Superar el límite climático de 1.5 °C: ¿esperanza o sentencia?

Los líderes mundiales asumen que la Tierra superará el umbral crítico de calentamiento global, pero aún apuestan por revertir el curso con tecnología, reforestación y acción política

BELEM, Brasil — Por primera vez desde la firma del Acuerdo de París en 2015, los líderes climáticos del mundo han comenzado a asumir públicamente lo que era un secreto a voces en la comunidad científica: la humanidad está a punto de cruzar el límite de 1.5 grados Celsius de calentamiento global. Sin embargo, la narrativa no es de derrota, sino de maniobra estratégica: el nuevo objetivo ya no es evitar el sobrepaso, sino minimizar su duración e intensidad.

1.5 °C: ¿meta, objetivo o límite biogeofísico?

En 2018, un informe especial del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) advirtió que incluso un incremento pequeño sobre los 1.5 °C pondría a millones de personas en riesgo por olas de calor extremas, aumento del nivel del mar y pérdida de ecosistemas críticos como los arrecifes de coral.

Hoy, la temperatura media global ya ha aumentado alrededor de 1.3 °C desde los niveles preindustriales. Según algunos registros de 2023, ya hemos rebasado los 1.5 °C en medias anuales, aunque técnicamente aún no se ha cruzado el umbral definitivo, que se mide como promedio de una década completa.

Para científicos como Johan Rockström, director del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, el 1.5 °C no es una simple meta aspiracional: "No es una meta, es un límite. Una línea que no deberíamos cruzar", afirmó en la última cumbre climática en Belém.

El nuevo enfoque: superar para luego reducir (“Overshoot”)

El concepto de overshoot —el rebasamiento temporal del umbral de 1.5 °C— ha ganado protagonismo en los últimos meses. Consiste en permitir un ascenso de la temperatura por encima del límite, pero con el compromiso de impulsarla nuevamente hacia abajo.

¿Cómo? Mediante dos mecanismos principales:

  • Reducción drástica de las emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente CO2 y metano.
  • Captura de carbono atmosférico mediante soluciones naturales como la reforestación o tecnologías emergentes como la DAC (captura directa de aire).

La viabilidad de este enfoque depende en gran parte de tecnologías aún no desplegadas a gran escala, como la bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS) o la mineralización rápida del CO2. "Sin remoción masiva de dióxido de carbono, simplemente es imposible manejar un escenario de overshoot", afirma Ottmar Edenhofer, otro científico de Potsdam.

¿Cuándo y cuánto será el overshoot?

Según el Climate Action Tracker, bajo el escenario más optimista (completa implementación de todas las políticas climáticas prometidas), el mundo cruzaría el umbral de 1.5 °C entre 2030 y 2035. En este escenario, las temperaturas alcanzarían un máximo de 1.7 °C hacia 2050 y retornarían por debajo de 1.5 °C en la década de 2060.

Pero la realidad actual está muy lejos del escenario optimista. Sin una acción transformadora inmediata, se proyecta que el ascenso de la temperatura continuará hasta alcanzar entre 2.6 °C y 3.0 °C para fin de siglo.

Las consecuencias de “prolongar la estadía en la zona de peligro”

Los científicos advierten que cada fracción de grado adicional agrava los riesgos climáticos:

  • Pérdida irreversible de la selva amazónica debido al cambio del régimen de lluvias.
  • Derretimiento de los casquetes polares en Groenlandia y la Antártida, lo que elevaría el nivel del mar en metros.
  • Alteración de la corriente atlántica AMOC, que regula el clima de Europa y América del Norte.
  • Extinción masiva de especies, especialmente aquellas en ecosistemas tropicales y marinos.
  • Impactos humanos crecientes: olas de calor letales, inseguridad alimentaria y desplazamientos climáticos.

¿Está preparada la humanidad para un escenario pos-1.5?

Desde el punto de vista político, el reconocimiento del overshoot por parte de organismos como la ONU representa un cambio de retórica importante, pero también una admisión de que los compromisos actuales no bastan.

"El objetivo de 1.5 °C no está muerto", declaró en junio Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas. "Debemos tratar de regresar por debajo de ese límite cuanto antes".

El problema es que la narrativa del "optimismo tecnológico" puede generar una falsa sensación de seguridad. En palabras del climatólogo Bill Hare, CEO de Climate Analytics: "Estamos en camino de un sobrepaso total, no temporal. Estamos mirando hacia un 2100 aún con temperaturas elevadas".

Tecnología, política y justicia climática

Aunque existen múltiples tecnologías en desarrollo, como la captura directa de carbono, su costo y escalabilidad son todavía cuestionables. Además, depender de ellas sin transformar el modelo energético plantea dilemas éticos y de equidad.

Por ejemplo, muchas propuestas de soluciones climáticas implican el uso intensivo de territorio y agua —como los cultivos energéticos para BECCS— y podrían desplazar comunidades indígenas o áreas agrícolas en países en desarrollo.

No podemos permitirnos una transición a costa de los más pobres”, advierte Teresa Anderson, directora de políticas climáticas de ActionAid.

Las próximas dos décadas importan más que nunca

Si bien ya no es realista evitar el sobrepaso, aún se pueden reducir sus consecuencias:

  • Dejar de subsidiar combustibles fósiles. Los países del G20 gastaron $1.000 millones de dólares diarios en subsidios a los combustibles fósiles en 2022, según la IEA.
  • Rediseñar las finanzas globales. Desbloquear fondos climáticos para países vulnerables y cumplir promesas previas como los $100.000 millones anuales prometidos en el Acuerdo de París.
  • Invertir en adaptación climática. Desde infraestructura contra inundaciones hasta sistemas de alerta temprana y seguridad alimentaria.
  • Revitalizar los “sumideros” naturales: proteger selvas tropicales, manglares, suelos sanos, y océanos vivos.

Un llamado a la acción desde la Amazonía

No es casualidad que la última cumbre climática de la ONU se celebrara en Belém, corazón del Amazonía brasileña. Esta región simboliza tanto la amenaza como la esperanza: si se seca, el daño será irreversible; si se protege, será una pieza clave en la estabilización del clima global.

La cumbre también ha sido marco para que países como Brasil, Colombia y otros miembros de la OTCA (Organización del Tratado de Cooperación Amazónica) exijan una mayor atención a la deuda histórica de los países desarrollados y reclamen financiamiento para conservar sus bosques y comunidades.

¿Y ahora qué?

El tiempo de los discursos ha pasado. La ciencia es clara: el sobrepaso se avecina, pero su magnitud y duración aún están en nuestras manos. Actuar hoy puede marcar la diferencia entre una humanidad precarizada por desastres cada vez más frecuentes, o una civilización que logró reconducir su destino dentro de los límites planetarios.

Como diría el biólogo Edward O. Wilson: “El problema humano del siglo XXI no es si podemos controlar la naturaleza, sino si podemos controlarnos a nosotros mismos”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press