“The Seduction”: El renacer feminista de las intrigas del siglo XVIII
La nueva miniserie de HBO Max reimagina "Las amistades peligrosas" desde una perspectiva femenina que confronta la misoginia histórica con una mirada moderna, audaz y empoderada.
Una historia clásica bajo una nueva luz: el regreso de la marquesa de Merteuil
“Bienvenidos al delicioso infierno que es la alta sociedad”, promete el provocador tráiler de “The Seduction”, la nueva miniserie francesa y dramática de HBO Max que toma como punto de partida el famoso libro “Las amistades peligrosas” de Choderlos de Laclos y lo rehace con una potente mirada femenina. Estrenada recientemente, esta producción llega con la fuerza suficiente para discutir el rol de la mujer en una sociedad desigual, incluso si esa sociedad está ambientada en el París opulento del siglo XVIII.
En esta reinterpretación dirigida por Jessica Palud, asistimos a una especie de precuela donde la marquesa Isabelle de Merteuil, aquí interpretada por la prometedora Anamaria Vartolomei, resurge desde sus orígenes humildes como una huérfana sin fortuna que es empujada al brutal campo de batalla de los salones aristocráticos parisinos. Años antes de transformarse en esa manipuladora legendaria que inmortalizó Glenn Close en la icónica película de 1988, Isabelle es una joven vulnerable que cobra fuerza gracias a una inesperada aliada: su tía Rosemonde, encarnada con severidad y elegancia por Diane Kruger.
"The Seduction" y el #MeToo del siglo XVIII
"Para mí, esto es el #MeToo del siglo XVIII", declara Jessica Palud, directora de los seis episodios de esta seductora miniserie. Y no es solo retórica. La serie posiciona de forma clara el derecho de las mujeres a tomar las riendas de sus propias historias, aun cuando sus únicas armas sean la astucia, el ingenio, la belleza o su posición marital.
En un mundo donde los hombres tenían el poder formal (y las espadas también), The Seduction plantea una narración subversiva, donde las mujeres reasignan ese poder a través de la especulación emocional, el control sexual y la estrategia social.
Jessica Palud: la mirada femenina detrás del movimiento
En una entrevista, Palud explicó su fascinación por reinterpretar lo conocido desde lo desconocido: “Tenía interés en los códigos del poder femenino dentro de un entorno dominado por hombres. Me preguntaba: ‘¿Qué pasa si cambiamos el lente desde el cual miramos esta historia?’”. El resultado es una marquesa menos maquiavélica y más humana. Una víctima antes que victimaria. Una mujer con sed de libertad y dignidad.
La serie no ignora su contexto histórico, pero tampoco se esclaviza a él. Lo interesante es cómo superpone una conciencia social contemporánea sobre un lienzo histórico, lo cual produce tensiones dramáticas que resuenan con fuerza en la audiencia actual. Así, lo que en el pasado era visto solo como disfrute estético o ejercicio de crueldad aristocrática, hoy se analiza como un grito de empoderamiento reprimido.
Isabelle: del convento al centro del juego
Para Vartolomei, dar vida a Isabelle fue un reto tan técnico como emocional: “Quería mostrar su vulnerabilidad sin ocultar su inteligencia. Ella es una huérfana, sin apellido, sin fortuna; lo único que tiene es su deseo de sobrevivir y, más adelante, de dominar”. Algo que logra con la ayuda de su poderosa tía, Rosemonde.
Diane Kruger, por su parte, no estaba convencida al principio: “Pensé, ¿de verdad necesitamos otra versión de esta historia? Pero cuando entendí que se trataba de contarla desde nuestro punto de vista, el de las mujeres, todo tuvo sentido”.
Kruger afirma que el rol de Rosemonde revela la hipocresía de la aristocracia: “Tu valor estaba supeditado a tu juventud, belleza y apellido. Pero claro que también había rabia, frustración y deseo en esas mujeres. Eso también había que contarlo”.
¿Y los hombres del juego?
Valmont, el legendario seductor, es aquí interpretado por Vincent Lacoste, quien aporta una dimensión más matizada. No es el monstruo frío de otras versiones, sino un hombre dividido: “Se esfuerza por jugar el papel de libertino, pero está enamorado de Isabelle. Odia que ella lo odie”. Esa complejidad humaniza a un personaje que usualmente representa la decadencia masculina por antonomasia.
Por otro lado, Lucas Bravo (sí, el chef “hot” de Emily in Paris) da vida a un nuevo villano: Gercourt. Bravo lo describe como una figura más malvada que Valmont: “Es un libertino sin alma. Disfruté mucho crear este personaje y lo agradezco porque significa reescribir una parte de este mito literario”.
Un clásico adaptado a los valores contemporáneos
Desde su publicación en 1782, Les Liaisons Dangereuses ha sido reinterpretado decenas de veces en cine, teatro e incluso ballet. Versiones cinematográficas como la de Stephen Frears (1988) o la juvenil Cruel Intentions (1999) han mantenido viva su esencia.
Sin embargo, esta nueva adaptación se aparta del voyeurismo masculino y evita retratar a las protagonistas como simples catalizadoras del deseo. Aquí, las mujeres son narradoras y no solo narradas. Sus silencios tienen peso. Sus gestos, política. Sus estrategias, sentido histórico.
“The Seduction” como reescritura simbólica del poder
Explorar cómo se transmite y transforma el poder en manos femeninas en un contexto hostil es quizás uno de los mayores logros de la serie. La alianza entre Rosemonde e Isabelle es central en este proceso. Ambas, separadas por una generación, acaban siendo piezas vitales en el gran tablero social parisino.
Como lo dijo Palud: “Lo que la una perdió por edad, la otra lo busca por necesidad. Juntas descubren que pueden no solo sobrevivir, sino tomar el control de sus destinos y desafiar al sistema desde adentro. Es simbólicamente lo que hacen hoy muchas mujeres frente al patriarcado moderno”.
¿Una serie para maratonear o para debatir?
The Seduction tiene todos los elementos para ser una serie aclamada tanto por el público como por la crítica: estética barroca impecable, vestuario lujoso, guiones punzantes y actuaciones memorables. Pero más allá del entretenimiento, es una invitación a debatir sobre la herencia histórica del machismo y cómo el arte puede convertirse en una forma de reparación simbólica.
Y aunque el relato no pretende ser históricamente exacto —pese a su ambientación meticulosamente elaborada—, su impacto radica en escarbar lo que la historia tradicional dejó fuera: las motivaciones, dolores y estrategias de supervivencia de las mujeres que parecen haberlo tenido todo, pero que en el fondo luchaban solo por tener algo de poder.
Con sus seis episodios, la miniserie se convierte en un espejo estético y emocional entre lo que fue y lo que aún queda por transformar.
Un triunfo narrativo con rostro feminista
HBO Max da en el blanco apostando por creaciones que amplían el canon, que lo discuten y lo rehacen con audacia. The Seduction no es solo una nueva versión de un clásico: es una reinterpretación radical que nos recuerda que el pasado, cuando es mirado con nuevos ojos, puede todavía hablar con una voz tremendamente actual.
