Desclasificación de los Archivos Epstein: Una Cuenta Pendiente con la Transparencia en EE.UU.

Tras años de rumores, conexiones políticas y encubrimientos, el Congreso de EE.UU. debate liberar todos los documentos del caso que sacudió a las élites

El fantasma de Epstein vuelve a sacudir Washington

Jeffrey Epstein murió en una celda federal en 2019 en circunstancias que, a día de hoy, siguen siendo materia de debate. Su muerte, oficialmente clasificada como suicidio, solo alimentó una marea de teorías conspirativas y una férrea desconfianza ciudadana hacia las instituciones encargadas de impartir justicia. ¿Quién protegía a Epstein? ¿Cuánto sabían sus influyentes amigos y asociados? Ahora, el Congreso estadounidense podría dar un paso sin precedentes hacia la transparencia.

La Cámara de Representantes obligada a actuar

Gracias a una herramienta poco común pero poderosa —una petición de descarga— la Cámara de Representantes se prepara para votar en los próximos días el Epstein Files Transparency Act. La legislación obligaría al Departamento de Justicia a liberar todos los documentos y comunicaciones relacionadas con Epstein y su red de tráfico sexual. La petición tomó impulso gracias a la firma número 218, conseguida por la congresista Adelita Grijalva el día mismo de su juramentación. Esto permitió superar el umbral necesario legalmente para forzar una votación.

El proyecto cuenta con apoyo transversal. Fue introducido en julio por el demócrata Ro Khanna (California) y el republicano Thomas Massie (Kentucky). Desde entonces ha sido respaldado por todos los demócratas y un pequeño pero creciente bloque del Partido Republicano, incluyendo nombres polémicos como Marjorie Taylor Greene y Lauren Boebert.

¿Qué revelará la ley?

La ley instruye al Departamento de Justicia a publicar todos los documentos sobre Epstein, su red de abusos y las investigaciones relacionadas, incluyendo las circunstancias de su muerte en custodia. Sin embargo, permite proteger la identidad de las víctimas o detalles que puedan interferir en investigaciones vigentes.

Un aspecto crucial es que la legislación prohíbe expresamente ocultar información simplemente por razones de "vergüenza, daño reputacional o sensibilidad política", una cláusula que apunta directamente a las figuras públicas que podrían haberse beneficiado del silencio institucional. Esto incluye a políticos, funcionarios gubernamentales y dignatarios extranjeros vinculados al caso.

Trump en el centro de las sospechas

Uno de los documentos más incendiarios es un correo de Epstein de 2019, dirigido a un periodista, que afirma que Donald Trump "sabía sobre las chicas". La Casa Blanca ha contraatacado con acusaciones de filtraciones selectivas por parte de los demócratas para dañar la imagen del expresidente.

Trump, por su parte, ha intentado persuadir a legisladores republicanos para que retiren su apoyo a la medida, acusando en su red Truth Social que todo es "una trampa demoníaca de los demócratas". No obstante, figuras como Thomas Massie han apelado al expresidente para que sea él mismo quien ordene la desclasificación de los documentos, sugiriendo que aún está a tiempo de convertirse en "el héroe de la transparencia".

¿Una rebelión en el GOP?

Pese a los intentos de Trump, el número de republicanos dispuestos a apoyar la ley está creciendo. Algunos, como Don Bacon, ya han anunciado públicamente que votarán a favor, aunque no firmaron inicialmente la petición.

El presidente de la Cámara, el republicano Mike Johnson, ha negado querer entorpecer la iniciativa por razones políticas, e incluso ha prometido acelerar su tratamiento tras alcanzar el umbral de firmas. No obstante, destacó problemas con el lenguaje del proyecto, alegando que no protegía adecuadamente a las víctimas.

¿Y el Senado?

La verdadera prueba podría estar en el Senado, donde, aunque el Partido Republicano tiene mayoría (53–47), se requerirían al menos 60 votos para superar las posibles maniobras dilatorias.

El senador John Thune (R–Dakota del Sur) fue cauteloso al respecto, afirmando que "no puede dar garantías en este punto". Sin embargo, remarcó que el Departamento de Justicia ya ha liberado miles de documentos —más de 20,000 solo esta semana—, y que confía en su criterio para proteger a las víctimas. Pero muchos activistas y legisladores insisten en que el DOJ solo ha mostrado la punta del iceberg.

El poder de los documentos

Para comprender la magnitud del caso Epstein conviene recordar algunos datos. En su mansión de Palm Beach se hallaron más de 1,000 fotos incriminatorias; su avión privado, el tristemente célebre "Lolita Express", transportó a celebridades, académicos y políticos a su isla privada en decenas de ocasiones.

Entre los nombres ligados de una forma u otra a Epstein o su asistente Ghislaine Maxwell (condenada en 2021) se cuentan a Bill Clinton, Donald Trump, el príncipe Andrés de Inglaterra, Elon Musk, Bill Gates, y académicos de Harvard y MIT. Muchas de estas conexiones han sido difusas, negadas o ignoradas por los grandes medios, lo que solo ha intensificado el escepticismo público.

¿Todo es política?

Como todo en Washington, incluso una cruzada por la justicia puede verse teñida de suspicacia partidista. Parte de la derecha radical ve en ello una forma de atacar a viejos enemigos (como Clinton), mientras que desde la izquierda es una oportunidad para desenmascarar los vínculos de Trump. En el centro, millones de estadounidenses simplemente desean verdad y justicia, sin importar el costo político.

Y es que la lucha por liberar estos documentos no solo respira anhelos de escándalo, sino también una necesidad fundamental de restaurar la fe pública en el sistema. Según una encuesta de Reuters/Ipsos de 2023, el 62% de los estadounidenses cree que "al menos algunos documentos importantes sobre Epstein han sido ocultados deliberadamente".

Repercusiones globales

Este no es un asunto puramente doméstico. Las ramificaciones del caso llegan hasta Europa, el Medio Oriente y América Latina. La reciente publicación del periodista Jacques Peretti en el periódico británico The Guardian destacó cómo Epstein utilizó redes globales de tráfico y lavado de dinero con la probable connivencia de bancos y consulados.

Además, expertos en derechos humanos de la ONU han solicitado que se investigue "más allá de las fronteras estadounidenses" este esquema de explotación que pudo ser tolerado por autoridades en múltiples países.

¿Qué está en juego?

Si la ley es aprobada por ambas cámaras del Congreso y llega al escritorio del presidente, Trump tendría la potestad de vetarla. Dado su historial de oposición, ese escenario es altamente probable. Para anular el veto se necesitarían dos tercios de ambas cámaras, una mayoría excepcional difícil de alcanzar. Desde 2009, solo en dos ocasiones se ha revocado un veto presidencial.

En este contexto, el llamado de Thomas Massie no suena descabellado: Trump aún puede liberar los archivos voluntariamente. Eso le permitiría tomar control del relato, presentarse como defensor de la verdad y evitar una derrota legislativa altamente pública si el Congreso logra imponerse a su sentido del deber político.

Una herida aún abierta

El caso Epstein, pese a que ha perdido presencia en los titulares, continúa siendo una de las heridas más profundas en la conciencia colectiva estadounidense. Implica no solo explotación y abuso, sino también encubrimiento al más alto nivel.

La votación que se aproxima podría marcar un antes y después. No porque revele un nuevo nombre famoso —que bien podría suceder—, sino porque mostrará si EE.UU. tiene la madurez institucional para enfrentar su pasado más oscuro sin velos ni eufemismos.

La transparencia, como la justicia, no debería depender de la conveniencia política.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press