El costo oculto de una parálisis política: ¿Cómo afecta un cierre del gobierno a la economía real?

Impactos financieros, laborales y de transporte tras seis semanas de cierre gubernamental en EE. UU.

El cierre de gobierno más prolongado desde 2019: un freno económico costoso

Durante seis semanas, el gobierno de Estados Unidos estuvo cerrado, dejando un saldo costoso tanto en términos humanos como económicos. A diferencia del cierre parcial ocurrido en 2018-2019, esta vez las afectaciones fueron mucho más profundas. Más allá del debate político en Washington, más de 1.25 millones de empleados federales no recibieron sus salarios desde el 1 de octubre. Las consecuencias se expandieron como una onda sísmica por distintas áreas de la economía estadounidense, afectando desde el tráfico aéreo hasta la moral del consumidor.

1. Sueldos congelados: el golpe silencioso a miles de familias

Según proyecciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO), los trabajadores federales dejaron de percibir 16 mil millones de dólares en sueldos durante el cierre. Aunque estos fondos serán repuestos una vez reabierto el gobierno, el daño ya está hecho. Muchas familias pospusieron compras grandes, recortaron gastos en restaurantes y cancelaron viajes. Como señala Heather Long, economista jefe en Navy Federal Credit Union: “La paralización ha sido perjudicial para la economía estadounidense y para la recolección crítica de datos sobre empleo, precios, y más”.

Además, los contratistas federales —estimados en 5.2 millones por Oxford Economics— podrían no recibir compensación retroactiva. Esto impacta a contratistas específicos, desde arquitectos hasta personal de TI. Algunos estados como Maryland (5.5%), Alaska (3.8%) y Nuevo México (2.9%) tienen un mayor porcentaje de empleados federales en su fuerza laboral, exacerbando el efecto regional.

2. La aviación, en caída libre: 10,000 vuelos cancelados

La Administración Federal de Aviación (FAA) ordenó cancelar más de 10,000 vuelos durante la crisis, afectando a miles de viajeros y suponiendo pérdidas multimillonarias para la industria. De acuerdo con Tourism Economics, la pérdida en gasto relacionado al turismo se calculó en $63 millones por día. Multiplícalo por 42 días: 2.6 mil millones de dólares.

Los controladores de tráfico aéreo, forzados a trabajar sin paga, comenzaron a ausentarse por fatiga y tensión. Solo el sábado pasado, 81 centros de control FAA notificaron escasez crítica de personal. La situación se asemejó más a una tormenta de nieve económica que paraliza aeropuertos, pero sin condiciones climáticas adversas.

3. La Reserva Federal, a ciegas: sin datos clave de inflación y empleo

El cierre cortó el suministro de datos vitales que la Reserva Federal (Fed) utiliza para tomar decisiones sobre tasas de interés. El presidente de la Fed, Jerome Powell, comparó la decisión con manejar en medio de una neblina económica: “¿Qué hace uno cuando maneja con niebla? Reduce la velocidad”.

Se omitieron dos informes mensuales de empleo y posiblemente se pierda de forma definitiva el dato de inflación de octubre. Esto pone en riesgo una tercera reducción de tasas prevista para diciembre, y podría desalentar el consumo y la inversión.

La presidenta de la Fed de Boston, Susan Collins, admitió sentirse “reacia a respaldar otro recorte” dada la falta de información fidedigna. Esto pone en peligro la previsibilidad financiera que necesitan inversionistas y grandes empresas.

4. Restaurantes sin reservas, consumidores sin confianza

Los restaurantes, uno de los sectores más sensibles a cualquier perturbación económica, reportaron caídas en sus reservas. Mientras algunos ingresos se recuperarán con el tiempo, otros —como cenas pospuestas o eventos especiales— se perderán para siempre.

De acuerdo con la Universidad de Michigan, el índice de sentimiento del consumidor cayó a 50.4, el nivel más bajo en tres años. Se registró una disminución del 30% en comparación con el mismo mes del año anterior. Esto tiene peso real: bajo sentimiento implica menos consumo, y menos consumo significa menor crecimiento.

5. Caída en inversión federal: contratos detenidos y equipos sin comprar

Más allá de los sueldos congelados, el sector público dejó de emitir nuevos contratos y redujo la compra de bienes. Según Bernard Yaros, economista de Oxford Economics, diariamente se ponían en peligro $800 millones en nuevos contratos. Agencias clave como el Departamento de Defensa y NASA sufrieron una interrupción casi total en adjudicaciones.

6. Alimentación en juego: 42 millones de personas afectadas

El programa SNAP (cupones de alimentos) también sufrió retrasos. Se atrasó el pago de $8 mil millones en asistencia que afecta a 42 millones de hogares. Aunque muchos estados comenzaron a distribuir los beneficios de forma acelerada tras el fin del cierre, el impacto ya causó un freno notable en el consumo de alimentos en los hogares más vulnerables.

7. Un costo que no se recuperará por completo

Algunos efectos del cierre se disiparán en los próximos meses, como el regreso del consumo gracias al pago retroactivo a empleados estatales. No obstante, la Oficina de Presupuesto del Congreso calcula que el impacto real será una pérdida permanente de al menos 11 mil millones de dólares.

En el cuarto trimestre de este año, el crecimiento económico habría caído en 1.5 puntos porcentuales por el cierre. Aunque se espera una recuperación de 2.2 puntos en el primer trimestre del año siguiente, algunos daños no se revertirán: vuelos no retomados, contratos no asignados, comidas no servidas…

¿Un nuevo síntoma de disfunción política?

Este cierre masivo no solo representa un tropiezo económico, sino también un reflejo de una creciente disfunción política. Difícilmente se puede sostener una economía resistente a los vaivenes globales cuando el mismo gobierno es un factor de inestabilidad interna.

Estados Unidos se enfrenta a desafíos económicos como una inflación persistente, contrataciones débiles y tensiones comerciales prolongadas. Añadir parálisis política solo limita la capacidad de respuesta institucional. Y lo que se rompe en semanas, puede tardar años en reconstruirse.

En palabras de John K. Hurley del Departamento del Tesoro: “Nuestro mensaje a quienes apoyan la disfunción es claro: el costo es real y medible.”

Este artículo fue redactado con información de Associated Press