Gaza, rehenes y escombros: el drama inacabado de una guerra sin fin
Mientras los restos de 25 rehenes han sido devueltos, tres aún siguen bajo los escombros de Gaza. Una historia de dolor, diplomacia y esperanza congelada en el tiempo.
Una tregua fragmentada
Desde el inicio del alto al fuego mediado por EE.UU. el 10 de octubre, la situación sobre los rehenes retenidos por grupos armados en Gaza ha cambiado parcialmente. Hasta el momento, han sido devueltos los restos de 25 personas secuestradas —una cifra desoladora en sí misma—, pero hay un tema que aún resuena con fuerza en el corazón de las víctimas y sus familias: los restos de tres personas siguen sin ser recuperados.
Hamas, en una crítica que encierra una paradoja brutal, asegura que no ha podido recuperarlos debido a que los cuerpos estarían bajo los escombros provocados por la ofensiva israelí. Mientras tanto, Israel acusa a los militantes de retrasar deliberadamente el proceso. La tensión ha subido tanto que el gobierno israelí ha amenazado con reanudar operaciones militares o cortar ayuda humanitaria si los restos no son devueltos inmediatamente.
¿Dónde están los cuerpos?
Este conflicto no es reciente. Desde el 7 de octubre del año pasado, cuando militantes palestinos lanzaron un ataque devastador sobre suelo israelí, la respuesta del ejército de Israel ha sido contundente sobre Gaza. La infraestructura civil ha quedado en ruinas, y entre ese escenario apocalíptico, se hallan cuerpos: de combatientes, civiles, y también esos tres últimos rehenes cuya sola ausencia representa mucho más que una cifra: un símbolo del estado congelado de cualquier solución política en la región.
El deporte y la tragedia: el caso de Meny Godard
Uno de los últimos cuerpos devueltos fue el de Meny Godard, quien fuera secuestrado desde el Kibbutz Be'eri. Godard fue futbolista profesional antes de enlistarse en el ejército israelí, donde sirvió durante la Guerra del Yom Kipur en 1973. Posteriormente, dedicó su vida a trabajos diversos dentro del kibutz, incluyendo la administración de su imprenta. Su esposa murió durante el ataque del 7 de octubre, y Godard fue llevado como rehén y posteriormente asesinado.
Godard representa una narrativa que muchos israelíes reconocen: la de haber construido una vida tras la guerra, solo para encontrar la muerte nuevamente traída por el conflicto. El regreso de su cuerpo da algo de cierre a su familia, pero alimenta también el poderoso reclamo de justicia y seguridad.
Los tres que faltan: historias de vida entre escombros
- Ran Gvili (24 años): Ex miembro de una unidad policial de élite. Pese a estar lesionado por un accidente en motocicleta, acudió a ayudar durante los ataques del festival de música Nova. Fue asesinado y su cuerpo trasladado a Gaza. Su muerte fue confirmada cuatro meses después.
- Dror Or (52 años): Padre de tres hijos y gerente en una granja lechera del Kibbutz Be’eri. Especialista en quesería. Murió junto a su esposa cuando su casa fue incendiada por militantes. Sus hijos Noam y Alma fueron liberados durante una tregua en noviembre del año pasado.
- Sudthisak Rinthalak: Trabajador tailandés en tareas de agricultura en el kibutz desde el año 2017. Formaba parte del grupo más grande de extranjeros secuestrados el 7 de octubre: 31 tailandeses fueron tomados como rehenes; la mayoría ya fueron liberados, pero Sudthisak fue asesinado y su cuerpo aún no ha sido devuelto.
Estas tres historias no solamente exponen la brutalidad de la guerra, sino también la diversidad de sus víctimas: un joven agente de seguridad, un agricultor inmigrante y un trabajador comunitario con familia.
El intercambio macabro: cifras y desafíos
Mientras se intenta rescatar los cuerpos israelíes, hay también un retorno paralelo. Israel ha repatriado los cuerpos de 330 palestinos a Gaza. Sin embargo, debido a la falta de kits de ADN, las autoridades médicas en Gaza solo han logrado identificar a 95 hasta ahora. Eso deja más de 200 cuerpos sin nombre, símbolo trágico del colapso humanitario y médico que vive la región tras más de un año de ofensiva sin tregua.
¿De dónde provienen estos cuerpos? La falta de transparencia por parte del gobierno israelí ha alimentado especulaciones: podrían ser palestinos muertos durante el ataque del 7 de octubre, prisioneros fallecidos en custodia o simplemente cuerpos recuperados durante operaciones militares posteriores.
El vacío diplomático
Los acuerdos que intentan poner fin a esta escalada parecen cada vez más débiles. La tregua no está logrando aliviar el sufrimiento: cinco días de alto el fuego no bastan para resolver la complejidad logística y emocional de identificar, recuperar y repatriar restos humanos, mucho menos reconstruir vínculos políticos rotos.
Según fuentes diplomáticas, la presión internacional sobre Hamas e Israel para que colaboren con este proceso ha sido limitada. Washington, mediador clave, evita sanciones más duras por temor a romper el tenue alto el fuego, y naciones aliadas a Palestina apenas tienen influencia concreta sobre el proceso logístico en zonas controladas por Hamas.
Entre el homenaje y la política
Las familias de los rehenes han transformado su dolor en activismo. Movilizaciones públicas, actos conmemorativos y campañas en redes sociales intentan mantener viva la memoria de los desaparecidos e impulsar a las autoridades a actuar con urgencia. "No buscamos venganza. Solo queremos enterrar a los nuestros dignamente", dijo recientemente Mali Gvili, madre de Ran, ante una concentración en Tel Aviv.
En el otro espectro, el retorno de cuerpos palestinos sin identificación ha sido aprovechado por grupos locales en Gaza para fomentar relatos de martirio y victimización que alimentan la continuidad cíclica del odio. La muerte sigue siendo un arma política en ambos lados del muro.
Una guerra que disuelve la identidad
“El conflicto palestino-israelí ha destruido más que hogares: ha vuelto imposible el simple acto de ser identificado tras la muerte”, señaló recientemente Maurice Twersky, antropólogo forense y observador de derechos humanos en Medio Oriente. Twersky destaca cómo la saturación de hospitales, el colapso de servicios médicos y la imposibilidad de acceder a tecnología adecuada están dejando a decenas de personas literalmente reducidas a cuerpos anónimos.
Está claro: en Gaza e Israel, la muerte ha dejado de ser personal para transformarse en colectiva. La dignidad del duelo está en peligro.
Entre el escombro y la esperanza
Mientras los líderes políticos debaten nuevas estrategias de contención y disuasión, y los organismos internacionales claman investigaciones, muchas familias solo esperan algo básico, casi ancestral: cerrar un ciclo. Enterrar. Llorar. Recordar con nombre y apellido.
Es irónico que precisamente los cuerpos sin sepultura de tres personas —un joven policía, un granjero y un trabajador inmigrante— representen uno de los mayores obstáculos actuales para construir una paz mínima. Y es que en este conflicto eterno, ni siquiera la muerte ha logrado poner punto final a la historia.