también han servido para crear comunidades de apoyo, compartir pistas y alentar a posibles hijos a investigar su origen.
Proyectos como "Ancestry" y "23andMe" han permitido que algunas personas descubran sus raíces biológicas, y en Colombia se están creando nuevas bases de datos genéticos para familias víctimas de Armero.
El Armero que vive en la memoria colectiva
Hoy, Armero es un pueblo fantasma. Solo queda una explanada donde antes hubo vida. Sin embargo, cada noviembre, miles se reúnen para rendir homenaje a los muertos y reclamar la verdad sobre los vivos que aún faltan.
Pequeñas barcas flotan sobre los ríos cercanos, cargando las fotografías de los desaparecidos, como si esperaran ser vistas por un hijo, una hija, que ya adulto y tal vez en otro país, reconozca su rostro o su historia.
Armero no es solo una catástrofe geológica. Es también una tragedia humana aún sin cierre, un llamado continuo a la memoria, la justicia y la esperanza.
Las cifras del dolor
- 25,000 personas fallecieron por la erupción del Nevado del Ruiz en 1985.
- Se estima que más de 580 niños desaparecieron esa noche.
- 71 niños fueron adoptados según registros de la Fundación Armando Armero.
- Solo 4 han sido encontrados con vida y reunificados con sus familias.
Un legado de amor persistente
La historia de Armero nos recuerda que no siempre podemos controlar la furia de la naturaleza, pero sí cómo respondemos ante su paso. Cuatro décadas han pasado, pero el amor de una madre, un padre o un hermano no conoce límites ni vencimientos.
“Seguiremos buscando. Porque en algún lugar, quizás alguien aún se pregunte de dónde viene…”
