¿Puede EE.UU. imponer la paz en Gaza sin el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU?

El plan estadounidense para una fuerza internacional de estabilización en Gaza enfrenta resistencia de Rusia, China y países árabes clave

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Un nuevo intento de Washington por imponer liderazgo

Estados Unidos ha propuesto un borrador de resolución ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que otorgaría un mandato formal para desplegar una fuerza internacional de estabilización en Gaza hasta el año 2027. El objetivo declarado: asegurar la desmilitarización del enclave, facilitar la entrada de ayuda humanitaria y preparar el terreno para una posible autodeterminación palestina posterior.

Sin embargo, esta ambiciosa propuesta ha tropezado con una férrea oposición liderada por Rusia, China y algunos países árabes, que denuncian la falta de transparencia sobre una entidad provisional llamada "Junta de Paz" y critican la exclusión de la Autoridad Palestina (AP) del proceso de transición.

¿Qué propone exactamente Estados Unidos?

El plan estadounidense se articula en torno a dos pilares clave:

  • La creación de una fuerza multinacional, legitimada por la ONU, para garantizar la seguridad y operar junto a una fuerza policial palestina entrenada.
  • El establecimiento de la "Junta de Paz", un organismo no especificado que tendría un rol de gobierno interino dentro de la Franja de Gaza hasta que se cumplan condiciones para una transición política más amplia.

El borrador plantea que esta fuerza actuaría en coordinación con Israel, Egipto, la ONU y organizaciones como la Cruz Roja. Según el texto, una vez que la estabilidad esté garantizada, las fuerzas israelíes se retirarían, aunque se subraya que dicha retirada estaría sujeta a "estándares, hitos y marcos temporales acordados" por las partes involucradas.

Las dudas sobre la "Junta de Paz": ¿una imposición norteamericana?

Uno de los puntos más criticados del borrador es la mencionada Junta de Paz, cuya estructura, composición y funciones aún no se han definido. Tanto China como Rusia, miembros permanentes con derecho a veto, exigen eliminar toda referencia a esta junta y temen que pueda convertirse en un instrumento de Washington para bloquear un rol central de la Autoridad Palestina.

La diplomacia rusa ha sido tajante: “No estamos en contra de la estabilización de Gaza, pero se deben respetar los principios de soberanía palestina y asegurar una representación aceptable para el pueblo palestino”, declaró un diplomático ruso en condición de anonimato.

El dilema palestino: ¿dónde queda la Autoridad Palestina?

Muchos países árabes —incluidos aliados de EE.UU. como Emiratos Árabes Unidos— también han cuestionado que la propuesta no contemple un rol inmediato y relevante de la Autoridad Palestina, encabezada por Mahmoud Abbas.

De hecho, una fuente diplomática emiratí cuestionó: “¿Qué credibilidad tiene hablar de autodeterminación palestina sin que los representantes legítimos estén liderando el proceso?”

Washington ha respondido manteniendo la ambigüedad: el borrador revisado afirma que, una vez avanzadas las reformas a la AP y reconstruida Gaza, “se podrían dar las condiciones para una autodeterminación palestina creíble y un camino hacia la estatalidad”.

Israel, Netanyahu y la ingerencia de factores internos

La respuesta de Israel ha sido, como mínimo, complicada. El primer ministro Benjamin Netanyahu se ha opuesto abiertamente a cualquier plan que lleve a un Estado palestino o que retorne a la Autoridad Palestina el control de Gaza.

Netanyahu ha sido claro en foros internacionales: “Una Gaza gobernada por la AP sería un retroceso estratégico”. Esto deja a EE.UU. navegando una posición ambigua en la que impulsa la vía diplomática con actores internacionales, pero no desafía claramente la postura israelí.

Una coalición sin la ONU: ¿escenario factible?

Si bien la estrategia inicial era lograr el respaldo del Consejo de Seguridad, existe la posibilidad de que, ante el estancamiento de las negociaciones, EE. UU. considere liderar una “coalición de países dispuestos”, al margen de la ONU. Esta vía ha sido utilizada en el pasado, como en la intervención en Irak en 2003.

“Cada día que retrasamos una decisión, corre el riesgo de volver a intensificarse el conflicto y el sufrimiento”, dijo un funcionario del Departamento de Estado de EE.UU., reflejando la impaciencia de la Casa Blanca ante los cuestionamientos del foro multilateral.

El desafío geopolítico de la resolución

Para que una resolución sea adoptada por el Consejo de Seguridad necesita al menos nueve votos afirmativos y ninguno de los cinco miembros permanentes puede vetarla (EE.UU., Reino Unido, Francia, Rusia, China).

¿Qué opciones tiene EE.UU.?

  • Aceptar enmiendas significativas —posiblemente una reestructuración o eliminación de la Junta de Paz.
  • Forzar una votación con el riesgo de un veto que podría debilitar el liderazgo diplomático estadounidense.
  • Lanzar una operación al margen de la ONU con aliados como Reino Unido, Francia o Emiratos Árabes Unidos, lo cual debilitaría el rol de la ONU e incrementaría las tensiones con China y Rusia.

¿Paz sin legitimidad?

Los críticos del plan actual señalan que una intervención sin el aval del Consejo de Seguridad dejaría la operación en Gaza con una legitimidad internacional frágil. Otros alertan sobre la peor consecuencia de todas: alimentar nuevos focos de conflicto al marginar a actores clave como la AP y dar poder omnímodo a una entidad no aceptada por la comunidad palestina.

Voces desde organizaciones humanitarias también expresan cautela. La Cruz Roja y el Comité de Rescate Internacional han exigido que cualquier propuesta incluya garantías claras sobre el flujo constante de ayuda humanitaria, acceso a los hospitales y la protección de civiles —algo que sigue en duda bajo la actual formulación del plan.

Palestina: ¿camino a la estatalidad o apéndice geo-estratégico?

Aunque EE.UU. afirma estar comprometido con una futura solución de dos estados, la ambigüedad actual desconcierta incluso a analistas aliados. Foreign Policy publicó recientemente: “La política exterior de EE.UU. respecto a Palestina se ha convertido en un conjunto de vaguedades sobre reformas, sin un mapa claro ni mecanismos de rendición de cuentas.”

La situación recuerda a otros intentos fallidos, como el plan “Rumbo a la Paz” de 2020. Aquella vez, el rechazo fue casi unánime entre actores árabes y europeos debido a la exclusión de Jerusalén Este del futuro Estado palestino, y por la legalización de asentamientos ilegales.

¿Y la población civil?

Las consecuencias humanitarias de este prolongado conflicto siguen sintiéndose en cada rincón de Gaza, donde más de 2 millones de personas viven con acceso limitado a agua potable, electricidad y atención médica. La guerra ha desplazado a un alto porcentaje de la población, y el desempleo juvenil supera el 60%.

Como enfatizó la directora del Programa Mundial de Alimentos para Oriente Medio, Corinne Fleischer: “No hay seguridad ni paz política sin seguridad alimentaria y acceso a servicios básicos.”

¿Una paz verdadera o una pausa en la violencia?

Mientras las negociaciones avanzan (o se estancan) en Nueva York, lo cierto es que Gaza se ha convertido en el nuevo epicentro de una contienda geopolítica mayor. Lo que se debate no es solo la seguridad de una franja territorial —sino la reconfiguración de la influencia global tras dos años de guerra.

En palabras del secretario general de la ONU, António Guterres: “Es peligroso pensar que podemos estabilizar balcanizaciones políticas con ejércitos sin garantizar derechos, representación y participación legítima”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press