Haití bajo el agua: la tragedia de Petit-Goâve y el huracán que desnudó al estado fallido

La devastación causada por el huracán Melissa en Haití revive una tragedia anunciada marcada por la falta de infraestructura, negligencia estatal y emergencia humanitaria

  •  EnPelotas.com
    EnPelotas.com   |  

Un grito entre el lodo: la noche que cambió a Petit-Goâve

Cuando el río La Digue empezó a desbordarse tras la medianoche en Petit-Goâve, Haití, muchos ya dormían. Para cuando el agua alcanzó las casas, ya era demasiado tarde. En minutos, las corrientes arrastraban coches, hogares y hasta niños entre gritos, barro y escombros. Era el paso del huracán Melissa, una tormenta de categoría 5, una de las más potentes registradas en el Atlántico, que dejó al menos 43 personas muertas en Haití y más de una docena desaparecidas.

Petit-Goâve, una ciudad costera del sur haitiano, fue la más afectada. “¿Dónde está mi fuerza?”, gritó entre lágrimas Fanile Estinval vestida de blanco mientras despedía a sus dos hijos fallecidos. La escena fue una de muchas durante los funerales colectivos en la plaza del pueblo: dieciocho ataúdes, muchos de ellos pequeños, adornados con flores amarillas y naranjas, reflejaban la magnitud del dolor.

Más allá del desastre natural: la tragedia evitada

No fue solo la furia del clima lo que mató en Haití. El enojo de la población lo dejó claro: la tragedia pudo haberse evitado. En un país lastrado por la falta de planificación urbana, infraestructuras precarias y una respuesta gubernamental ineficaz, Melissa simplemente expuso una herida abierta. En días posteriores, se anunció una protesta por la carretera principal exigiendo más ayuda y una respuesta más rápida del gobierno.

No podemos seguir enterrando a nuestros hijos por falta de previsión”, afirma Serge Joseph, vecino de la comunidad que perdió su casa y su granja. La ironía trágica se hizo palpable: una ciudad que solía ser un centro agrícola vibrante vio cómo el 90% de sus campos fueron arrasados por las aguas, según Wanja Kaaria, directora del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en Haití.

Huracanes, hambre y el cóctel perfecto para la devastación

Haití recorre un ciclo sin fin de pobreza extrema, inestabilidad política, brotes de enfermedades y desastres naturales. En ese contexto, el huracán Melissa actuó como el catalizador de múltiples crisis que ya estaban en ebullición.

Con ya cientos desplazados, más de 240 viviendas fueron total o parcialmente destruidas, mientras 100 familias permanecen en refugios improvisados. En uno de ellos, se encontraron dos niños solos sin rastros de sus padres, según la ONG Project Hope.

“Fue catastrófico”, indicó Sergile Henry, representante de la organización. Las cifras no solo dan cuenta de pérdidas materiales —es una catástrofe humanitaria en expansión.

La nueva amenaza: el cólera

En plena crisis, el acceso a agua potable ha desencadenado un nuevo peligro silencioso: el cólera. El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) ha reportado más de 30 casos sospechosos y 6 muertes debido a esta enfermedad en Petit-Goâve, donde el saneamiento ya era débil antes del ciclón.

Estamos hablando de zonas donde ni siquiera se puede acceder con facilidad”, explicó Boris Matous, especialista en emergencias de UNICEF. Los esfuerzos por clorar fuentes de agua y montar clínicas móviles se ven sobrepasados por la demanda y la urgencia.

El huracán golpeó a Haití en el peor momento, en un país donde cerca de 4.9 millones de personas —casi la mitad de su población— necesitan asistencia humanitaria urgente, según la ONU.

Una economía en ruinas y sin margen de resiliencia

La economía de Petit-Goâve basaba gran parte de su sustento en la agricultura. Tras el paso de Melissa, más del 90% de sus cultivos fue destruido. Esto no solo significa hambre a corto plazo, sino una pérdida completa de ingresos para miles que ya vivían bajo el umbral de la pobreza.

