El fin de los centavos en EE.UU.: más allá del valor de una moneda
La despedida de la histórica moneda de 1 centavo abre debate sobre nostalgia, economía y evolución tecnológica
Un adiós con sabor a historia
El 12 de febrero de 2025 quedará marcado en la historia del dinero estadounidense. Ese día, la Casa de la Moneda de Filadelfia acuñó el último centavo de circulación de los Estados Unidos. La decisión, anunciada por el presidente Donald Trump, pone fin a más de dos siglos de existencia de la moneda de 1 centavo, en lo que se ha convertido en un símbolo de cambio cultural, económico y tecnológico.
“Por demasiado tiempo, los Estados Unidos han acuñado centavos que literalmente nos cuestan más de 2 centavos”, escribió Trump en una publicación en febrero, haciendo referencia al elevado coste de producción de la moneda. Hoy, ese valor ronda los 4 centavos por unidad, y aunque se producen miles de millones cada año, su uso real en transacciones ha disminuido significativamente.
La historia del centavo: una moneda con alma
El origen del centavo se remonta a 1793, tan solo un año después de que el Congreso aprobara la Coinage Act. Desde entonces y hasta el presente, se estima que más del 50% de todas las monedas acuñadas por las casas de la Moneda en Filadelfia y Denver han sido centavos. La producción masiva convirtió a esta pequeña moneda en parte del ADN cultural estadounidense: fue retratada en obras de arte, monedas conmemorativas y, por supuesto, en los bolsillos y frascos de millones de personas.
Si bien en sus primeros años el centavo era suficiente para comprar una vela, un dulce o pan, en la economía digital actual su utilidad se ha visto reducida casi a cero. Muchos todavía lo guardan como amuleto de la suerte o pieza de colección, pero en la práctica diaria, pocos lo utilizan.
La economía del absurdo: cuando fabricar cuesta más que usar
Según cálculos del Departamento del Tesoro, producir cada centavo cuesta cerca de 4 centavos. Esto representa una pérdida neta de unos 56 millones de dólares anuales para el gobierno federal, una suma difícil de justificar ante la presión por reducir el gasto público.
Paradójicamente, el centavo aún tiene un mejor ratio valor/costo de producción que el nickel de 5 centavos, cuya fabricación cuesta casi 14 centavos. Aun así, el centavo ha sido el primero en caer, quizás por ser el más simbólicamente prescindible.
Impacto inmediato: negocios, bancos y consumidores reaccionan
La desaparición súbita del centavo tomó por sorpresa a una parte del sector minorista, especialmente pequeñas tiendas y cadenas de conveniencia. Según Jeff Lenard, vocero de la National Association of Convenience Stores, “hemos estado presionando para que se elimine el centavo por casi 30 años, pero no de esta manera”.
Algunos comercios comenzaron a redondear los precios hacia abajo, mientras otros ofrecían promociones especiales para incentivar a los clientes a pagar con cambio exacto o deshacerse de sus centavos acumulados. En ciertas zonas, incluso se ofrecían bebidas gratis a cambio de un puñado de centavos.
Los bancos, por su parte, comenzaron a racionar el suministro de centavos semanas antes de que se detuviera la producción, ante la creciente demanda en las últimas emisiones.
La nostalgia lucha con la modernidad
Tal vez el mayor impacto de esta medida no esté en las cifras, sino en la dimensión emocional. El centavo, más allá de su valor monetario, representa un vínculo con el pasado. Desde la icónica imagen de Abraham Lincoln en su anverso desde 1909, hasta su presencia en dichos populares como “Un penny por tus pensamientos”, la moneda se infiltró en la cultura cotidiana estadounidense.
Su desaparición ha generado lamentos, homenajes y campañas para preservar el recuerdo. En redes sociales, usuarios han compartido fotos de sus colecciones, monedas con fechas simbólicas o rarezas como los centavos de acero de 1943, emitidos durante la Segunda Guerra Mundial.
Y ahora, ¿cómo se redondea el futuro?
Con la eliminación del centavo, surge una pregunta clave: ¿cómo se adaptará el sistema de precios? Canadá eliminó el centavo en 2013 y optó por un método de redondeo inteligente, donde los precios en efectivo suben o bajan al múltiplo de 5 centavos más cercano. Suecia, Australia y Nueva Zelanda también lograron eliminar sus monedas de menor denominación con resultados positivos.
En Estados Unidos, el panorama será mixto. Los pagos electrónicos seguirán permitiendo el uso de decimales, pero las compras en efectivo deberán redondearse. Algunos comercios ya han implementado políticas en las que absorben las diferencias a favor del cliente, mientras otros simplemente cambian los precios a valores redondeados.
¿Qué sigue en la era post-centavo?
- Educación financiera: se requerirá informar a los consumidores sobre cómo funciona el redondeo y los cambios esperados en los medíos de pago.
- Efecto en caridades: muchas campañas de donación aprovechaban el “vuelto del centavo”. Asociaciones como UNICEF o fundaciones locales ya planean recaudar monedas antes de que desaparezcan del todo.
- Impulso a medios digitales: la medida podría acelerar la transición al cashless society (sociedad sin efectivo), reduciendo el uso de monedas en general.
¿Por qué ahora?
En realidad, la eliminación del centavo ha sido planteada desde hace décadas. Diversos informes y comités, incluido uno del Government Accountability Office en 2011, recomendaron dejar de producir el centavo debido al costo y uso limitado. Pero el fuerte apego cultural y resistencia minorista detuvieron previamente el proceso.
Trump aprovechó el contexto actual de polarización política, reducción del gasto público y impulso tecnológico para implementar una medida drástica que, aunque difícil de digerir emocionalmente, tiene lógica económica.
Una pequeña moneda que cuenta una gran historia
Aunque los centavos dejarán de circular, su huella es imborrable. Han sido objetos de colección, testigos de momentos históricos, inspiración para expresiones populares y, por supuesto, parte central del primer contacto con el dinero de millones de personas.
Según el historiador monetario David Wills, “el centavo es mucho más que su valor facial. Es una pieza de historia sostenida en metal, una cápsula del tiempo que ha pasado de generación en generación”.
Quizás ahora permanecerán solo en álbumes de colección, en el fondo de una caja o en la memoria de quienes crecieron juntándolos en una alcancía. Pero también servirán como recordatorio de una era donde hasta el menor valor tenía un peso significativo.
Así que sí: el centavo ya no tiene valor en el mercado, pero su legado sigue tan vigente como siempre.
