Violencia de colonos israelíes en Cisjordania: ¿una amenaza al Estado de Derecho?

Mientras aumentan los ataques de colonos contra palestinos, la respuesta oficial de Israel genera más preguntas que soluciones

  •  EnPelotas.com
    EnPelotas.com   |  

Una nueva ola de violencia: Cisjordania arde

Los recientes ataques perpetrados por colonos israelíes en las aldeas palestinas de Beit Lid y Deir Sharaf han provocado una fuerte condena, incluso desde las más altas esferas del gobierno israelí. Más de 260 incidentes violentos contra palestinos fueron registrados en octubre —la cifra mensual más alta desde 2006, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA). Esta situación, lejos de ser un hecho aislado, refleja una preocupante sistematización del uso de la violencia como herramienta política y territorial.

El presidente de Israel, Isaac Herzog, considerado una figura moral más que ejecutiva, calificó los hechos como una “línea roja” que ha sido cruza. Su denuncia fue clara: los agresores, descritos como una “minoría anárquica” dentro del movimiento colono, comprometen la seguridad tanto de civiles como de las propias fuerzas de seguridad israelíes. “Todas las autoridades del Estado deben actuar con decisión para erradicar este fenómeno”, escribió Herzog en redes sociales.

La figura del colono: entre el idealismo y el extremismo

Históricamente, los colonos israelíes han sido retratados dentro de Israel como pioneros sionistas o víctimas de ataques palestinos. Sin embargo, algunos grupos —especialmente jóvenes radicalizados— están adoptando tácticas de ofensiva directa. El jefe del Comando Central, General de División Avi Bluth, también condenó estos actos, diciendo que “la realidad en la que jóvenes marginales actúan violentamente contra civiles inocentes y contra fuerzas de seguridad es inaceptable y extremadamente grave”.

Estos ataques no solo tienen un impacto devastador en las comunidades palestinas, sino que también desvían recursos que deberían destinarse a operaciones contra el terrorismo y la defensa nacional. “Es una situación inaceptable que requiere una acción enérgica”, estableció Bluth.

Reacciones palestinas: desesperación y resistencia

Desde la aldea de Beit Lid, donde los ataques dejaron camiones lecheros quemados y chozas destruidas, el testimonio de los residentes pone rostro humano a la tragedia. Mahmoud Edeis, residente, declaró: “Esto no puede continuar. No puede ser que vivamos toda nuestra vida en un estado de miedo y peligro”.

Amjad Amer Al-Juneidi, empleado en una fábrica lechera incendiada, detalló cómo el ataque fue meticulosamente organizado: uno llevaba gasolina, otro abrió la puerta con una palanca y un tercero encendió el fuego. “No fue al azar. Fue un asalto táctico plenamente coordinado”, aseguró.

El funcionario palestino Muayyad Shaaban, encargado de la Comisión contra el Muro y los Asentamientos, fue aún más lejos, acusando al gobierno israelí de protección e impunidad hacia los colonos. “Es parte de una campaña para expulsar a los palestinos de sus tierras”, afirmó al pedir sanciones internacionales.

Una complicidad gubernamental no tan sutil

El gobierno israelí actual está dominado por figuras de extrema derecha que no solo respaldan la expansión de asentamientos, sino que minimizan la violencia de los colonos. Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas, es conocido por sus posturas abiertamente pro-colonización, y Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional, supervisa entre otras cosas a la policía israelí.

La falta de acción por parte de cuerpos de seguridad durante los ataques e incluso la hostilidad hacia soldados israelíes, como ocurrió en el último incidente en que colonos atacaron un vehículo militar, plantea preguntas incómodas: ¿Es el Estado de Israel cómplice por omisión? ¿Hasta qué punto la ideología de algunos ministros permite este auge de violencia?

Violencia estacional: la cosecha del olivo

Los ataques colonos tienden a intensificarse durante la temporada de cosecha de olivos, una práctica agrícola profundamente simbólica para los palestinos y, por ende, un blanco de agresión. En muchas ocasiones, los árboles son quemados o talados, instalaciones destruidas, y los agricultores agredidos.

Un reporte de OCHA reconoce que en lo que va del año, se han documentado decenas de casos donde más de 5.000 olivos han sido dañados en actos vandálicos. “Se trata de una estrategia para dañar no solo la economía palestina, sino también su tejido cultural”, declaró un portavoz de Human Rights Watch.

Las consecuencias estructurales de la impunidad

El hecho de que los atacantes actúen con máscaras y ataques coordinados indica una operación semi-clandestina, pero no necesariamente perseguida con diligencia por las autoridades. A lo sumo, algunos arrestos se realizan, aunque mayoritariamente los responsables son liberados sin cargos.

Organizaciones como B'Tselem y Yesh Din llevan años documentando cómo menos del 10% de las denuncias por violencia colona resultan en acusaciones formales. La cifra es un reflejo brutal de la impunidad que reina en zonas ocupadas.

Un sistema legal paralelo en construcción

Uno de los temas más candentes es cómo esta violencia se conjuga con intentos de modificar el sistema judicial israelí. Bajo el gobierno actual, ha habido esfuerzos por debilitar el poder del Tribunal Supremo en casos relacionados con derechos humanos en Cisjordania, lo cual podría legitimar retroactivamente acciones ilegales, incluyendo el desplazamiento forzoso de comunidades enteras.

Expertos en derecho constitucional como Amir Fuchs del Israel Democracy Institute advierten que “estamos viendo cómo se socava lentamente el Estado de Derecho en nombre del realismo político y territorial”.

La comunidad internacional: ¿intervención o mutismo?

Mientras continúan los ataques, la respuesta de la comunidad internacional ha sido tibia. Declaraciones de condena no se han traducido en sanciones o presión diplomática efectiva, lo cual fomenta una percepción de que Israel puede actuar sin consecuencias reales.

En palabras de Sari Bashi, abogada y activista de derechos humanos: “Israel ha disfrutado de un cheque en blanco, y este está siendo utilizado para vaciar de pueblos enteros la tierra que debiera formar parte de un futuro Estado palestino”.

¿Hacia dónde va Israel?

La preocupación ahora va más allá del conflicto israelí-palestino. La violencia interna, junto con los intentos del primer ministro Benjamin Netanyahu de obtener un perdón presidencial para evitar procedimientos legales, ha creado una fractura no solo política, sino institucional.

El propio presidente Herzog ha evitado comprometerse respecto a un perdón a Netanyahu. Pero muchos ven en esta crisis legal una analogía con la situación en Cisjordania: estructuras paralelas, justicia bajo amenaza y un peligroso coqueteo con el autoritarismo.

Israel se enfrenta a una encrucijada existencial: continuar su sendero como un Estado democrático o convertirse en un sistema donde la ideología, el miedo y la supremacía étnica pasan por encima de la ley.

Es un momento que requerirá algo más que comunicados: requerirá valentía.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press