Trump y Arabia Saudita: Una relación diplomática envuelta en polémicas y millones

El príncipe heredero Mohammed bin Salman regresa a Washington en un contexto de acuerdos económicos, alianzas estratégicas y oscuros antecedentes

Una visita llena de simbolismo aunque sin carácter oficial

El próximo martes, la Casa Blanca se prepara para recibir con pompa al príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, en una visita que, aunque no goza del estatus de visita de Estado, posee el peso diplomático, político y económico digno de una. Las ceremonias comenzarán en el South Lawn de la residencia presidencial, donde será recibido por el presidente Donald Trump.

Esta visita, considerada “de trabajo oficial” debido a que bin Salman aún no es técnicamente un jefe de Estado, refleja la relevancia geopolítica que ha tenido la relación entre Estados Unidos y Arabia Saudita en las administraciones recientes, y en especial con Trump, quien ha cultivado una relación estrecha con el joven líder saudí.

Una amistad estratégica: petróleo, armas y negocios

Trump y el príncipe heredero no han escondido su afinidad. Desde la primera visita presidencial de Trump al exterior —una gira por Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Arabia Saudita en su primer mandato— quedó claro que los lazos con el Golfo Pérsico eran prioridad.

“Realmente creo que nos agradamos mucho”, dijo Trump tras ese viaje inaugural. Desde entonces, los acuerdos entre Washington y Riad han incluido compras millonarias de armamento, inversión saudí en infraestructuras estadounidenses y alianzas petroleras que impactan globalmente.

En esta visita de 2025, ambos gobiernos planean anunciar y firmar varios acuerdos económicos y de defensa, consolidando aún más esa simbiosis estratégica. Según un funcionario de la Casa Blanca, parte del paquete incluirá contratos con empresas defensa estadounidenses, incentivos fiscales para inversiones saudíes en energía y manufactura avanzada, y cooperación en inteligencia regional.

Un evento empresarial decisivo en Washington

El miércoles posterior, las élites corporativas de ambos países se reunirán en el Kennedy Center en lo que se anticipa como uno de los encuentros empresariales más importantes del año: el Consejo Empresarial EE.UU.-Arabia Saudita.

Se espera la presencia de docenas de CEOs estadounidenses y miembros de los fondos soberanos saudíes. Aunque no está confirmada su asistencia, es probable que Trump participe en este evento, dado el perfil de los asistentes y la oportunidad para proyectar su compromiso con el sector privado.

La sombra persistente de Khashoggi

Sin embargo, a esta visita no le falta controversia. Esta será la primera vez que bin Salman pisa suelo estadounidense desde el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en 2018 dentro del consulado saudí en Estambul, un evento que aún persigue al líder saudí.

Las agencias de inteligencia estadounidenses concluyeron que bin Salman ordenó o al menos estuvo al tanto del crimen, lo que generó una ola de sanciones contra funcionarios saudíes. Aunque el príncipe siempre ha negado su implicación directa, su imagen pública internacional se vio irremediablemente afectada.

El hecho de que la administración Trump -y luego la administración Biden- haya continuado normalizando relaciones con Riad, evidencia el pragmatismo crudo que domina la política exterior estadounidense cuando hay intereses geopolíticos y económicos de por medio.

Críticas internas y externas

Grupos de derechos humanos, medios internacionales e incluso legisladores estadounidenses han expresado su incomodidad con la cercanía entre la Casa Blanca y el príncipe. Sarah Margon, experta del Carnegie Endowment for International Peace, afirmó: “Estados Unidos no puede comprometer sus valores democráticos en nombre de beneficios a corto plazo con regímenes autoritarios”.

No obstante, Trump ha sido claro en su rechazo a tales críticas, priorizando lo que él considera “el interés económico y de seguridad nacional”. Las relaciones personales con bin Salman y otros líderes autoritarios del Golfo han sido clave en su doctrina internacional.

El petróleo como moneda de cambio

Uno de los aspectos fundamentales de esta alianza ha sido el petróleo. Arabia Saudita, como pieza clave de la OPEP, ha coordinado con EE.UU. mecanismos de producción que estabilicen precios internacionales. Durante los periodos de sanciones a Irán y Rusia, Riad se ha convertido en un socorro energético indispensable para Occidente.

En paralelo, Estados Unidos ha incrementado sus niveles de producción mediante fracking, tensionando a veces las relaciones con los países productores tradicionales, pero compensando con acuerdos preferenciales con Arabia Saudita.

Cena en la Casa Blanca: glamour diplomático

El punto culminante en términos de protocolo será una cena formal en el East Room, organizada personalmente por Melania Trump. Aunque se le denomina “cena privada”, está claro que representa un acto de diplomacia simbólica, un sello de distensión y buena voluntad entre ambos gobiernos.

Este evento reunirá a políticos, empresarios y representantes del cuerpo diplomático extranjero. Será también la ocasión para mostrar la calidez del recibimiento que Estados Unidos extiende a quienes considera aliados estratégicos, pese a las controversias.

Una alianza cuestionada en el tiempo

Históricamente, Arabia Saudita ha sido un socio polémico para Estados Unidos. Desde el embargo petrolero de los años 70, pasando por la relación con la familia Bush, hasta los atentados del 11-S —evento cuyas conexiones con ciudadanos saudíes nunca se aclararon del todo—, la alianza ha estado manchada de sospechas.

Sin embargo, ni las diferencias culturales ni los episodios oscuros han impedido que las relaciones se mantengan e incluso se fortalezcan con cada nueva administración, de una u otra forma.

Más aún, con el auge de China como potencia económica y la influencia de Rusia en la región, mantener a Arabia Saudita del lado occidental se ha vuelto una prioridad para Washington.

¿Qué esperar después de la visita?

Todo indica que tras esta visita, las relaciones se afianzarán aún más. Arabia Saudita continuará invirtiendo en sectores clave de la economía estadounidense y Estados Unidos seguirá apoyando militar y tecnológicamente al reino, en un momento donde las alianzas energéticas y de defensa son cruciales.

Lo que queda por ver es si este fortalecimiento se hará sin mayores críticas públicas o si, por el contrario, el Congreso y la opinión pública comenzarán a exigir cuentas más claras sobre la ética de estas asociaciones internacionales.

En palabras de Richard Haass, presidente del Council on Foreign Relations, “la política exterior sin principios es una estrategia condenada al desgaste. Las alianzas deben ser racionales, pero no pueden estar desligadas de los valores”.

En una era donde la realpolitik parece dominar, la visita de Mohammed bin Salman promete ser uno de los episodios más emblemáticos de la política exterior estadounidense bajo la administración Trump. Una mezcla delicada de intereses económicos, silencios diplomáticos e intereses estratégicos que definen el tablero geopolítico contemporáneo.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press