COP30, protestas indígenas y el dilema de la inclusión climática
Las promesas de dar voz a los pueblos indígenas en Belem se enfrentan a la dura realidad de la exclusión sistemática
Belem y la contradicción de la COP30
El pasado viernes por la mañana, aproximadamente cien manifestantes indígenas bloquearon la entrada principal de la conferencia climática de la ONU, conocida como COP30, que se celebra en la ciudad de Belem, Brasil, a las puertas del Amazonas. Si bien los organizadores habían promovido esta edición del evento como una celebración de los pueblos originarios, lo que se vivió reflejó una realidad más tensa e incómoda: la activación de protestas como recurso para ser escuchados.
Los manifestantes, en su mayoría vestidos con atuendos tradicionales indígenas, formaron una cadena humana para impedir el acceso al recinto. La protesta comenzó alrededor de las 7:30 a.m. y a las 8:00 a.m., la entrada principal de la conferencia fue completamente bloqueada. Personal militar brasileño impidió el ingreso de los manifestantes sin enfrentar altercaciones violentas. Finalmente, el acceso se reabrió, pero no sin antes obligar a los organizadores a reubicar los detectores de metales y desviar a cientos de delegados por una puerta lateral.
“La COP de los pueblos indígenas”: ¿retórica vacía?
Desde el inicio de la COP30, los organizadores han insistido en la idea de que esta conferencia es para y por los pueblos indígenas. Sin embargo, hechos como este demuestran una desconexión entre el discurso y la práctica. Paolo Destilo, del colectivo medioambiental Debt for Climate, lo resumió de manera elocuente al participar en la cadena humana: “Si esta COP realmente es para los pueblos indígenas, estas manifestaciones deberían ser bienvenidas”, dijo.
La protesta del viernes no fue un hecho aislado; el martes anterior ya se habían registrado disturbios cuando manifestantes indígenas forzaron la entrada al recinto, lo que resultó en algunos heridos menores. Todo esto plantea una pregunta clave: ¿realmente se les está dando protagonismo a los pueblos indígenas en debates en los que históricamente han sido marginados?
Contexto histórico: los pueblos indígenas y la crisis climática
Los pueblos indígenas representan apenas el 5% de la población mundial, pero sus territorios contienen el 80% de la biodiversidad del planeta, de acuerdo con datos de las Naciones Unidas. Desde hace décadas, sus demandas han sido ignoradas en negociaciones internacionales mientras sus formas de vida son destruidas por la deforestación, la minería y el cambio climático.
Uno de los puntos de quiebre más evidentes en este escenario ha sido la Amazonía brasileña. Según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), entre agosto de 2021 y julio de 2022, la deforestación en la Amazonía alcanzó las 11.568 km². Territorios indígenas como los de los pueblos Yanomami y Kayapó han sido invadidos constantemente por explotaciones ilegales de oro, soja y ganado.
La paradoja brasileña
Brasil ha sido anfitrión de algunas de las principales conferencias medioambientales del mundo. De hecho, la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992 fue el nacimiento oficial de la agenda climática global. Tres décadas después, Brasil acoge una cumbre en la región más simbólica de la biodiversidad mundial: la Amazonía.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha prometido liderar la lucha global contra el cambio climático y devolver protagonismo a las comunidades indígenas. Su gobierno reinstauró el Ministerio de los Pueblos Indígenas y nombró a Sônia Guajajara como su titular, marcando un hito en la historia del país.
Pero esta promesa, si no va acompañada de canales reales de participación y decisiones vinculantes, se convierte en un acto performativo. Las protestas en Belem evidencian que el simbolismo no sustituye la acción concreta.
De la protesta a la política: ¿cuánto cambian las cumbres climáticas?
Los encuentros anuales de la COP han sido criticados durante mucho tiempo por limitarse a declaraciones políticas sin compromisos vinculantes. El Acuerdo de París de 2015, aunque histórico, dejó muchas decisiones al criterio de cada país.
En la COP26 de Glasgow (2021), los pueblos indígenas lograron un pequeño avance al obtener una representación directa en las negociaciones mediante el Foro de Pueblos Indígenas sobre el Cambio Climático. Sin embargo, en la práctica, sus demandas apenas influyen en decisiones clave relacionadas con emisiones, deforestación y financiamiento.
¿Qué exigen los pueblos indígenas en la COP30?
- Reconocimiento del derecho a la autodeterminación en la gestión de sus territorios.
- Participación con poder real en las mesas de decisión climática.
- Compensaciones económicas por la conservación de los ecosistemas que habitan.
- Cese inmediato de actividades extractivas ilegales apoyadas, muchas veces, por agentes estatales o grandes corporaciones.
- Garantía de seguridad física frente a amenazas y ataques por parte de actores ilegales o fuerzas de seguridad.
Estas demandas no son nuevas, pero ganan relevancia en un contexto global donde los efectos del colapso climático comienzan a sentirse con mayor intensidad: incendios forestales en Canadá y Australia, olas de calor históricas en España e India, y ciclones cada vez más destructivos.
Derechos, sí. Pero también territorio
Una de las reflexiones más profundas dentro del movimiento indígena es la idea de que no se puede concebir vida digna separada del territorio. Para muchos pueblos originarios, defender la tierra no es solo una cuestión de soberanía, sino de supervivencia espiritual.
“Para nosotros, el bosque no es un recurso. Es nuestra madre, nuestra farmacia, nuestra escuela”, dijo Txai Suruí, joven activista amazónica, durante uno de los encuentros paralelos de la COP30.
El dilema de la seguridad versus el derecho a protestar
La COP30 ha reforzado sus medidas de seguridad ante el temor de protestas masivas. Curiosamente, el sábado siguiente a las protestas del viernes es tradicionalmente el día donde las manifestaciones alcanzan su punto máximo en conferencias climáticas.
Organismos de derechos humanos como Amnistía Internacional han pedido que se garantice el derecho a la protesta pacífica, sobre todo tratándose de pueblos que históricamente han sido víctimas del silencio institucional.
En contraste, sectores conservadores brasileños acusan a los manifestantes de sabotaje y de instrumentalización política.
Más allá del evento: ¿y después de la COP?
Las cumbres climáticas, incluyendo la COP30, duran dos semanas, pero las consecuencias de sus aciertos y fracasos repercuten por décadas. Para los pueblos indígenas, su participación no puede limitarse a un foro colorido dentro del evento. Deben ser actores con voz y voto en decisiones sobre aguas, bosques, minerales y territorio.
El reto para Brasil y para el mundo es superar la retórica ambiental y pasar a políticas transformadoras. Belem no puede ser solo una postal de buena voluntad, sino un punto de inflexión para una nueva forma de gobernanza climática: una que no trate a los pueblos indígenas como invitados, sino como protagonistas.
Como dijo el activista ecuatoriano Nemonte Nenquimo: “No defendemos la naturaleza porque es bonita. La defendemos porque sin ella, no hay vida”.
El futuro de la justicia climática pasa por reparar siglos de exclusión. En Belem, esa conversación apenas comienza.
