El futuro sobre ruedas: Waymo, autopistas y el auge silencioso de los robotaxis en EE. UU.
El despliegue de vehículos autónomos en autopistas redefine el transporte urbano mientras surgen nuevos competidores y preocupaciones por la seguridad
La era del transporte autónomo está tomando velocidad, literalmente. Lo que comenzó como un experimento futurista en manos de ingenieros de Google se ha convertido en una industria impactante —y muy real— que ya pisa fuerte en ciudades como San Francisco, Los Ángeles y Phoenix. Esta vez, los robotaxis de Waymo se están abriendo camino más allá del tráfico urbano, y aceleran su expansión hacia autopistas y aeropuertos, marcando un nuevo capítulo en la movilidad sin conductor.
Waymo: de experimento a superpotencia del transporte urbano
Waymo, la empresa de vehículos autónomos propiedad de Alphabet (la empresa matriz de Google), ha recorrido un largo camino desde el proyecto “Chauffeur” iniciado en 2009. En 2016, se independizó y desde entonces ha marcado el ritmo de la industria de robotaxis, superando a gigantes como Tesla y General Motors.
Tras comenzar sus pruebas públicas en Phoenix en 2020, ahora la empresa ha expandido operaciones a autopistas que conectan las principales ciudades de California y Arizona. En San José, por ejemplo, los viajeros ya pueden pedir un Waymo desde el Ayuntamiento de San Francisco y recorrer 72 kilómetros hasta el aeropuerto de San José Mineta por la autopista U.S. 101 —tan solo con un clic en la app.
“Hemos demostrado que los vehículos totalmente autónomos pueden operar con seguridad tanto en calles urbanas como en vías rápidas,” dijo la compañía en un comunicado reciente.
Del centro al aeropuerto: una nueva experiencia de usuario
Uno de los avances más significativos es la inclusión de servicios de recogida y bajada en aeropuertos. En San José, los usuarios ya pueden bajarse justo frente a la terminal, sin tener que cambiar a un transporte convencional. Las pruebas ya están en marcha en el Aeropuerto Internacional de San Francisco y se espera que Phoenix siga el mismo camino.
Con esta jugada, Waymo se mete de lleno en el terreno de Uber y Lyft, acaparando una parte estratégica del negocio: los traslados al aeropuerto, donde la comodidad y la seguridad son decisivas. El potencial económico no es menor: el mercado mundial de transporte autónomo alcanzará los $327 mil millones para 2030, según Statista.
La competencia se prende: Amazon y Tesla al acecho
Pese al dominio de Waymo, otros gigantes corporativos no se quedan de brazos cruzados. Amazon, por ejemplo, invirtió 1.200 millones de dólares en la startup Zoox y ya inició su servicio de robotaxi en Las Vegas. Tiene planes de fabricar hasta 10,000 unidades al año en una planta cercana a Silicon Valley.
Tesla, por su parte, promete su propio servicio de taxis autónomos —el “Cybercab”— para 2026. Sin embargo, muchos expertos miran con escepticismo los plazos de Elon Musk, considerando que lleva casi una década prometiendo una conducción autónoma completa sin lograrlo en la práctica.
Mientras tanto, General Motors se retiró parcialmente del negocio, cerrando el grifo de financiación a su unidad Cruise, afectada por problemas financieros y de credibilidad.
La robotización del delivery y la logística
Pero el fenómeno del transporte autónomo no se limita a pasajeros. Empresas como DoorDash han desarrollado sus propios robots de entrega, como “Dot”, capaz de transportar hasta 30 libras o seis cajas de pizza a velocidades de 32 km/h en calles y aceras. Su diseño se asemeja más a un carrito de bebé gigante que a un vehículo tradicional.
DoorDash decidió emprender su propio camino luego de evaluar que otras plataformas diseñadas para campus universitarios o zonas urbanas densas no eran aptas para los suburbios donde vive gran parte de su clientela. Actualmente, las entregas con robot se realizan en San Francisco y próximamente en Phoenix.
La automatización también ha llegado a los puertos: la empresa danesa Maersk opera vehículos eléctricos autónomos para el transporte interno de carga en los puertos de Los Ángeles y Long Beach, los más grandes del país.
Más velocidad, más dudas: el debate sobre la seguridad
El avance de esta tecnología también plantea interrogantes. ¿Qué ocurre cuando un robot comete una infracción? ¿Quién asume la responsabilidad legal? En California, una nueva ley promete solucionar parte del dilema. A partir del próximo año, las autoridades podrán emitir multas a las empresas propietarias de los vehículos autónomos ante faltas de tránsito.
Este cambio fue motivado por un evento viral: en San Bruno, la policía detuvo un Waymo por hacer una maniobra ilegal, pero no pudo multarlo porque “sus libretas no tienen una casilla para ‘robot’,” según dijeron en su cuenta oficial de redes sociales. Waymo fue notificada del incidente, al que la policía denominó un “error de programación”.
Además, algunas voces piden más transparencia sobre los algoritmos que toman decisiones críticas al volante. Aunque Waymo asegura que sus vehículos son monitoreados continuamente y cumplen con las regulaciones, la falta de datos públicos despierta escepticismo entre defensores de la privacidad y organizaciones de transporte.
Pasajeros (casi) felices: balance de la experiencia de usuario
Los usuarios, en general, reportan experiencias positivas. En encuestas realizadas en Phoenix, un 86% de los pasajeros afirmó sentirse “igual o más seguros” en un Waymo que con un conductor humano. Sin embargo, algunos mencionaron problemas de navegación en embotellamientos, giros inusuales en calles vacías e indecisión ante peatones en zonas escolares.
La experiencia aún es limitada a quienes participan en pruebas o están en zonas habilitadas, pero el crecimiento es constante.
¿Estamos listos para un mundo sin conductores?
El desarrollo de carros autónomos es una progresión lógica en el marco del avance tecnológico de la última década. Desde el surgimiento del smartphone hasta la inteligencia artificial generativa, la promesa de liberar al ser humano de tareas rutinarias ha sido constante. Pero a diferencia de otras innovaciones, soltar el volante requiere un acto de fe —literalmente.
Para que el paradigma del vehículo sin conductor triunfe, será necesario algo más que avances tecnológicos: legislación moderna, urbanismo adaptado y un cambio en la percepción de los ciudadanos.
En palabras del futurista William Gibson: “El futuro ya está aquí; solo que no está distribuido de manera uniforme”. Waymo lo confirma con cada kilómetro recorrido sin manos en el volante.
