¿Debería seguir existiendo el uso turístico de carruajes tirados por caballos en el Central Park?
Debate encendido en Nueva York: entre la tradición icónica, el trabajo justo y la protección animal
Una tradición centenaria bajo presión
Los carruajes tirados por caballos en Central Park son parte prominente del imaginario neoyorquino desde hace más de 150 años. Iconos de películas, postales y recuerdos turísticos, estos carruajes han sido símbolo de romanticismo y tradición. Sin embargo, en pleno siglo XXI, un intenso debate ha surgido entre quienes insisten en mantener este legado y los que claman por su abolición en nombre del bienestar animal y la seguridad urbana.
El pasado viernes, el Comité de Salud del Concejo Municipal de Nueva York rechazó un proyecto de ley que buscaba prohibir estas actividades turísticas. Dicha votación desató una tormenta de reacciones, tanto de defensores de los conductores como de activistas por los derechos de los animales.
El colapso que reavivó el fuego
El debate cobró especial intensidad durante el verano, cuando un caballo colapsó y murió cerca de sus establos. Las imágenes desgarradoras del cuerpo del animal en medio de la vía pública circularon por redes sociales y medios, provocando una segunda ola de indignación entre defensores de derechos animales.
"Caballos han colapsado, incluso muerto en las calles recientemente. Múltiples han tenido incidentes violentos en los que se espantan y corren sin control, estrellándose contra vehículos y poniendo en peligro a transeúntes", denunció NYCLASS (New Yorkers for Clean, Livable and Safe Streets), una influyente organización activista que lleva años exigiendo el cese de esta actividad.
Una industria defendida desde dentro
La respuesta vino de la mano del Sindicato de Trabajadores del Transporte de América, que representa a los conductores de los carruajes. Aplaudieron la decisión del comité y aseguraron que sus representados son "inmigrantes trabajadores que cuidan de sus caballos" y que han sido blanco de ataques injustos de grupos con intereses ajenos al bienestar animal.
John Samuelsen, presidente del sindicato, remarcó: “Han sido atacados y calumniados por intereses acaudalados que no se preocupan realmente por el bienestar animal”.
¿Tradición, negocio o maltrato?
Lo cierto es que estas posturas reflejan una dicotomía más amplia entre tradición y progreso. Por un lado, muchos turistas siguen considerando los paseos en carruaje como una experiencia “auténtica” de Nueva York. Por otro, críticas estructurales a la industria han cobrado cada vez mayor tracción.
Los activistas acusan a la industria de mantener a los caballos en establos inadecuados, exponerlos a estrés constante por el tráfico y hacerlos trabajar tantísimas horas que su calidad de vida se ve seriamente comprometida. En 2019, una investigación de NYCLASS mostró caballos trabajando en temperaturas extremas y sin suficiente descanso.
El rol de la seguridad en el debate
Quienes buscan prohibir los carruajes también enfatizan los riesgos para los peatones, conductores y los propios animales. Los caballos, por naturaleza, pueden reaccionar con nerviosismo ante sonidos fuertes o situaciones imprevistas, lo que ha causado múltiples accidentes y hospitalizaciones en los últimos años. Según datos de NYCLASS, al menos 34 incidentes graves con caballos fueron reportados entre 2018 y 2022.
El respaldo político dividido
El alcalde neoyorquino, Eric Adams, ha sido uno de los pocos líderes que se ha alineado abiertamente con la prohibición. Emitió una orden ejecutiva para reforzar la fiscalización del sector y lamentó la decisión del Concejo: “Es una vergüenza que el Concejo Municipal una vez más se niegue a seguir la voluntad de nuestros ciudadanos, al tiempo que pone en peligro a peatones, conductores y animales por igual”, expresó.
Por otro lado, el portavoz del Concejo, Adrienne Adams, defendió la negativa de avanzar con la propuesta, alegando que faltó un verdadero consenso entre las partes. Según dijo su oficina, el patrocinador del proyecto, Robert Holden, no logró “construir puentes” ni articular políticamente el apoyo suficiente.
¿Qué dicen los ciudadanos?
Encuestas recientes —como una realizada por el New York Daily News en 2022— revelaron que el 71% de los neoyorquinos están a favor de terminar con la industria de carruajes. Este apoyo ciudadano ha dinamizado la causa, convirtiéndola en un tema constante en el radar político de la ciudad.
Además, una petición online que busca reemplazar los carruajes por vehículos eléctricos sin caballos ya suma más de 215.000 firmas. El proyecto de reemplazo fue impulsado en 2019 por el diseñador y activista neoyorquino Hans Hull y contaba incluso con un prototipo funcional.
El factor económico
Uno de los argumentos centrales de quienes se oponen a la prohibición tiene que ver con el impacto económico. Se estima que hay alrededor de 68 licencias activas para conducir carruajes en Manhattan. Cada licencia representa el sustento de una familia, la de un animal, y una cadena de proveedores e intermediarios.
Pero los economistas señalan que existen formas de reconvertir esta economía mediante subsidios, licencias de transición para vehículos eléctricos turísticos, y programas de reinserción laboral. Proyectos similares han funcionado en países europeos como Alemania e Irlanda.
Central Park bajo presión
El famoso Central Park Conservancy, la organización sin fines de lucro que gestiona el mantenimiento del icónico pulmón verde, también ha expresado respaldo a la idea de clausurar los carruajes. En un comunicado señalaron que los carruajes ejercen un “impacto desproporcionado en términos de seguridad y deterioro del camino” y que la infraestructura ya no está preparada para convivir con esa actividad.
Opciones hacia el futuro
En medio de este estancamiento legislativo, varias alternativas han sido esbozadas:
- Transición voluntaria a vehículos eléctricos turísticos, asegurando la compensación de conductores.
- Mayor regulación y fiscalización para mantener estándares de bienestar animal más rigurosos.
- Cupo limitado y horarios estrictos solo en ciertas temporadas del año.
- Declarar Patrimonio Turístico Cultural solo bajo nuevas normas que garanticen la integridad física de los caballos.
La lucha continúa
El hecho de que el comité haya votado en contra no implica el fin del tema. Quienes abogan por su eliminación aseguran que seguirán adelante. Como lo expresó Holden, organizador del frustrado proyecto:
“Fue una de las demostraciones menos democráticas que he presenciado en el Concejo Municipal de Nueva York. No les importa lo que piensen los ciudadanos”.
Sea como sea, el debate de fondo va mucho más allá de los carruajes: se trata de cómo una urbe moderna como Nueva York negocia su identidad cultural frente al progreso social, ético y medioambiental.
