La cruzada contra la pasta italiana: ¿guerra comercial o provocación absurda?

El nuevo arancel del 107% en EE.UU. reaviva tensiones y desata indignación en Italia, mientras productores luchan por salvar su segundo mercado exterior más importante.

El espagueti en el punto de mira: una medida que desata polémica internacional

Estados Unidos ha desatado un verdadero terremoto diplomático y económico con la amenaza de imponer un arancel del 107% sobre la pasta italiana. ¿El motivo? Acusaciones de dumping presentadas por dos empresas norteamericanas que consideran que las marcas italianas venden sus productos a precios por debajo del mercado estadounidense.

Este nuevo arancel no llega de la nada. Se suma a un 15% ya existente desde los días de la administración Trump, lo que eleva la tensión en medio de una guerra comercial latente entre EE.UU. y Europa. La iniciativa, impulsada desde el Departamento de Comercio, ha generado enojo tanto en productores como consumidores al otro lado del Atlántico, quienes cuestionan la legitimidad de una medida que afectaría hasta al 16% de las importaciones de pasta italiana en territorio norteamericano.

Para los italianos, la pasta es algo sagrado

En un país como Italia, donde la pasta es casi un patrimonio cultural, la noticia de aranceles que elevarían el precio del producto estrella en el segundo mercado más importante —después de Alemania— ha generado una ola de rechazo. Según cifras de Coldiretti, el 15% de los €4 mil millones de exportaciones de pasta italiana tiene como destino EE.UU.

Francesco Lollobrigida, Ministro de Agricultura de Italia, ha declarado que se están realizando esfuerzos diplomáticos con la Comisión Europea para contrarrestar los efectos de esta medida, mientras se respaldan acciones legales por parte de las compañías afectadas.

¿Qué es exactamente el «dumping» y por qué se acusa a los italianos?

El dumping ocurre cuando un producto se vende en un país extranjero a un precio inferior al del propio país de origen, lo cual puede dañar a los productores nacionales. En este caso, las empresas estadounidenses 8th Avenue Food & Provisions (dueña de Ronzoni) y Winland Foods (propietaria de marcas como Prince, Mueller’s y Wacky Mac) alegan estar siendo perjudicadas por las exportaciones de firmas italianas como La Molisana y Garofalo.

Sin embargo, Margherita Mastromauro, presidenta del sector de productores de pasta de Unione Italiana Food, sostiene que los precios de la pasta italiana ya son más altos que los estadounidenses, lo que contradice completamente la acusación.

Las cifras detrás del plato de pasta

  • Italia produce más de 3.7 millones de toneladas de pasta al año.
  • EE.UU. importó en 2023 más de 130,000 toneladas de pasta italiana.
  • El consumo per cápita en Italia es de 23 kg por persona, el más alto del mundo.

Reacciones: entre la indignación y la resignación

En el corazón del Italian Market en Filadelfia, Sal Auriemma no puede creer que el gobierno estadounidense decida «castigar» a un producto tan cotidiano como la pasta. “Es un alimento básico, algo sagrado para nosotros”, declara. Y añade: “Hay productos de lujo por los que podrías empezar una guerra comercial, pero ¿la pasta?”.

Desde Virginia, Robert Tramonte —dueño de The Italian Store— se muestra preocupado por el abastecimiento a largo plazo. Por ahora, dice tener suficiente inventario, pero se pregunta si eso será cierto después de Pascua.

Los damnificados: productores pequeños frente a la tormenta

Los efectos más devastadores serán para los pequeños y medianos productores italianos. Para grandes empresas como Barilla, que ya producen pasta dentro de EE.UU., el impacto será mínimo. Pero para otras marcas que dependen exclusivamente de sus fábricas en el sur de Italia, como Pasta Rummo en Benevento, el futuro es incierto.

Su director general, Cosimo Rummo, advierte que su empresa exporta anualmente €20 millones en productos hacia el mercado estadounidense. Describe la medida como «totalmente absurda» y asegura que no contempla abrir una planta en EE.UU., prefiriendo mantener la calidad y tradición de su producto.

Una medida con sabor político

Es difícil ignorar que esta iniciativa también tiene un trasfondo político. Las tensiones comerciales con Europa fueron intensificadas durante el mandato de Donald Trump, quien impuso numerosos aranceles sobre productos europeos. Aunque el nuevo arancel contra la pasta no entra aún en vigor, la posible fecha de implementación sería el 2 de enero de 2026, susceptible a una prórroga de 60 días más.

El comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, calificó la medida como «inaceptable» y carente de fundamentación. En Roma, subrayó la falta de evidencia sólida para justificar un arancel de tal magnitud, añadiendo que daña la competitividad y afecta injustamente a un sector estrechamente vinculado con la cultura y economía italiana.

¿El fin de la pasta «Made in Italy» en América?

Lucio Miranda, presidente de Export USA, predice que este arancel será “letal” para las exportaciones italianas: “Un derecho de aduana del 107% no es algo que puedas simplemente cargar al consumidor y esperar que las ventas continúen”.

Además, la investigación del Departamento de Comercio acusa a La Molisana y Garofalo de haber presentado información incorrecta o incompleta tres veces, lo que según el gobierno justificó la sanción masiva, extendida a otras once compañías por analogía.

¿Hay salsas para tanto fideo?

Si bien los consumidores podrían sobrevivir sin pasta italiana auténtica, la medida supone un golpe al sabor y la autenticidad en los anaqueles estadounidenses. Como expresó Tramonte, “han tratado de recrear productos italianos con ingredientes similares, pero nunca saben igual”.

Y es que no se trata solo de harina y agua. Se trata de tradición, terroir, historia y cultura. Aumentar los aranceles a niveles prohibitivos no es solo un ataque al comercio, sino a lo que representa un patrimonio culinario como lo es la pasta italiana.

Un espagueti geopolítico

Este enfrentamiento pone sobre la mesa un elemento preocupante: ¿hasta dónde puede llegar una política proteccionista con tal de privilegiar a la industria local? ¿Estamos frente a una nueva guerra comercial entre aliados históricos?

Para Auriemma, el dueño de Claudio Specialty Food en Filadelfia, es sencillo: “Algo tiene que ser sagrado. Y si no es la pasta… ¿Entonces qué lo es?

El debate está servido y promete seguir al dente en los meses por venir.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press