La República Checa apuesta por la energía nuclear: ¿el nuevo motor verde de Europa?

Con un ambicioso proyecto de $19 mil millones, el país centroeuropeo busca duplicar su potencia nuclear para 2050 y posicionarse como líder europeo en energía limpia y segura.

Una central y un futuro: la planta nuclear de Dukovany

Desde lo alto, las ocho torres de enfriamiento de la central nuclear de Dukovany se erigen como uno de los monumentos industriales más imponentes de la República Checa. Y a sus pies, una obra promisoria: la construcción de dos nuevos reactores que transformarán el panorama energético checo.

Con una inversión estimada en más de 19 mil millones de dólares, respaldada parcialmente por el Estado, el proyecto se marca como objetivo reducir la dependencia energética del carbón, alcanzar compromisos climáticos europeos y asegurar el suministro para industrias en crecimiento como los data centers y los vehículos eléctricos.

Un proyecto a gran escala liderado por Corea del Sur

La licitación para construir los dos nuevos reactores fue ganada por la surcoreana Korea Hydro & Nuclear Power (KHNP), superando a la francesa EDF. Cada unidad tendrá una capacidad superior a los 1,000 megavatios, sumándose a los cuatro reactores actuales de Dukovany que, desde los años 80, generan 512 MW cada uno.

Además, el contrato con KHNP le otorga a la República Checa la opción de construir otros dos reactores en Temelín, la otra planta nuclear del país, que cuenta con dos reactores de 1,000 MW cada uno. Con estas nuevas adiciones, se espera que alrededor del 50% al 60% de la electricidad checa provenga de la energía nuclear hacia 2050.

"Hoy obtenemos cerca del 40% de nuestra electricidad de la energía nuclear, pero también recibimos otro 40% del carbón. Está claro que tenemos que reemplazar al carbón", declaró Petr Závodský, director general del proyecto Dukovany.

Una decisión estratégica europea

La expansión nuclear checa no es un caso aislado. Es parte de una tendencia creciente en Europa. En 2024, la Unión Europea generó alrededor del 24% de su electricidad a través de la energía nuclear. La necesidad de reducir emisiones de carbono y combatir el cambio climático ha llevado a una revalorización global de la tecnología nuclear.

En este contexto, la Comisión Europea incluyó a la energía nuclear dentro de su taxonomía verde, es decir, como una actividad económica sostenible desde el punto de vista ambiental. Este reconocimiento facilita el acceso a financiación internacional, permitiendo que países como República Checa, Francia, Hungría y Eslovaquia impulsen sus programas nucleares.

A su vez, países como Bélgica y Suecia suspendieron sus planes para abandonar la energía nuclear. Polonia, hasta ahora sin centrales nucleares, firmó un acuerdo con Westinghouse para construir tres unidades. Por su parte, Reino Unido se embarca en su mayor inversión nuclear desde 1995 con la construcción de Sizewell C, valorada en 14.200 millones de libras.

Los pequeños reactores modulares: una apuesta a largo plazo

Además del desarrollo de reactores convencionales, la República Checa se une al frente tecnológico de los llamados Small Modular Reactors (SMR). En colaboración con Rolls-Royce SMR, busca construir y desplegar estos nuevos sistemas más pequeños, flexibles y seguros, con el objetivo de diversificar su matriz energética e incluso exportar esta tecnología.

Los SMR están diseñados para ofrecer energía estable y limpia a un menor costo y con mayor facilidad de instalación. Esta tecnología podría ser una solución clave para regiones remotas o para reemplazar plantas de carbón de menor escala.

Desafíos financieros y estratégicos del proyecto

El desafío económico no es menor. Con un costo estimado superior a los 19 mil millones de dólares, el gobierno ha adquirido el 80% del proyecto y se encargará de conseguir préstamos que serán pagados por la empresa energética estatal CEZ a lo largo de 30 años.

Asimismo, se ha comprometido a garantizar ingresos estables por la venta de energía durante 40 años. Este respaldo estatal fue clave para destrabar el plan, luego de que en 2014 se suspendiera una licitación en Temelín por falta de garantías financieras.

Otro desafío ha sido político: en el contexto de la guerra en Ucrania, se excluyó de manera explícita a Rosatom (Rusia) y a compañías chinas por razones de seguridad nacional. Actualmente, los contratos de combustible nuclear se han firmado con Westinghouse (EE.UU.) y Framatome (Francia), garantizando así la independencia energética respecto de Rusia.

Una sociedad nuclearizada, pero no sin debates

La energía nuclear goza de alta aceptación social en la República Checa, una rareza en Europa. Sin embargo, existen voces críticas, como el grupo ambientalista Amigos de la Tierra, que señalan el alto coste económico y la ausencia de una solución definitiva para los residuos nucleares.

Otro actor clave en la oposición es Austria. Desde la catástrofe de Chernóbil en 1986, el país ha abandonado por completo la energía atómica, y mantiene una postura firme contra cualquier planta vecina. En 2000, un conflicto por Temelín provocó una crisis diplomática entre ambos países. Hoy, el Parlamento austríaco ha rechazado de plano los planes checos para desarrollar reactores modulares.

El dilema sobre el almacenamiento definitivo de residuos sigue siendo una asignatura pendiente a nivel global. Aunque son pequeños en volumen comparados con otros residuos industriales, los residuos nucleares requieren soluciones científicas a largo plazo. La República Checa planea definir su depósito geológico profundo antes del año 2045.

¿El renacer nuclear europeo frente al cambio climático?

El proyecto de Dukovany y su potencial expansión en Temelín forman parte de un debate más amplio sobre el rol de la energía nuclear en la transición energética. Si Europa aspira a ser climáticamente neutra para 2050, deberá equilibrar las ventajas ambientales de la nuclear –cero emisiones de CO₂– frente a sus desafíos técnicos, logísticos y políticos.

Con la integración de tecnologías como los SMR, la descarbonización del sistema energético y una política de seguridad energética post-rusa, la energía nuclear se presenta no como una reliquia del siglo XX, sino como un faro del siglo XXI.

"Estamos en una buena posición para argumentar que no podremos prescindir de nuevas unidades nucleares", insistió Petr Závodský.

Con un consumo eléctrico en aumento, objetivos ambientales ambiciosos y una presión creciente por la autonomía energética europea, el renacer nuclear ha dejado de ser una posibilidad lejana para convertirse en una urgencia programada.

Quizá el siglo XXI no pertenezca solo a las energías renovables, sino también a una nueva generación nuclear, diseñada con transparencia, cooperación internacional y responsabilidad ambiental.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press