El duelo silencioso de los Cowboys: cómo la muerte de Marshawn Kneeland marcó al equipo
Entre tragedia, hermandad y resiliencia, los Dallas Cowboys buscan mantenerse en pie tras la pérdida de uno de los suyos
Una pérdida que sacudió al vestidor
El mundo del fútbol americano profesional suele estar rodeado de épica, espectáculo y adrenalina. Pero detrás de cada jugada y cada victoria se esconden vidas reales, emociones profundas y, en ocasiones, tragedias inesperadas. La reciente muerte del liniero defensivo Marshawn Kneeland, de tan solo 24 años, ha dejado una huella imborrable en los Dallas Cowboys.
El joven jugador fue encontrado sin vida tras evadir a la policía durante un intento de detención por una infracción de tránsito. Según informes oficiales, Kneeland murió por suicidio, un acontecimiento que dejó al equipo consternado, justo cuando atravesaban su semana de descanso. La noticia se confirmó el jueves previo al regreso a los entrenamientos, una sesión cargada de emociones.
Para el mariscal de campo Dak Prescott, cuyo hermano también murió por suicidio en 2020, la práctica supuso una mezcla de dolor y determinación. “Sentía que Marshawn me acompañaba en cada movimiento... así que corría con más fuerza o trataba de ser mejor compañero. Fue una buena práctica. No lo olvidamos, pero seguimos adelante, llevando su luz con nosotros”, expresó Prescott.
Solomon Thomas y Dak Prescott: líderes con heridas compartidas
Uno de los gestos más poderosos surgió del testimonio de Solomon Thomas, quien se unió a Prescott para hablar desde la práctica a puertas cerradas. Tanto Thomas como Dak vivieron pérdidas similares que les permitieron conectar de manera especial con el dolor del equipo.
Thomas perdió a su hermana, Ella, también por suicidio, exactamente a la misma edad que Marshawn. Durante su intervención con los medios, enfatizó cómo ha aprendido a transformarse a través del duelo: “Vivo por ella. Trato de aplicar las cualidades que aprendí de ella, recordando su sonrisa, sus risas... y sostengo su espíritu conmigo cada día”.
Ambos jugadores insistieron en no centrar la atención en su conexión personal con esta tragedia, sino en guiar al equipo desde la empatía, priorizando el acompañamiento colectivo frente al dolor.
El valor de los rituales compartidos
La presencia del equipo durante el vigilante grupo con velas realizada el martes fue clave para su proceso de duelo. En palabras de Prescott: “Mis días más duros fueron antes de reunirnos nuevamente. Cuando al fin nos vimos ese lunes, y luego compartimos en la vigilia del martes, fue muy curativo. No hay palabras para describir lo importante que fue ese momento compartido”.
En el fútbol americano, donde la fortaleza se valora en el físico y la estrategia, hay un aprendizaje que la tragedia les está dando a los Cowboys: también hay fuerza en la vulnerabilidad y en demostrar emociones.
Un equipo que juega para sanar
El ambiente durante la primera práctica tras la pérdida no fue distinto en sus formas: música fuerte, bromas entre jugadores, ejercicios supervisados por el coordinador ofensivo Brian Schottenheimer. Sin embargo, todos sabían que algo era diferente. Schottenheimer lo explicó sin rodeos: “Sólo sé hacer esto de una manera. Ser honesto, ser auténtico. Si cambio ahora, los jugadores lo notan. Estoy aquí para guiarlos y ellos quieren seguir adelante... quieren jugar”.
No es una frase lanzada al azar. El equipo debe enfrentarse el lunes a los Raiders de Las Vegas con un récord de 3-5-1, necesitando casi una campaña perfecta para tener opciones reales de llegar a playoffs. Pero más allá de las matemáticas competitivas, las emociones serán protagonistas en ese partido.
Thomas lo resumió con sabiduría al decir: “El deporte es más que lanzar un balón. Es unir diferentes historias, personas diversas, que traen su dolor, sus pérdidas… Nos acogemos unos a otros por un objetivo común. Esta vez, ese objetivo también es jugar por Marshawn”.
El duelo continúa fuera del campo
Incluso después de volver al trabajo, muchos jugadores aún no han logrado comprender del todo la tragedia. Osa Odighizuwa, tackle defensivo, lo expresó con franqueza: “Antes del entrenamiento, miré hacia mi casillero y sentí que lo vi... pero no. Fue otra persona. Esos momentos te golpean de frente. Todavía estoy procesándolo, aún no se siente completamente real”.
Los expertos en salud mental suelen destacar la importancia del apoyo entre pares ante este tipo de pérdidas. En deportes de alto rendimiento, hablar abiertamente del suicidio y la salud mental aún es considerado poco común, pero los Cowboys han dejado entrever que están dispuestos a cambiar esa narrativa desde dentro.
Una tragedia, una oportunidad de cambio
Prescott, desde hace años, se ha manifestado abiertamente sobre la salud mental en la NFL, algo que en su momento recibió críticas –incluso del conocido comentarista Skip Bayless– que fueron ampliamente condenadas socialmente. Hoy, su liderazgo encuentra aún más sentido a medida que aporta experiencia y escucha activa en momentos tan dolorosos como el actual.
“Salir del duelo no es olvidarlo. Es vivir por esa persona. Llevarla contigo en cada paso”, repitió con convicción. Un mensaje que puede inspirar no solo a los jugadores, sino también a miles de aficionados y jóvenes atletas que luchan con sus propios fantasmas en silencio.
Una liga que debe mirar hacia adentro
Este tipo de tragedias también reabre el debate sobre el papel que la National Football League (NFL) debe desempeñar más allá del campo. ¿Se están abordando suficientemente los riesgos de salud mental entre los jugadores? ¿Existen acompañamientos psicológicos adecuados más allá del rendimiento deportivo?
Las estadísticas son claras. Según la American Foundation for Suicide Prevention, anualmente en EEUU mueren más de 45,000 personas por suicidio, siendo la segunda causa de muerte entre personas de 15 a 34 años. Los atletas profesionales no son inmunes. Riesgos como el aislamiento, la presión constante por rendir, lesiones recurrentes y falta de identidades más allá del deporte profesional elevan las cifras entre deportistas.
En este contexto, el caso de Kneeland no solo es una dolorosa excepción, sino una llamada de atención insistente hacia toda la industria del deporte para que priorice el bienestar integral de sus atletas.
El legado de Marshawn Kneeland
Más allá de número de partidos jugados o tackles logrados, Marshawn Kneeland se ha convertido en una figura que puede conectar al deporte con temas mucho más humanos y apremiantes. Para sus compañeros, será recordado como un espíritu cálido, generoso y profundamente querido. Para los fanáticos, su nombre puede ser el inicio de un nuevo diálogo sobre salud mental y empatía en el deporte de alto nivel.
Y como concluyó Thomas, aquel día en el entrenamiento: “Vivamos por él. Apliquemos sus mejores virtudes. Llevemos con nosotros su sonrisa y su memoria. Ese, quizá, sea el verdadero triunfo”.