Cameroon en Crisis: El legado de Paul Biya y el precio de una presidencia eterna

La represión tras las elecciones y las protestas en Camerún reavivan críticas al presidente más longevo del mundo. ¿Hasta cuándo soportará el país este régimen autoritario?

  •  EnPelotas.com
    EnPelotas.com   |  

Una nación en llamas: las consecuencias de unas elecciones amañadas

Las elecciones presidenciales del 12 de octubre de 2025 en Camerún han dejado al país sumido en una profunda crisis política y social. Según cifras oficiales, el actual presidente Paul Biya fue reelegido para un octavo mandato con una victoria que ha sido ampliamente cuestionada por la oposición y organismos internacionales. Este triunfo, lejos de traer estabilidad, ha desencadenado una ola de protestas y represión que ya ha dejado al menos 16 muertos y más de 800 detenidos.

La respuesta del gobierno ha sido brutal. El ministro del Interior, Paul Atanga Nji, confirmó que 13 personas murieron a manos de las fuerzas de seguridad en Douala, el centro económico del país, y otras 3 en la región norte. No obstante, la organización Human Rights Watch indica que el número real de víctimas asciende a 55 personas, lo que refleja un patrón cada vez más abierto de represión del disenso.

¿Quién es Paul Biya y cómo ha llegado hasta aquí?

Paul Biya, de 92 años, no solo es el presidente más viejo del mundo, sino también uno de los líderes más longevos en el poder. Ocupa la presidencia desde 1982, tras suceder a Ahmadou Ahidjo, el primer presidente de Camerún después de su independencia de Francia en 1960. Biya ha gobernado durante más de cuatro décadas bajo una mezcla de autoritarismo, control mediático, represión de la oposición y reformas constitucionales diseñadas para perpetuar su mandato.

Desde hace años, Biya apenas aparece en público y la oposición lo acusa no solo de fraude electoral, sino también de ser físicamente incapaz de liderar el país. Aun así, sigue ganando elecciones en procesos teñidos por irregularidades, represión y ausencia de observadores independientes.

La oposición toma las calles: protestas en Douala y el norte

Después de que se anunciara la victoria de Biya, las protestas estallaron en bastiones opositores como Douala y ciudades del norte como Maroua y Garoua. Uno de los líderes más visibles es Issa Tchiroma Bakary, exministro y hoy rival político de Biya, quien ha asegurado que los resultados fueron manipulados y ha instado a los ciudadanos a rechazar el mandato del presidente.

"La represión violenta contra manifestantes y ciudadanos comunes en todo Camerún revela un patrón creciente de represión que oscurece aún más el proceso electoral", declaró Ilaria Allegrozzi, investigadora principal de África para Human Rights Watch. Las imágenes de las calles llenas de manifestantes, barricadas incendiadas y policías antidisturbios han dado la vuelta al mundo.

Una democracia de fachada

Camerún ha sido considerado durante años como una "democracia aparente". Aunque se celebran elecciones, el poder está concentrado en la figura del presidente y su partido, el RDPC (Rassemblement Démocratique du Peuple Camerounais). Las instituciones están cooptadas, la prensa independendiente es perseguida y la participación política se reduce cada vez más al formalismo.

Durante las elecciones de 2018, observadores locales e internacionales ya habían denunciado coacciones, compras de votos y falta de transparencia. En las elecciones de 2025, la situación fue aún más crítica: Internet fue interrumpido en áreas clave, las redes sociales fueron censuradas y las protestas previas al proceso electoral fueron sofocadas violentamente.

Un país al borde del colapso: las crisis acumuladas

Además de la crisis electoral, Camerún enfrenta múltiples tensiones internas. El conflicto en las regiones anglófonas del Noroeste y Suroeste, donde grupos separatistas luchan desde 2016 por la independencia de lo que denominan Ambazonia, ha dejado más de 6,000 muertos y cientos de miles desplazados. Ni siquiera en estas zonas Biya ha logrado imponer el orden sin recurrir a la fuerza bruta.

La crisis económica y el desempleo agravan el descontento. Más del 30% de los jóvenes están desempleados, y la inflación golpea a las clases medias y bajas. El país ocupa el puesto 151 de 180 en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparency International, lo que revela niveles sistémicos de mala gestión.

¿Cuál es el papel de la comunidad internacional?

La comunidad internacional ha reaccionado con tibieza. Francia, antiguo colonizador de Camerún y aún con importantes intereses económicos en el país, se ha limitado a llamar al diálogo. Estados Unidos y la Unión Europea expresaron su preocupación por la represión, pero no han impuesto sanciones ni condicionado su ayuda.

Las organizaciones de derechos humanos piden acciones más contundentes: sanciones selectivas contra altos mandos responsables de la violencia, supervisión internacional para futuras elecciones y apoyo a la sociedad civil camerunesa.

¿Está el pueblo camerunés listo para un cambio?

A pesar del miedo infundido por décadas de represión, sectores crecientes de la sociedad camerunesa —especialmente los jóvenes— están perdiendo el temor a hablar y manifestarse. Las redes sociales han permitido que las denuncias traspasen fronteras y que las voces de la oposición tengan eco fuera del país.

Las palabras de una estudiante manifestante en Douala, recogidas por un medio local, resumen el sentir popular: “No luchamos solo por un presidente, luchamos por nuestra dignidad y nuestro derecho al futuro”.

¿Qué puede pasar en los próximos meses?

El escenario inmediato es incierto. Si bien Biya parece decidido a mantenerse en el poder, la presión internacional y un potencial colapso económico podrían cambiar la balanza. Otros países africanos, como Zimbabue o República Democrática del Congo, han experimentado caídas de regímenes aparentemente inamovibles después de un punto de inflexión.

Mientras tanto, la oposición busca estrategias para sostener la presión —a través de paros nacionales, bloqueos y protestas virtuales— mientras pide justicia por los muertos y por los cientos de detenidos.

El final de una era ¿o el inicio de una nueva?

El régimen de Paul Biya se enfrenta a su mayor desafío en décadas. El pueblo ha dicho basta, y aunque el camino hacia una transición política será difícil, parece cada vez más inevitable. Incluso para Biya, cuya longevidad política ha sido parte de su sello, el tiempo podría estar agotándose.

El precio que Camerún está pagando por una presidencia eterna es demasiado alto. Represión, muertos, un país dividido. Pero también emerge una esperanza: la de una generación que no está dispuesta a heredar el miedo ni a aceptar un destino impuesto por aquellos que se niegan a dejar el poder.

Redacción: Mundo Reporte

Este artículo fue redactado con información de Associated Press