Alexander Stubb y el 'sisu' finlandés: la diplomacia europea frente a la guerra en Ucrania
Con paciencia, frío cálculo y una pizca de golf, el presidente de Finlandia navega entre Trump, Zelenskyy y Putin ante una guerra sin final claro
Mientras la guerra en Ucrania se encamina a su cuarto año y las posibilidades de un alto el fuego antes de la primavera parecen remotas, una pequeña nación del norte de Europa mantiene un papel inesperadamente central en los esfuerzos diplomáticos: Finlandia. Al frente de estos esfuerzos se encuentra Alexander Stubb, presidente de Finlandia, un intelectual políglota con una resistencia a prueba de frío, y quizás, lo más importante, alguien que tiene el oído del expresidente estadounidense Donald Trump.
Finlandia: de la neutralidad a la OTAN
Finlandia comparte 1.340 kilómetros de frontera con Rusia, y la historia común entre ambas naciones proporciona claves fundamentales para comprender la firmeza actual finlandesa.
Durante los años 40, tras dos guerras con la Unión Soviética, Finlandia cedió aproximadamente un 10% de su territorio. Tomó entonces la decisión histórica de adoptar una postura de neutralidad militar, una “flexibilidad forzada” con Moscú que se mantendría sin grandes sobresaltos hasta el 2022, cuando, tras la invasión rusa a Ucrania, Helsinki cambió drásticamente de rumbo y decidió unirse a la OTAN.
'Sisu': más que una palabra
En su discurso político, Stubb utiliza el concepto finlandés de “sisu” —una palabra sin traducción exacta al español, que reúne los significados de resistencia, coraje, determinación y temple— como filosofía de respuesta ante la amenaza híbrida rusa en Europa.
“La línea entre la guerra y la paz se ha vuelto borrosa”, declaró Stubb, en referencia a las tácticas rusas de sabotaje, drones, desinformación y ciberataques.
“La forma de abordar estas amenazas es siendo finlandés. Es decir, ser frío, calmado, sereno... y tener un poco de ese ‘sisu’”, afirmó.
Una diplomacia de golf con Trump
Uno de los elementos más llamativos del relato diplomático actual es la relación personal entre Stubb y Donald Trump. Han jugado al golf, conversado profundamente. En sus propias palabras, Stubb dijo:
“Puedo explicarle al presidente Trump lo que Finlandia vivió, lo que veo en el campo de batalla, cómo manejar a Putin... y si acepta aunque sea una de cada diez ideas, ya es algo bueno”.
En las complejas dinámicas actuales, esa cercanía le permite a Stubb actuar como podríamos decir, un traductor geopolítico entre Trump, con su enfoque impredecible, y Zelenskyy, líder de una nación devastada, necesitada de ayuda urgente.
Corrupción en Ucrania: un arma en manos de Putin
Uno de los puntos más candentes en la opinión pública europea es el reciente escándalo de corrupción que ha salpicado a altos mandos ucranianos. Stubb no rehúye el tema:
“Zelenskyy debe lidiar de inmediato con las acusaciones de comisiones y malversación. Estos casos juegan a favor de Moscú y desgastan la credibilidad ucraniana en Europa”.
Aun así, el presidente finlandés urge a los líderes europeos a mantener e incluso incrementar el apoyo financiero y militar a Ucrania. Según él, no podemos permitir que la fatiga se imponga: “Esto es una maratón, no una carrera de velocidad”.
¿Alto el fuego en 2024?
Stubb no se muestra optimista respecto a un posible cese de hostilidades:
“No soy muy optimista sobre lograr un alto el fuego ni siquiera sobre el inicio de negociaciones de paz este año. Sería positivo iniciar algo hacia marzo, pero no veo señales aún”.
Y es que hay tres grandes interrogantes en el camino hacia la paz:
- Garantías de seguridad para Ucrania.
- Reconstrucción de su economía.
- Algún tipo de entendimiento sobre los territorios ocupados.
Putin, Ucrania y las armas congeladas
Stubb propone una estrategia dual: dar herramientas a Ucrania y presionar a Putin. Una de las ideas más potentes es usar los activos congelados del Estado ruso en Europa, cuyo monto suma cientos de miles de millones de dólares, como garantía para financiar la resistencia ucraniana.
También elogió a Trump por haber sancionado en octubre a gigantes energéticos rusos como Lukoil y Rosneft. “Hizo un trabajo excelente”, dijo Stubb. Pero también criticó que se hayan negado a Ucrania misiles Tomahawk de largo alcance, que permitirían ataques más profundos dentro de territorio ruso, aunque Ucrania no posee actualmente plataformas compatibles para lanzarlos.
Estados Unidos, negociaciones a puertas rotativas
Trump ha tenido altibajos en su postura sobre Ucrania. En octubre se anunció que se reuniría con Putin en Budapest. Pero la cumbre fue cancelada abruptamente días después.
Stubb interpretó esto como una estrategia errónea de Rusia. “Tenían una oportunidad y la desperdiciaron”, dijo, en referencia a la inexistencia de avances del Kremlin.
Trump, afirmó Stubb, oscila entre la búsqueda de lazos con Putin y la presión sobre él, y el mismo vaivén lo aplica con Zelenskyy. Ante esa volatilidad, el presidente finlandés adoptó su propio método de resistencia: “Hay que tener paciencia y vivir con la realidad”.
“Seré puente entre Trump y Zelenskyy”
En los márgenes de la diplomacia internacional, la figura de Stubb actúa como catalizador entre partes enfrentadas o distantes.
“Interpretamos al presidente Trump para Zelenskyy, y viceversa”
Para Putin, en cambio, Stubb propone que “sólo Trump debería negociar directamente”, sugiriendo que la Unión Europea aún no tiene canales directos abiertos con Moscú.
Guerra híbrida: más allá de Ucrania
Rusia, según Stubb, no se limita a Ucrania. Está librando lo que describe como una guerra híbrida en toda Europa, con drones violando espacios aéreos, sabotajes, incendios provocados y campañas de desinformación.
“Están intentando desestabilizar Europa, provocar caos y sembrar el pánico”, advirtió.
Este conflicto “sin líneas claras entre conflicto y paz”, plantea un nuevo paradigma de seguridad continental. Y Finlandia, otrora neutral, ya no observa desde la barrera.
¿Qué sigue para Ucrania y Europa?
Stubb reconoce que el proceso es lento, arduo y lleno de obstáculos. Pero agrega que los planes militares para garantizar la seguridad de Ucrania tras un potencial cese al fuego están ya claros, aunque no revela detalles “por cuestiones de confidencialidad”.
Incluso con escándalos internos, Stubb se muestra firme en su admiración a Zelenskyy:
“Liderar un país en guerra es una cuestión existencial. Se aprende mucho de uno mismo y de otros en esas circunstancias”.
Desde la fría Halvala hasta Bruselas y Mar-a-Lago, la brújula moral y geopolítica de Europa parece estar encontrando un norte inesperado en Helsinki... con una dosis de sisu.
