América Latina en el tablero de Trump: ¿acuerdo comercial o estrategia geopolítica?

Los marcos de comercio entre EE.UU. y países latinoamericanos abren nuevos caminos para exportaciones... ¿pero hay algo más detrás?

El giro estratégico de Estados Unidos hacia América Latina

En medio de una economía global en constante transformación y tensiones comerciales con potencias como China y la Unión Europea, la administración de Donald Trump tomó una serie de decisiones que para muchos pasaron desapercibidas, pero que podrían tener profundas implicaciones geopolíticas y económicas. El anuncio de nuevos marcos comerciales con Argentina, Ecuador, El Salvador y Guatemala no solo representa un movimiento hacia la liberalización del comercio sino una jugada audaz con implicaciones estratégicas para la región.

¿Qué son estos marcos de comercio?

Los llamados "marcos de comercio" son acuerdos previos y menos vinculantes que los tratados tradicionales. Sirven como base para futuras negociaciones más detalladas. En este caso, Estados Unidos busca:

  • Reducir las barreras arancelarias y no arancelarias para exportar productos industriales y agrícolas.
  • Impedir que estos países impongan impuestos a servicios digitales de empresas estadounidenses.
  • Eliminar licencias de importación y facilitar trámites aduaneros.
  • Atender disputas sobre propiedad intelectual.

Según la administración estadounidense, estos marcos serán firmados en un plazo aproximado de dos semanas. De concretarse, representarán una extensión significativa de la visión de Trump de reescribir las reglas del comercio internacional.

La perspectiva latinoamericana: entre oportunidades e incertidumbres

En Guatemala, por ejemplo, el presidente Bernardo Arévalo llamó al marco comercial “una buena noticia” y resaltó que el 70% de los productos exportados hacia Estados Unidos podrán estar libres de aranceles. Este beneficio claramente mejora la competitividad guatemalteca para productos como el café, cacao y banano, que podrían ver reducción o eliminación de tarifas.

Pero, ¿qué sucede con el otro 30%? Esos productos seguirán enfrentando una tarifa del 10%, lo cual plantea preguntas sobre sectores económicos marginados que podrían no beneficiarse de estos acuerdos.

Nuevas reglas, viejas asimetrías

Si bien se han anunciado reducciones de aranceles del 10% al 0% para algunos países, las tasas siguen vigentes en otros contextos. Por ejemplo, los productos de Ecuador enfrentan aranceles del 15% debido al desequilibrio comercial adverso a EE.UU., según justificó la Casa Blanca.

Esto evidencia una lectura puramente utilitarista de la economía global, en la que los déficits comerciales se convierten en argumento para restringir flujos de bienes, y no necesariamente un intento de fomentar el desarrollo recíproco.

La sombra del proteccionismo y las elecciones

No es menor el hecho de que estos movimientos ocurren en un contexto electoral. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, junto a Trump, han vinculado la flexibilización de tarifas con preocupaciones sobre el aumento del costo de vida en EE.UU. En otras palabras, estas medidas podrían leerse como estrategias para aliviar la inflación y tener mayor aceptación entre votantes.

Curiosamente, el discurso de "América primero" ahora se presenta como una apertura controlada al comercio cuando el beneficio político está garantizado.

Del Tratado de Libre Comercio al ‘Trumpismo seleccionado’

Desde su llegada al poder, Trump rediseñó el mapa comercial: se retiró del TPP (Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica), renegoció el NAFTA y aplicó aranceles contra gigantes como China. Sin embargo, su acercamiento a América Latina ha tenido un tono más matizado, lejos de la hostilidad de otros frentes económicos.

¿Por qué? Una interpretación sugiere que estos países no representan amenazas económicas o tecnológicas para EE.UU., sino que brindan acceso a materias primas, producción agrícola y zonas de ensamblaje. Además, son actores clave para los intereses migratorios, de seguridad y estabilidad en la región.

¿Intervención económica o neocolonialismo moderno?

La eliminación de impuestos a servicios digitales a empresas estadounidenses parece beneficiar exclusivamente a gigantes como Amazon, Google y Meta. ¿Cuál será la ganancia real para Ecuador, El Salvador o Guatemala?

Muchos de estos países carecen de soberanía fiscal frente a conglomerados tecnológicos globales. Al firmar este tipo de acuerdos están renunciando a una fuente futura de ingresos: los impuestos digitales. Mientras países europeos avanzan en crear tributos para estas plataformas, América Latina se ve presionada a garantizar su exención.

En términos prácticos, esto significa menos recursos públicos disponibles para salud, educación y desarrollo digital local.

Sudamérica y la paradoja argentina

La inclusión de Argentina marca una ruptura con las fricciones pasadas. Recordemos que en 2018, Trump restableció aranceles al acero y aluminio argentino. Ahora, con un incentivo al comercio agrícola e industrial, sectores clave en la economía argentina podrían verse revitalizados.

Sin embargo, aún está por verse si esto logrará frenar la inflación o generar empleo a corto plazo. El mercado estadounidense es exigente: necesita productos con estándares sanitarios altísimos, trazabilidad completa y competitividad frente a naciones como México o Brasil.

Del discurso al impacto: ¿quién gana realmente?

Estas son algunas consecuencias clave previstas:

  • EE.UU.: Fortalece su presencia comercial en el hemisferio occidental, diversifica mercados ante su guerra arancelaria con China y beneficia a sus corporaciones.
  • Argentina: Potencial aumento de exportaciones agrícolas, pero con riesgo de desindustrialización si no hay medidas internas.
  • Guatemala y El Salvador: Más exportaciones sin aranceles pero dependencia creciente del mercado estadounidense.
  • Ecuador: Disminución de barreras puede ser útil, pero sigue sufriendo aranceles más altos comparativamente.

Para América Latina, el desafío será evitar caer en el rol de proveedor pasivo. Tal como históricamente ha ocurrido, el continente corre el riesgo de vender materias primas a bajo precio y luego importar los productos que fabrica Estados Unidos con valor agregado.

La otra cara: panel internacional contra la desigualdad

Mientras se celebran acuerdos comerciales aparentemente beneficiosos, cientos de economistas liderados por Joseph Stiglitz y Janet Yellen emitieron una carta abierta pidiendo un Panel Internacional sobre Desigualdad. Según su informe, el 1% de la población se ha apropiado del 41% de la riqueza generada desde 2000. A su vez, más de 2.3 mil millones de personas sufren inseguridad alimentaria en distintas formas.

Uno de los peligros señalados es que la acumulación extrema de riqueza erosiona la democracia y alimenta la polarización política. Esto se conecta directamente con los marcos comerciales anteriormente mencionados: si no hay cláusulas de redistribución equitativa o inversión en desarrollo humano, es probable que solo profundicen esas desigualdades.

Sudáfrica, sede próxima del G20, ha colocado la desigualdad como tema central. Esto contrasta fuertemente con la visión económica de Trump basada en acuerdos bilaterales y ultra selectivos que favorecen actores concretos.

¿Un nuevo tablero geopolítico para América Latina?

Con estos marcos comerciales, EE.UU. busca generar movilidad económica hacia países que considera estratégicamente estables y políticamente afines. Es una forma de crear "cinturones de contención económica" frente al avance de China en América Latina, que ha ganado presencia con inversiones en infraestructura, energía y tecnología.

La pregunta clave es: ¿Podrán los países latinoamericanos negociar condiciones que permitan saltos productivos tecnológicos, industriales y sociales? ¿O se convertirán nuevamente en zonas de extracción barata de materias primas?

La era Trumpizó el comercio. Ahora le toca a América Latina decidir cómo jugar el nuevo tablero.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press