¿Vale la pena la góndola al Dodger Stadium? Una mirada crítica al polémico proyecto de transporte en Los Ángeles
Entre promesas de eficiencia y preocupaciones vecinales, el plan para conectar Union Station con el estadio de los Dodgers enfrenta su prueba más difícil
Una propuesta que ha perdido altura
Desde su anuncio en 2018, la góndola aérea entre Union Station y el Dodger Stadium ha prometido una solución innovadora al siempre caótico tránsito de Los Ángeles. Diseñada por la empresa Aerial Rapid Transit Technologies (ARTT), fundada por el expropietario de los Dodgers Frank McCourt, esta infraestructura de $500 millones captó atención por su ambición técnica y su supuesto impacto ambiental reducido.
Pero en una ciudad donde la promesa de movilidad eficiente se enfrenta continuamente a la dura realidad del urbanismo centrado en el automóvil, el proyecto ha comenzado a caer en picada. Esta semana, el Concejo de la Ciudad de Los Ángeles votó 12 a 1 para pedir al Metro del condado que detenga su desarrollo.
¿Qué promete la góndola?
El plan original detalla un sistema de góndolas capaz de transportar hasta 5,000 pasajeros por hora en cada dirección, cubriendo poco más de 1.6 kilómetros en un viaje de solo cinco minutos. El trayecto conectaría el corazón ferroviario de la ciudad, Union Station, con el icónico estadio ubicado en Elysian Park.
Los proponentes afirman que no costará a los contribuyentes, ya que se planea financiar con capital privado. Además, argumentan que es una solución sostenible para disminuir el tráfico vehicular y la huella de carbono durante los días de partido.
“La góndola es un proyecto visionario que mejorará significativamente la experiencia de los fans y ayudará a aliviar la congestión”, afirmó una portavoz de los Dodgers.
Críticas: impacto real limitado y falta de transparencia
No todos están convencidos. El grupo Stop The Gondola ha liderado la oposición comunitaria, argumentando que no se ha presentado un plan financiero completo y que podrían existir costos ocultos que acaben recayendo en los contribuyentes. De hecho, el temor principal de las comunidades vecinas es que sus barrios se conviertan en corredores visualmente contaminados por torres metálicas masivas.
Además, la UCLA Mobility Lab publicó un estudio que sugiere que la góndola tendría un impacto mínimo en la reducción del tráfico vehicular, ya que muchos fans probablemente conducirían hasta Union Station para luego abordar el sistema aéreo, en lugar de usar el transporte público para todo el trayecto. Esta realidad refleja una contradicción fundamental con el objetivo ambiental del proyecto.
Los desafíos del transporte público en Los Ángeles
Los Ángeles es una ciudad extensa y heterogénea, donde el transporte público ha sido históricamente subutilizado. El sistema de metro y autobuses del condado cubre apenas una fracción de las necesidades de movilidad de la población, especialmente en las zonas periféricas. Así, confiar en que la góndola incentivará el uso del tren para llegar a Union Station parece, para muchos activistas, una utopía mal enfocada.
¿Qué sucede si se empieza a usar la góndola como atracción turística antes que medio de transporte funcional? A medida que la viabilidad como herramienta de movilidad urbana se ve cuestionada, crece el temor de que se convierta en un proyecto emblemático de vanidad —uno más en la larga lista de promesas tecnológicas que no llegan a despegar.
Los costos ocultos y el legado de Frank McCourt
Frank McCourt, quien compró los Dodgers en 2004 y los vendió en 2012, tiene reputación de generar polémica. Durante su gestión, el equipo enfrentó problemas financieros y de gobernanza, al punto de que la MLB debió intervenir directamente. Ahora, como impulsor del proyecto de la góndola, sigue siendo una figura polarizante.
El hecho de que el financiamiento total del proyecto aún no esté asegurado genera preocupación. Una infraestructura de esta envergadura requiere contratos a largo plazo, mantenimiento continuo y personal capacitado —todo lo cual conlleva costos a menudo imposibles de cubrir exclusivamente con capital privado.
Comparaciones internacionales y precedentes urbanos
La idea de usar góndolas no es nueva. Ciudades como Medellín, Colombia, han implementado con éxito teleféricos como solución para conectar zonas marginalizadas con centros urbanos, integrándolos al sistema de transporte masivo.
Sin embargo, la clave de su éxito radica en la lógica social que las sustenta: resolver inequidades de movilidad estructural en comunidades rurales o empinadas, donde otras formas de transporte son ineficientes o imposibles. La góndola de Los Ángeles, en cambio, parecería priorizar la conveniencia de asistir a un evento deportivo por sobre otras necesidades habitacionales y de transporte más urgentes.
¿Por qué el Concejo quiere matar la idea?
El voto del Concejo Municipal no es legalmente vinculante, pero envía una señal clara al Metro del condado de Los Ángeles: el proyecto ha perdido el respaldo político. La alcaldesa Karen Bass, quien anteriormente apoyó la iniciativa como miembro de la junta del Metro, aún no ha dicho si sancionará la resolución.
La decisión refleja no solo preocupaciones logísticas, sino también una creciente presión desde las bases comunitarias. Para los vecinos de Chinatown, Solano Canyon y Elysian Park, la góndola no representa una mejora sino una potencial carga visual, urbana y ambiental.
¿Una oportunidad perdida o un proyecto innecesario?
En un contexto donde las ciudades enfrentan desafíos enormes como el cambio climático, la disparidad socioeconómica y el déficit de vivienda, el gasto millonario en un proyecto de este tipo puede parecer una desconexión con las prioridades reales de la ciudadanía.
Más aún, si uno de los principales argumentos es la posibilidad de llegar rápido a ver un partido, ¿no sería más sensato invertir en corredores rápidos de autobuses o en extender el Metro hasta áreas desatendidas?
“Cuando una ciudad invierte en formas de transporte costosas pero con poco impacto social, está construyendo futuro solo para los privilegiados”, señaló la urbanista Laura Becerril, autora del libro Movilidad y poder en las metrópolis del siglo XXI.
¿Qué sigue en el horizonte?
Se espera una votación final sobre el futuro del proyecto en el pleno del concejo en 2025. Mientras tanto, las campañas a favor y en contra seguirán enfrentándose tanto en el terreno político como en el mediático.
Una cosa parece segura: más allá del resultado específico, el caso de la góndola al Dodger Stadium nos deja una lección fundamental sobre cómo evaluar la función social del transporte público frente a intereses comerciales.
Las preguntas de fondo
- ¿Puede una góndola aliviar el tráfico usando la misma lógica del automóvil?
- ¿Qué clase de ciudad diseña infraestructuras sin consultar profundamente a sus comunidades?
- ¿Quiénes serán los verdaderos beneficiarios de esta inversión?
Los próximos meses serán claves para ver si Los Ángeles decide volar alto con visión inclusiva o si termina derribando un proyecto ambicioso pero de corto alcance.
