El precio del clima: Agricultores surcoreanos demandan a la eléctrica nacional por pérdidas agrícolas

En una inédita demanda, granjeros atribuyen sus pérdidas a la crisis climática y responsabilizan a KEPCO por su dependencia del carbón. ¿Puede una demanda cambiar el futuro energético de Corea del Sur?

Una cosecha en ruinas y un grito de ayuda

En una fría y húmeda mañana de otoño, Hwang Seong-yeol observaba con ansiedad cómo una cosechadora se abría paso a través de su arrozal empapado en Seosan, Corea del Sur. Las lluvias incesantes de semanas anteriores dejaron el terreno fangoso, y el arroz sobrante comenzaba ya a brotar antes de ser recolectado. El agricultor, con más de 30 años de experiencia, sabía que este sería uno de los peores años de su carrera.

La escena no es un caso aislado. En todo el país, numerosos agricultores enfrentan condiciones meteorológicas cada vez más impredecibles: lluvias torrenciales, olas de calor, primaveras tardías y hongos que brotan en campos empapados. En 2024, Corea del Sur registró su año más caluroso desde que existen registros. Para estos agricultores, no se trata de simples variaciones estacionales, sino de verdaderos "desastres agrícolas".

Una demanda sin precedentes contra el gigante eléctrico

Ante este panorama, Hwang y otros cuatro agricultores de distintas regiones surcoreanas decidieron actuar. Junto con la ONG Solutions for Our Climate, presentaron en 2025 una demanda sin precedentes contra KEPCO (Korea Electric Power Corporation) y sus filiales. Acusan a la empresa estatal —responsable exclusiva del transporte de electricidad en el país— de contribuir activamente al cambio climático debido a su dependencia de los combustibles fósiles.

“Cada año perdemos cosechas, invertimos más en pesticidas, utilizamos más mano de obra, obtenemos menos rendimiento, y seguimos igual. ¿Quién compensa esto?”, se pregunta Hwang.

El argumento legal

La abogada Yeny Kim, quien representa a los demandantes, explicó que las empresas del grupo KEPCO fueron responsables de aproximadamente el 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero de Corea del Sur entre 2011 y 2022. Según sus cálculos, eso equivale aproximadamente al 0.4% de las emisiones globales, y por ello argumentan que deben asumir al menos el mismo porcentaje de responsabilidad sobre las pérdidas sufridas por los agricultores.

La demanda pide una compensación inicial de 5 millones de wones (unos 3,400 dólares) por agricultor, más una suma simbólica de 2,035 wones (1.4 dólares) como presión para que Corea del Sur cierre sus plantas de carbón antes de 2035, cinco años antes de lo previsto.

¿Qué tan culpable es KEPCO del cambio climático?

Según datos del gobierno, más del 71% de la electricidad generada por las cinco filiales de KEPCO en 2024 provenía del carbón, mientras que solo el 10.5% procedía de fuentes renovables. En contraste, el promedio de los países de la OCDE en 2023 fue de 33.49% de energía renovable.

El gobierno ha prometido alcanzar una cuota del 32.95% de renovables para 2038, pero para muchos expertos, ese ritmo es insuficiente.

KEPCO, por su parte, afirma que planea reducir sus emisiones un 40% para 2030 respecto a los niveles de 2018. Sin embargo, se ha negado a comentar más sobre la demanda, citando que cualquier declaración podría afectar el veredicto.

Uno de los principales obstáculos para KEPCO es su gigantesca deuda, que supera los 200 billones de wones (unos 137 mil millones de dólares), resultado de décadas de políticas gubernamentales que mantuvieron tarifas eléctricas bajas.

El lado simbólico de una guerra contra gigantes

Para la profesora Yun Sun-jin de la Universidad Nacional de Seúl, el valor de la demanda es principalmente simbólico. "Aunque es improbable que se pueda demostrar que KEPCO es directamente responsable de los daños agrícolas, esta demanda pone en evidencia la lenta transición energética del país", afirmó.

Yun plantea soluciones más estructurales: desregular la inversión en energía solar, fomentar la eólica marina e incluso romper el monopolio de KEPCO sobre la transmisión de electricidad para permitir la competencia con nuevas tecnologías.

Yun también advierte sobre el impacto futuro: "Si Corea del Sur no acelera su transición energética, podría ver comprometido su liderazgo tecnológico en sectores clave como los semiconductores avanzados y la inteligencia artificial".

El peso humano de la crisis climática

Más allá de las cifras, el verdadero impacto es humano. Agricultores como Ma Yong-un, productor de manzanas en Hamyang, han tenido que adoptar prácticas extremas para proteger sus cultivos. En 2025, por primera vez, cubrió cada fruta de sus 2,200 árboles con una mezcla de sulfato de cobre y cal para evitar hongos y daños solares.

“Cada temporada es peor que la anterior”, dice. “Y me preocupa especialmente qué futuro les espera a mis hijos si esto sigue así”. Ma comenzó a tomar conciencia de la magnitud del cambio climático en 2018, cuando una nevada inesperada en abril destruyó gran parte de sus flores. Desde entonces, las temporadas se han vuelto más impredecibles y las plagas, más resistentes.

El sentimiento es compartido por agricultores de tangerinas en la isla de Jeju, cultivadores de fresas en Sancheong y muchos otros a lo largo del país. Todos enfrentan costos más altos y rendimientos más bajos.

Corea del Sur y el dilema energético del siglo XXI

Corea del Sur ha logrado una industrialización meteórica en las últimas décadas, posicionándose como una potencia tecnológica y manufacturera. No obstante, este desarrollo se ha sustentado en una fuerte dependencia de fuentes de energía contaminantes. Hoy, esa elección comienza a pasar factura.

Mientras los agricultores llevan su lucha a los tribunales, el país enfrenta presiones internacionales para dejar atrás los combustibles fósiles y cumplir con los compromisos de carbono cero. A nivel interno, cada año se suma más evidencia de que el cambio climático no es un problema futuro, sino una realidad presente.

“La neutralidad en carbono ya no es solo una meta ambiental. Es un tema económico y existencial”, concluye Yun.

¿Una nueva era para el activismo climático rural?

La decisión de los agricultores de Corea del Sur de demandar a una corporación estatal marca un giro inédito en el activismo climático del país. Tradicionalmente enfocado en el ámbito urbano o académico, el debate climático empieza ahora a emerger desde los campos, donde los cambios se sienten en cada kilo menos de arroz, cada fruta dañada, cada año más impredecible.

Quizás la demanda solo tenga un impacto simbólico, pero lo simbólico tiene poder si logra cambiar narrativas, inspirar políticas y mover conciencias. Y en un mundo donde el clima no espera, no hay tiempo que perder.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press