Los mercados tardarán mucho en recuperarse”, afirmó Wanja Kaaria, del PMA. Hasta el momento, se ha distribuido ayuda alimentaria para unas 40,000 personas y se planean transferencias de efectivo, pero el futuro es incierto. Más preocupante aún, por primera vez en una década, el PMA no logró preposicionar provisiones de emergencia en el sur haitiano debido a recortes de presupuesto.

La cara humana del desastre: madres, niños y supervivientes

Fanile Estinval no es la única madre con el corazón roto. En Petit-Goâve fallecieron al menos diez niños. Las imágenes de sus féretros pequeños, alzados por familiares entre el lodo y las lágrimas, ha generado eco en medios internacionales y movilizado a organizaciones humanitarias.

Los testimonios de los sobrevivientes son sobrecogedores. Un hombre que logró salir por una ventana antes de que su casa fuera arrastrada. Una mujer con la pierna fracturada que se aferró a un automóvil mientras sujetaba con fuerza a su hijo. Historias de resistencia, pero también de profundo trauma.

Una madre no debería enterrar a sus hijos”, exclamó Estinval. “¿Quién me va a enterrar a mí cuando yo muera?”

¿Dónde está el Estado haitiano?

Parte del enojo popular se ha canalizado contra el gobierno de Haití, percibido como lento en su respuesta humanitaria y completamente desbordado por la crisis. La falta de infraestructura para alertas tempranas, evacuaciones o gestión de emergencias demuestra un abandono estructural prolongado.

Con más de 11 millones de habitantes, Haití ha sufrido 30 golpes de Estado desde su independencia y múltiples intervenciones extranjeras. Su frágil aparato estatal ha enfrentado terremotos, epidemias y huracanes sin lograr establecer una red básica de protección civil.

Crisis perpetua: pobreza, violencia y emergencia climática

Los efectos del huracán Melissa no pueden aislarse del contexto más amplio. Haití atraviesa una multiplicidad de crisis interconectadas —inseguridad alimentaria, violencia de bandas armadas, colapso institucional— que han creado un entorno propenso a la tragedia.

Esta catástrofe se suma a otras múltiples crisis que ya enfrentábamos”, dijo Boris Matous, de UNICEF. La violencia de las bandas, que han tomado el control de amplias zonas del país, también obstaculiza las operaciones de ayuda.

El cambio climático y las islas olvidadas

Eventos como Melissa son cada vez más frecuentes e intensos debido al cambio climático, como han advertido múltiples informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). Las regiones insulares del Caribe, y en especial las más pobres, resultan ser las más vulnerables.

Según la Organización Meteorológica Mundial, 2023 y 2024 han sido años récord en términos de temperatura oceánica, lo cual alimenta huracanes más potentes. Pero la inversión para mitigación o resiliencia climática en Haití es prácticamente inexistente.

En el caso de Melissa, aunque golpeó también a Jamaica (donde murieron al menos 45 personas), la falta de infraestructura en Haití —diques, sistemas de drenaje y planes de contingencia— hizo que las consecuencias fueran mucho más letales.

¿Hay salida?

La comunidad internacional —ONGs, organismos multilaterales y gobiernos solidarios— ha comenzado a movilizar esfuerzos, pero los retos son titánicos. Más allá de la ayuda inmediata, se necesita una reconstrucción sostenible, diseñada por y para los haitianos. Haití necesita inversiones, pero más aún: necesita instituciones fuertes, liderazgo honesto y alianzas duraderas.

Haití no solo fue arrasado por el viento y el agua. Fue arrasado por la indiferencia, la pobreza y la corrupción. Es momento de mirar a Petit-Goâve, no como una tragedia aislada, sino como el espejo de una deuda global con los más vulnerables.

“Que no mueran más niños por lluvias anunciadas”, claman en las calles del pueblo. La pregunta es: ¿alguien los escucha?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press