Taiwán bajo el agua: la tormenta tropical Fung-wong revela la vulnerabilidad climática de la isla
Con más de 42 pulgadas de lluvia en menos de una semana, Taiwán lucha contra inundaciones, deslizamientos y una crisis natural que podría volverse la nueva normalidad
Una isla en alerta máxima
Desde el lunes, Taiwán ha vivido uno de los episodios meteorológicos más intensos de los últimos años. La depresión tropical Fung-wong, que previamente había azotado Filipinas como supertifón, tocó tierra en el sur de la isla el miércoles en la noche, causando estragos en varias regiones con lluvias torrenciales, inundaciones y deslizamientos de tierra.
Al menos 95 personas resultaron heridas como consecuencia directa de las tormentas, y más de 8.500 personas fueron evacuadas de zonas costeras y montañosas ante el inminente riesgo. En el norte, el condado de Yilan registró más de 1,065 metros (42 pulgadas) de lluvia en solo unos días. Si bien las escuelas y oficinas reabrieron después de dos días de cierre, los daños materiales y el temor a nuevos desastres persisten.
La tormenta que paralizó Taiwán
Aunque la tormenta perdió velocidad conforme se acercaba al territorio taiwanés, su legado de destrucción quedó claro. En la aldea de Mingli, en el condado oriental de Hualien, un riachuelo desbordado provocó inundaciones severas que paralizaron la vida local. Además, algunos tramos importantes de autopistas quedaron intransitables debido al agua acumulada.
En la ciudad portuaria de Keelung y en la capital, Taipei, el pronóstico se mantuvo sombrío durante el jueves. Las autoridades meteorológicas advirtieron sobre riesgo elevado de derrumbes, deslaves y la caída de objetos debido a las fuertes ráfagas que, si bien descendieron desde los 150 km/h iniciales, aún superaban los 50 km/h en ciertas zonas.
Una tormenta con historia: ¿quién es Fung-wong?
El nombre Fung-wong proviene del chino y refiere a una figura mitológica similar al fénix. Irónicamente, esta no es la primera vez que una tormenta con ese nombre golpea Asia. En 2014, otra depresión bautizada con el mismo nombre provocó hasta 70 mm de precipitaciones en una hora en Manila, Filipinas, provocando caos urbano. La actual reencarnación de Fung-wong ha sido menos catastrófica, pero más constante y expansiva.
Fung-wong hizo su entrada en Filipinas como supertifón, cobrando al menos 27 vidas antes de encaminarse hacia Taiwán. Aunque se degradó a depresión tropical al pasar la isla de Luzón, su capacidad destructiva fue evidente con el nivel de afectación en un país altamente preparado para tifones como Taiwán.
Inundaciones: ¿el nuevo rostro del cambio climático en Asia?
Eventos meteorológicos como Fung-wong ya no pueden verse como fenómenos aislados. Para muchos expertos, estas tormentas están siendo exacerbadas por el cambio climático. Según datos de la Administración Meteorológica Central de Taiwán, la frecuencia de lluvias intensas se ha duplicado en los últimos 20 años, y el promedio anual de días con más de 200 mm de precipitación ha crecido de forma sostenida.
Un reciente informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) advierte que el sudeste asiático está en una zona de riesgo extremo por precipitaciones inesperadas, aumento del nivel del mar y temperaturas más cálidas. La combinación de estos factores podría significar para países insulares y costeros —como Taiwán— una transformación estructural de su entorno natural y urbano.
Taiwán y la resiliencia como estrategia de supervivencia
A pesar de los estragos, Taiwán es un país acostumbra a prepararse con antelación. Medidas como evacuaciones preventivas, sistemas avanzados de alerta temprana y una red de respuesta histórica han conseguido reducir el impacto humano. A modo de ejemplo, en 2009 el tifón Morakot dejó más de 600 muertos; hoy, eventos similares tienen una tasa de mortalidad mucho menor gracias a los aprendizajes institucionalizados.
Taipei ha invertido millones de dólares en infraestructura resiliente, entre ellos canales subterráneos, parques inundables y estaciones de bombeo automáticas. Sin embargo, la realidad impuesta por el calentamiento global hace cuestionarse si estas medidas seguirán siendo suficientes.
La memoria climática de una sociedad golpeada
No se puede hablar de desastres naturales en Taiwán sin mencionar cómo estos eventos se inscriben en la conciencia colectiva. Las lluvias traen ecos del devastador terremoto del 21 de septiembre de 1999, cuando más de 2.000 personas fallecieron. Cada inundación recuerda aquella madrugada donde el suelo dejó de sostener a sus habitantes.
Hoy, aunque la amenaza se dibuja desde el cielo y no desde la tierra, la percepción de inseguridad persiste. Las familias en zonas vulnerables como Hualien o Pingtung viven con bolsas de emergencia listas, y los simulacros escolares incluyen desde evacuaciones por terremotos hasta salvavidas ante posibles inundaciones.
El turismo también siente el golpe
Con su vibrante capital y sus paisajes naturales exuberantes, Taiwán ha cultivado una industria turística en crecimiento. Fung-wong llegó en un periodo particularmente desafortunado del calendario: el inicio de la temporada alta de otoño, cuando miles de visitantes de China continental, Japón y Corea del Sur suelen recorrer la isla.
Las cancelaciones de vuelos, interrupciones en los trenes de alta velocidad (HSR) y la suspensión de actividades en parques nacionales representan un golpe económico que aún está siendo calculado. La Oficina de Turismo de Taiwán estima que más de 12.000 turistas reprogramaron o cancelaron sus visitas.
¿Qué podemos aprender y hacia dónde va Taiwán?
El paso de Fung-wong no debería ser visto solo como una crisis puntual, sino como un referente de lo que puede convertirse en recurrente. La planificación urbana con perspectiva climática, la descentralización de los recursos de emergencia y el uso de tecnologías para monitoreo en tiempo real deben mantenerse como prioridades.
De no reforzar estas políticas, Taiwán —y otros territorios con características similares— podrían enfrentar consecuencias humanas y materiales cada vez más devastadoras. El gobierno ha anunciado nuevas inversiones por 2.000 millones de dólares en ingeniería ambiental para el próximo quinquenio, que incluyen diques inteligentes, monitoreo satelital y educación comunitaria en resiliencia.
Mientras las lluvias amainan y el agua comienza a retirarse de las calles, la pregunta que rodea a millones de taiwaneses es clara: ¿estamos lo suficientemente preparados para la próxima Fung-wong?
Solo el tiempo —y el clima— lo dirán.
