Baumkuchen: la historia del pastel alemán que floreció en una isla japonesa marcada por la guerra

Cómo un prisionero alemán creó un símbolo de paz y prosperidad japonesa en Ninoshima tras dos guerras mundiales y un devastador terremoto

Un pastel con raíces en la guerra

El Baumkuchen, también conocido como “pastel árbol” por sus característicos anillos que recuerdan los de un tronco, es hoy un símbolo gastronómico en Japón. Pero pocos conocen que su historia en el país no comenzó en una pastelería, sino en un campo de prisioneros de guerra durante la Primera Guerra Mundial, en una pequeña isla del oeste japonés llamada Ninoshima.

Este pastel, originario de Alemania, fue traído a Japón por un hombre llamado Karl Juchheim, un pastelero alemán capturado por el ejército japonés durante la guerra. Su historia es la de la resiliencia, el encuentro cultural, y la transformación de una receta europea en una joya de la repostería japonesa moderna.

Karl Juchheim: del cautiverio a la creación

Juchheim dirigía una panadería en Qingdao, una ciudad en la costa este de China que en ese entonces estaba bajo dominio alemán. Durante la expansión imperial japonesa en Asia, Japón capturó Qingdao en 1915, y Juchheim fue llevado junto a otros 500 alemanes a Ninoshima, una isla a solo 20 minutos en ferry desde Hiroshima.

En una época usualmente recordada por la brutalidad y el sufrimiento, Juchheim encontró una forma de resistir: retomó su oficio pastelero. Con ingredientes limitados y recursos improvisados, horneó el primer Baumkuchen de Japón sobre una vara de bambú, capa por capa, sobre un fuego de carbón. El dulce aroma empezó a llamar la atención en el campo de prisioneros.

Una adaptación japonesa con historia

Tras el fin de la guerra en 1918, Juchheim optó por quedarse en Japón, junto con unos 200 ex prisioneros. En marzo de 1919, presentó su pastel al público japonés en una feria de productos regionales de la prefectura de Hiroshima. Fue un éxito instantáneo. Su sabor único y formato inusual causaron fascinación, y fue visto como un producto extranjero lujoso y sofisticado.

Ese mismo año fundó su primera pastelería en Yokohama. Pero en 1923, el devastador terremoto de Kanto arrasó con la ciudad, obligando a Juchheim a mudarse con su esposa Elise y su familia a Kobe, uno de los puertos más importantes del oeste japonés. Allí abrió una nueva tienda, esta vez con un concepto más abordable: una cafetería donde servía Baumkuchen recién horneado.

Bombas, guerra y resistencia

La historia de Juchheim no estuvo exenta de más tragedias. En 1945, dos meses antes de la rendición oficial de Japón, bombardeos estadounidenses destruyeron su cafetería en Kobe. Ese mismo año, el 6 de agosto, un artefacto nuclear cayó sobre Hiroshima causando más de 140.000 muertes solo en esa ciudad, muchas de las cuales ocurrieron en las semanas posteriores a la explosión debido a la radiación.

Se estima que más de 10.000 heridos gravemente fueron evacuados a Ninoshima para recibir tratamiento. Muchos murieron allí, y hasta el día de hoy se siguen encontrando restos humanos no identificados enterrados en los bosques de la isla.

Juchheim, profundamente afectado por la guerra y la destrucción, falleció el 14 de agosto de 1945 en un hotel de Kobe, un día antes del anuncio oficial de la rendición japonesa que ponía fin a la Segunda Guerra Mundial. Su esposa Elise y un equipo de empleados japoneses decidieron continuar con su legado pastelero.

Juchheim Co., Ltd: tradición e innovación

Hoy, Juchheim Co., Ltd. es una de las compañías reposteras más reconocidas de Japón. Sus tiendas se encuentran en lujosos almacenes departamentales, y su versión del Baumkuchen —adaptada al gusto japonés con ingredientes como maccha, boniato y sésamo— se regala comúnmente en bodas, cumpleaños y celebraciones escolares.

Además, la isla de Ninoshima, que en su momento vio el horror de la guerra, hoy es hogar del Juchheim Ninoshima Welcome Center, donde los visitantes pueden aprender a hacer Baumkuchen como lo hacía Karl: capa por capa, girando una vara sobre el fuego de carbón.

Este proceso artesanal, lejos de ser una simple actividad recreativa, tiene un significado profundo. Tal como lo explica Kazuaki Otani, director del centro:

“Su repostería era una expresión de su deseo de paz. Compartir este momento con los visitantes ayuda a reflexionar sobre la historia y el valor de la paz.”

Baumkuchen como símbolo cultural japonés

¿Cómo llegó un pastel eminentemente alemán a convertirse en uno de los dulces emblemáticos de Japón? Esta fusión cultural no fue sencilla ni inmediata, pero fue profundamente humana. En tiempos de enemistad, lo que permanece no siempre es la violencia, sino el gesto cotidiano de compartir un sabor, una memoria, una historia.

Hoy, se realizan festivales dedicados al Baumkuchen por todo Japón, y aprender a hornearlo se ha convertido en una experiencia educativa para niños y adultos. Lejos de ser una simple moda extranjera, el pastel representa una mezcla de resiliencia, memoria histórica y reinvención cultural.

Un pastel que sobrevivió terremotos, guerras y bombas

No es común que un postre cuente una historia que involucre campos de prisioneros, catástrofes naturales, bombas atómicas y una reconstrucción nacional. Pero el Baumkuchen lo hace, y lo hace con una dulzura que va más allá del paladar.

En una época donde todo es efímero, la historia de Karl Juchheim es un recordatorio del poder transformador de la cultura —incluso a través de algo tan humilde como un pastel. Y Ninoshima, esa pequeña isla marcada por la guerra y el dolor, renace hoy como un lugar de reflexión, sabor y tradición.

Datos curiosos y contexto histórico

  • El Baumkuchen tiene más de 400 años de historia en Alemania. Se considera un símbolo de longevidad por sus anillos que imitan los del tronco de un árbol.
  • En Japón, se vendieron más de 37 millones de unidades de Baumkuchen solo entre 2021 y 2022, según datos recopilados por Nihon Ryutsu Sangyo Kenkyujyo.
  • La receta tradicional alemana usa mantequilla, huevos, azúcar y harina, pero las versiones japonesas agregan sabores locales como té verde, anko (pasta de frijol rojo) y batata morada.
  • El Centro de Bienvenida Juchheim de Ninoshima ha sido visitado por más de 220.000 personas desde su apertura en 2010.

En tiempos donde las tensiones globales resurgen y la historia se interpreta a conveniencia, un simple pastel nos recuerda que el encuentro y la empatía son posibles. El Baumkuchen no es solo un postre. Es una memoria viva de lo que Japón pudo absorber, transformar y conservar para las generaciones futuras.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press