El auge de los centros de datos y la crisis energética: ¿una burbuja de la inteligencia artificial en formación?
La creciente demanda eléctrica impulsada por centros de datos amenaza con sobrecargar la red eléctrica de EE.UU., suscita alertas regulatorias y despierta preocupaciones entre los consumidores
La fiebre de los centros de datos
Estados Unidos atraviesa un momento de fiebre tecnológica con el auge de la inteligencia artificial (IA), y con ella, una expansión masiva de centros de datos que buscan potencia eléctrica en una escala sin precedentes. Compañías energéticas proyectan que la demanda eléctrica se duplicará o incluso triplicará en ciertos territorios para abastecer a estos colosos digitales. Pero detrás de estas previsiones se esconde una complejidad inquietante: ¿están estas previsiones sustentadas en proyectos viables, o corremos el riesgo de construir plantas de energía innecesarias que terminarán pagándose con el dinero de los usuarios?
La bomba de tiempo del crecimiento energético
El crecimiento proyectado asusta por su magnitud. Por ejemplo, PPL Electric Utilities, que opera en el centro y este de Pensilvania, calcula que su demanda pico se triplicará para el 2030 debido a la instalación de nuevos centros de datos. Esto implica una necesidad urgente de nueva infraestructura energética, desde plantas generadoras hasta modernización de redes, lo cual costará miles de millones de dólares. Pero si dichos centros de datos nunca se concretan, los costos podrían trasladarse a los usuarios estatales, repercutiendo en sus facturas eléctricas.
Según Vincent Sorgi, CEO de PPL Corp., estos proyectos son “reales” y “vienen rápido y furiosos”. No obstante, sectores críticos como Monitoring Analytics, encabezado por Joe Bowring, no piensan igual: “Nadie ha mirado con suficiente cuidado los pronósticos como para saber qué es especulación, qué está duplicado, qué es real y qué no lo es”.
El caos de una demanda incierta
Una de las principales críticas proviene de las prácticas poco estandarizadas utilizadas por las compañías eléctricas y operadores de red para evaluar los proyectos energéticos. No existe un protocolo unificado, lo que permite que un mismo proyecto presente solicitudes múltiples en diferentes regiones y se contabilice varias veces en las previsiones energéticas.
“Una sola propuesta puede inflar las previsiones de múltiples empresas eléctricas sin que se sepa si realmente será construida”, alertó PJM Interconnection, operador de red que abarca desde Illinois hasta Nueva Jersey. Este fenómeno ha generado una avalancha de solicitudes que las compañías energéticas no logran gestionar con efectividad.
¿Quién paga la factura?
La consecuencia inmediata de estas previsiones infladas es que los consumidores ya están subsidiando infraestructura que podría nunca ser útil. En Pensilvania, por ejemplo, los residentes han visto incrementos en sus facturas debido al alza en los precios mayoristas de electricidad impulsados, en parte, por la demanda prevista de centros de datos, según PECO, una de las principales distribuidoras de energía en la región.
Esto llevó al legislador estatal Danilo Burgos a presentar un proyecto de ley que busca fortalecer la supervisión de las proyecciones eléctricas. “Una vez que las empresas hacen su dinero, no se ve ninguna empatía hacia los consumidores”, criticó.
Texas y su experiencia traumática
Texas, que ya sufrió un colapso eléctrico durante una tormenta invernal en 2021, es otro estado que lidia con esta problemática. Este año se descubrió que el operador de red vislumbra una duplicación de la demanda para 2030. Legisladores como el senador estatal Phil King se mostraron alarmados al conocer que los reguladores no contaban con los mecanismos para confirmar si las solicitudes de energía eran reales, especulativas o “algo intermedio”.
Como respuesta, Texas aprobó una nueva ley que obliga a los desarrolladores a revelar si han solicitado energía en otros puntos del estado y a demostrar compromiso financiero sustancial con cada proyecto. Es un intento por separar lo viable de lo ficticio en medio del frenesí tecnológico.
La voz del sector tecnológico
Frente a la presión pública, organizaciones como la Data Center Coalition —que representa a gigantes como Google y Meta— están pidiendo más transparencia en las previsiones de demanda. Para Aaron Tinjum, vicepresidente de energía del grupo, verificar la preparación comercial de los proyectos es “el primer paso fundamental para enfrentar este momento de crecimiento energético”.
Igal Feibush, CEO de Pennsylvania Data Center Partners, expresó que muchas solicitudes actuales provienen de promotores sin experiencia real en la construcción de centros de datos y que finalmente “caerán por su propio peso”. La visión de Feibush se resume en una frase ácida pero honesta: “Las utilidades están en modo simulacro de incendio mientras intentan evaluar esta avalancha de peticiones”.
¿Estamos creando una burbuja económica de IA?
Analistas del mercado están advirtiendo de un fenómeno inquietantemente familiar: una posible burbuja de inversión en inteligencia artificial. Empresas tecnológicas han visto subir sus acciones de forma vertiginosa ante la promesa de IA, lo que recuerda a la burbuja puntocom de principios del siglo XXI. Y muchos se preguntan si estamos “sobrecargando” el sistema energético por proyectos que tal vez se desvanezcan en el papel.
El crecimiento exagerado también podría desatar una reacción política: votantes molestos por los altos costos de electricidad podrían penalizar a sus representantes en las elecciones intermedias de 2026. De hecho, se prevé que los centros de datos sean un tema central en el discurso político venidero.
¿Qué hay que cambiar?
El comisionado de la Comisión Federal Reguladora de Energía, David Rosner, pidió a todos los operadores de red del país que exijan más pruebas de viabilidad y transparencia a quienes solicitan disponibilidad energética para grandes proyectos.
“Necesitamos mejores datos, toma de decisiones más rápidas y mejores. Solo así lograremos que todos estos proyectos de infraestructura realmente se construyan”, remarcó Rosner. El Instituto Edison de Electricidad (EEI), que agrupa a las empresas eléctricas privadas con fines de lucro, también se mostró abierto a mejorar los estándares de estimación.
El futuro energético en la era de la IA
Todo esto ocurre en un contexto de transición energética, donde crecer exponencialmente plantea desafíos logísticos, financieros y ecológicos. La IA puede revolucionar la productividad global, pero construir su infraestructura debe hacerse con lupa. De no tomar medidas ahora, podrían construirse megacentrales eléctricas innecesarias que, además de ser un desperdicio multimillonario, carguen a la población con tarifas aún más elevadas.
Como dijo Tinjum: “Allá donde vamos, la pregunta es: ¿es real este crecimiento? ¿Cómo podemos estar tan seguros? Y por ahora, no hay una sola respuesta clara”.
