La herida abierta del McCarthismo: cuando el miedo censuró a Hollywood y cómo Florida quiere reescribirlo

Un análisis del revisionismo histórico en los nuevos estándares educativos de Florida y su impacto en la memoria colectiva de Estados Unidos

Dalton Trumbo, uno de los guionistas más aclamados de la historia del cine estadounidense, escribió algunos de los clásicos más emblemáticos como “Vacaciones en Roma” y “Espartaco”. Pero durante más de una década, Trumbo no podía firmar ni recibir crédito por su trabajo. ¿La razón? Era comunista y, por ello, fue perseguido, encarcelado y borrado de Hollywood durante el auge del McCarthismo en la década de 1950.

Ahora, más de 70 años después, nuevos esfuerzos por reescribir la historia comienzan a aparecer. En Florida, los nuevos estándares educativos aprobados en 2024 por la Junta de Educación instan a replantear el relato tradicional del McCarthismo… no como una caza de brujas, sino como una legítima defensa del país frente al comunismo. Con esta polémica normativa, resurgen preguntas clave: ¿quién escribe la historia?, ¿y con qué propósito?

¿Qué fue el McCarthismo?

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, y con el inicio de la Guerra Fría, el temor al comunismo se intensificó en Estados Unidos. Entre 1947 y 1957, el senador Joseph McCarthy encabezó una serie de investigaciones dirigidas a identificar y expulsar a supuestos comunistas infiltrados en todos los niveles de la vida estadounidense: desde funcionarios públicos hasta artistas, maestros y trabajadores del sector privado.

Este período, conocido como la Caza de Brujas, fue impulsado también por el Comité de Actividades Antiestadounidenses (HUAC, por sus siglas en inglés), que interrogó públicamente a cientos de personas. La negativa a declarar podía implicar cárcel, despido inmediato o inclusión en la lista negra de Hollywood, como ocurrió con Trumbo y otros miembros del grupo conocido como Los Diez de Hollywood.

Dalton Trumbo: cárcel, seudónimos y dos premios Óscar en secreto

Durante sus mejores años, Trumbo fue el guionista mejor pagado de Hollywood. Su afiliación al Partido Comunista no ocultaba su defensa por los derechos laborales, la equidad racial y sindical. En 1947, al negarse a declarar ante el HUAC, fue condenado a 11 meses de prisión federal por desacato al Congreso.

Al salir de prisión, fue inmediatamente excluido de la industria, pero no dejó de escribir. Bajo seudónimos o a través de palos blancos (amigos que firmaban por él), Trumbo escribió guiones de películas tan exitosas como "Vacaciones en Roma" (1953) y "El Bravo" (1956), ambas ganadoras del Óscar. Sin embargo, Trumbo no pudo recibir el crédito en ese momento.

En 1960, dos producciones clave —"Espartaco" y "Éxodo"— rompieron con la censura al devolverle públicamente su crédito como guionista, convirtiéndose en un momento decisivo contra la lista negra.

Florida reescribe la historia: ¿rescate del legado político o revisionismo peligroso?

La nueva normativa educativa de Florida, impulsada tras la firma de una ley por parte del gobernador Ron DeSantis, exige a las escuelas del estado dedicar tiempo a destacar "los peligros del comunismo". Entre las directrices más controvertidas se incluye una revisión de la historia sobre el rol del McCarthismo, describiendo el uso de términos como "McCarthismo" o "Caza de Brujas" como una forma de desacreditar a políticos "antipatriotas".

Los estándares incluso consideran el término "Red Scare" (miedo rojo) como una sátira injusta contra los movimientos anticomunistas. Esto provoca una minimización de los efectos devastadores que las campañas de Joseph McCarthy y el HUAC tuvieron sobre la libertad de expresión, la vida profesional y la salud mental de sus víctimas.

Según Mitzi Trumbo, hija de Dalton, esta nueva narrativa es "alarmante" y "una peligrosa forma de revisionismo histórico":

“La historia no debería ser escrita para coincidir con la política del momento. Tiene lecciones esenciales que enseñar.” — Mitzi Trumbo

Censura, reputaciones arruinadas y vidas destruidas

Durante los años de la lista negra hollywoodense, cientos de artistas fueron marginados. No se trata solo de Trumbo. Estrellas como Charlie Chaplin, Lena Horne y Lee Grant fueron investigadas, exiliadas o vetadas por supuestos vínculos con el comunismo.

Además, individuos de diferentes orígenes—profesores, trabajadores del gobierno, sindicalistas—sufrieron interrogatorios, despidos sumarios y humillación pública. Según el American Civil Liberties Union (ACLU), más de 12,000 personas perdieron sus empleos por acusaciones infundadas relacionadas con el comunismo.

Muchos activistas ven en las nuevas directrices de Florida una reedición ideológica que niega los daños causados durante esa era oscura.

Cuando la educación se convierte en campo de batalla ideológica

El caso de Florida no es un hecho aislado. Históricamente, los gobiernos han intentado moldear los sistemas educativos para reforzar sus agendas políticas. Sin embargo, el dilema surge cuando esta intervención socava hechos documentados y comprobados.

El hecho de introducir currículum que "reivindica" a figuras como McCarthy, sin exponer el costo humano de sus acciones, es visto por muchos historiadores como una forma de blanquear autoritarismos del pasado.

Además, la iniciativa de Florida marca el 7 de noviembre como el Día de las Víctimas del Comunismo, pero sin mención alguna a las víctimas del anticomunismo, lo que genera una narrativa unilateral y sesgada.

La batalla por la memoria y por el futuro

Entender la historia en su totalidad es fundamental para construir una sociedad democrática y tolerante. Poco sirve enseñar sobre los "peligros del comunismo" si no se contextualiza con los abusos del macartismo o las consecuencias del autoritarismo derechista.

Es indispensable incluir las voces silenciadas, los discursos incómodos y los errores del poder para evitar repetirlos. Como decía Trumbo: “La única forma de que un país sea verdaderamente libre es si la libertad se extiende también a sus enemigos”.

Podemos estar de acuerdo o no con las ideas políticas de los perseguidos durante el McCarthismo, pero lo que está en juego es mucho más que una opinión: es el derecho a pensar diferente sin ser castigado por ello.

Revisar críticamente el pasado —sin manipularlo— es la base de una democracia informada. Cualquier intento de alterar esta realidad en favor de intereses políticos debe ser cuestionado con la misma vehemencia con la que la historia carga sobre sí sus propias verdades.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press