La tradición de 'Script Ohio': el alma musical que late en el corazón de Ohio State
Desde 1936, una formación de banda se convirtió en símbolo del orgullo de un estado entero. Así es cómo un punto sobre una 'i' representa mucho más que una nota musical.
Una tradición con casi 90 años de historia
Cuando se habla de las tradiciones más importantes del fútbol americano universitario, es imposible no mencionar una que va mucho más allá del deporte: Script Ohio. Más que una coreografía de banda, es un rito de paso, un símbolo de identidad y una muestra del espíritu colectivo de la Universidad Estatal de Ohio (OSU).
Desde 1936, cada vez que la banda marcha formando lentamente una elegante caligrafía que escribe “Ohio” en el campo, los corazones de más de 100.000 fanáticos palpitan al unísono. Pero hay un momento aún más esperado: cuando un músico de sousafón realiza el esperado strut hasta la cima de la letra 'i' y la "puntúa" con una reverencia. Ese instante, aunque corto, lleva preparándose toda una vida.
Orígenes humildes, legado imponente
La historia de Script Ohio se remonta al 24 de octubre de 1936, cuando la OSU se enfrentó contra su eterno rival, Michigan. Eugene J. Weigel, entonces director de banda, diseñó la icónica formación inspirado en el letrero luminoso del teatro Loew’s Ohio ubicado en Columbus. Lo que comenzó como una audaz innovación artística se convirtió en una tradición inquebrantable.
Curiosamente, el primero en puntuar la 'i' no fue un sousafonista, sino un corneta llamado John Brungart. No fue hasta 1937 cuando se estableció que este honor sería exclusivo para los músicos de sousafón, lo que derivaría en todo un sistema de mérito y orgullo que se mantiene hasta hoy.
Un sueño que se forja durante años
Para los músicos de la banda de marcha de OSU —conocida como “The Best Damn Band in the Land”—, puntuar la 'i' es equivalente a anotar el touchdown de la victoria para los jugadores de fútbol americano. Se trata de un privilegio reservado para miembros de cuarto y quinto año que tocan sousafón y, debido a la limitada cantidad de interpretaciones, no todos tienen oportunidad de hacerlo.
Joseph Orr, por ejemplo, logró este año cumplir un viejo sueño al ser elegido para puntuar la 'i'. Oriundo de Chillicothe, Ohio, respira emoción y gratitud: “Para mí, poder hacerlo y representar a mi familia en el sur central de Ohio significa muchísimo”, relató.
El camino al centro del campo
Los candidatos se seleccionan por antigüedad y méritos acumulados. Los puntos se otorgan por haber participado en presentaciones anteriores —un sistema que premia la constancia. La preparación es intensa y no solo musical: hay que trabajar la complexa técnica del strut, esa caminata estilizada con la pierna elevada mientras se lleva un sousafón de 40 libras al hombro.
“Es una especie de movimiento que incluye levantar la rodilla y apuntar con el pie; con el sousafón en la espalda, es fácil desbalancearse”, explicó Orr. La tradición implica no solo aptitud física, sino también una profunda conexión emocional con la historia de OSU.
Una sinfonía para la vista y el alma
Mientras la banda interpreta “Le Régiment de Sambre et Meuse”, los músicos se despliegan en tres bloques iniciales que luego se convierten en una larga línea que traza la palabra “Ohio”. La culminación llega cuando, en las últimas dieciséis compases de la música, el drum major acompaña al i-dotter hasta el punto de reverencia, lanzándole palabras de ánimo y señalando el lugar exacto donde debe detenerse.
Allí, el i-dotter hace una pausa dramática, saluda al público y completa la icónica imagen: la ‘i’ finalmente está completa. Es uno de los pocos momentos donde la banda —normalmente en perfecta sincronía de conjunto— cede el protagonismo a un solo miembro.
El linaje de los i-dotters
Detrás de cada punto sobre la ‘i’ hay una historia personal. Algunos como Sydney Reeves continúan una tradición familiar: ambos padres fueron i-dotters, lo que le permite conectar con un pasado familiar y musical en el mismo escenario. Otros hacen historia de forma distinta, siendo los primeros en sus familias —o sus comunidades— en lograrlo.
También existen excepciones honorarias. En ocasiones contadas, se ha permitido a figuras importantes de la universidad —o del país— puntuar la 'i'. Entre ellos destacan:
- Bob Hope (1978)
- Jack Nicklaus (2006)
- El senador John Glenn y su esposa Annie (2009)
- El legendario entrenador Woody Hayes (1983)
- El único jugador con dos trofeos Heisman, Archie Griffin (2024)
Una muestra de la cultura de Ohio
Lejos de ser solo un acto artístico, Script Ohio representa valores profundamente enraizados en el estado: tradición, excelencia, esfuerzo colectivo y orgullo por la historia. Dr. Christopher Hoch, actual director de la banda, lo resume así:
“Script Ohio es una de las cosas más importantes que hacemos. Es parte de la historia de las bandas de marcha universitarias y sabemos que los fans lo esperan, incluso cuando tocamos lejos de casa”.
Este patrimonio ha logrado lo que pocas tradiciones culturales consiguen: unir generaciones. Padres, hijos y abuelos comparten el fervor por la ceremonia que une música, arte y deporte. Y eso lo transforma en mucho más que un espectáculo: es parte de la identidad de Ohio.
La tradición no se detiene
Incluso con la expansión del College Football Playoff, OSU ha sabido adaptar su tradición, incorporando eventos especiales donde se organiza un “dot-off”: una competencia entre los sousafonistas para definir quién tendrá el honor de puntuar la 'i' en juegos adicionales durante la postemporada.
Y aunque el avance tecnológico ha hecho del deporte universitario un espectáculo global, la tradición no cede espacio. Un ejemplo: en 2009, durante un juego contra USC, un camarógrafo de ESPN aprendió de forma contundente a respetar el momento sagrado del i-dotter cuando el campana del sousafón lo golpeó al inclinarse demasiado durante la reverencia.
“Algunas cosas simplemente no deben cambiar”
Script Ohio demuestra que en un mundo donde todo parece fluctuante, las tradiciones pueden ser ancla y faro. Como lo expresó un miembro de la banda:
“Esas cosas eternas de la tradición de Ohio State demuestran lo que nos importa como comunidad: el honor, la persistencia y la pasión por ser los mejores”.
Así, cada sábado de otoño, mientras el estadio vibra con cánticos y el césped se convierte en lienzo, la banda dibuja su palabra sagrada. Y alguien, por unos segundos eternos, se convierte en el punto de unión entre historia, arte y emoción. Puntuar la 'i' es mucho más que un gesto: es convertirse en leyenda.
