Putin sube impuestos y golpea a los bolsillos rusos: ¿finanzas de guerra o crisis económica en puerta?
Una mirada profunda a las nuevas políticas fiscales del Kremlin que podrían redefinir el modelo económico de Rusia tras años de crecimiento por gasto militar
Una economía desacelerada tras el auge bélico
Después de dos años de crecimiento impulsado por el gasto militar derivado de la guerra en Ucrania, la economía rusa comienza a mostrar señales de agotamiento. La desaceleración económica, la caída de ingresos petroleros —que representan más del 30% del presupuesto federal— y el crecimiento del déficit fiscal han llevado al Kremlin a buscar nuevas fuentes de ingresos. Y esa fuente no será otra que los propios rusos. Vladimir Putin ha decidido cargar el peso de la estabilización económica en los hombros de ciudadanos y pequeños empresarios. ¿Cómo? A través de un alza en los impuestos y tarifas, que podría recaudar hasta 1 billón de rublos (unos 12.300 millones de dólares), según cifras oficiales.Sube el IVA: una medida que impacta a todos
El impuesto al valor agregado (IVA) pasará del 20% al 22% a partir del 1 de enero de 2025, conforme a una legislación que avanza sin oposición por la dócil Duma Estatal. Aunque parezca una modificación menor, el impacto será masivo. Al tratarse de un impuesto al consumo, afecta directamente a los precios que pagan los consumidores. Lo que en una economía estable podría ser asumido con resignación, en el Rusia actual —donde el salario promedio ronda los 66.000 rublos (unos 770 USD, según el tipo de cambio oficial)— se convierte en una amenaza tangible al poder adquisitivo. Además, se reducirá el umbral de exención del IVA para las empresas. Si antes solo debían aplicarlo quienes facturaban más de 60 millones de rublos anuales, para 2028 ese umbral caerá a tan solo 10 millones, es decir, 123.000 dólares. Esto incluye a pequeños negocios como peluquerías, tienditas y emprendedores autónomos, muchos de los cuales quedarán en riesgo de cierre. "Pienso que los pequeños y medianos negocios colapsarán. El presupuesto recibirá menos, no más", declaró Svetlana Martynova, pensionada de Moscú, al medio ruso RBC.Suben los impuestos al alcohol, cigarrillos y tecnología
El gobierno también planea aumentar los impuestos especiales a productos como el alcohol, el tabaco y las bebidas azucaradas. Por ejemplo, el impuesto sobre el vodka aumentará en 84 rublos por litro de alcohol puro, lo que representa un 5% adicional sobre el precio mínimo legal de una botella de medio litro (349 rublos o aproximadamente 4,31 dólares). En el sector tecnológico, se evalúa aplicar un "impuesto digital" de hasta 5.000 rublos (61,5 USD) para teléfonos inteligentes, laptops y otros dispositivos de alta gama. Según reportes del medio ruso Kommersant, esta medida buscaría tanto recaudar como frenar la fuga de consumo hacia productos importados, especialmente de marcas occidentales que ya han abandonado el país.Suben las tarifas públicas: autos e importaciones, en la mira
Registrarse un auto o renovar una licencia también será más caro. El esquema de reciclaje para vehículos —una tarifa obligatoria— ha sido modificado para que los ciudadanos paguen igual que las empresas si el motor del coche supera los 160 caballos de fuerza. Esto se traducirá en costos de registro que pueden alcanzar cientos de miles de rublos, especialmente para autos importados, cuyo principal proveedor ya es China. El director de Avtodom, una reconocida empresa distribuidora de autos, pronosticó que las ventas "bajarán en el corto plazo, pero se recuperarán en unos seis meses". Sin embargo, advirtió que "los consumidores pedirán mayores salarios, y esto generará una espiral inflacionaria".La paradoja de un crecimiento lento con inflación elevada
La inflación en Rusia ronda hoy el 8%, motivada en buena parte por el exceso de dinero circulante desde el inicio del conflicto bélico. Para frenarla, el Banco Central de Rusia ha mantenido una tasa de interés clave de 16,5%, una de las más altas en el mundo. A pesar de estas medidas, las perspectivas no son halagüeñas. Mientras que en 2023 y 2024 la economía creció más del 4% cada año, el gobierno estima que el crecimiento en 2025 será de apenas un 1%. Y lo que es peor: el déficit fiscal se elevó del 0,5% al 2,6%, y Rusia no puede financiarlo con deuda externa, debido a las sanciones internacionales.¿Por qué no puede financiarse Rusia como otros países?
A diferencia de economías como Estados Unidos o Japón, que recurren a los mercados de bonos internacionales, Rusia está completamente excluida del sistema financiero global debido a las sanciones por la invasión a Ucrania. Una alternativa sería imprimir más dinero, pero eso agravaría la inflación. Por eso, el ministro de Finanzas Anton Siluanov señaló que la mejor opción era subir impuestos:“Una deuda excesiva aceleraría la inflación y llevaría a aumentar aún más la tasa de interés clave, lo que dañaría la inversión y el crecimiento.”Por lo tanto, el círculo se cierra: sin préstamos externos, con inflación alta e ingresos petroleros a la baja, la única fuente de financiamiento disponible es la población.
¿Y el ciudadano ruso? Entre la resignación y el enojo
Lo que más preocupa es cómo los ciudadanos están reaccionando. Muchos aceptan con resignación, mientras otros expresan descontento. Según sondeos independientes, la confianza en el rumbo económico del país ha caído un 27% respecto al 2022. Un informe del Instituto Levada muestra que el 59% de los rusos cree que su nivel de vida disminuirá en los próximos seis meses. Además, los hogares con ingresos bajos y medios gastan hasta el 70% de su sueldo en bienes de consumo. Un impuesto al consumo como el IVA, por tanto, les afecta proporcionalmente más que a las clases altas, siendo considerado regresivo por diversos economistas.¿Una señal de debilidad política?
Aunque Putin sigue teniendo un control férreo del aparato estatal, estas medidas podrían erosionar su base de apoyo, especialmente en las regiones más desfavorecidas, que además han puesto una buena parte de los reclutas para la guerra. “La guerra ya no es una euforia nacional; es una carga que empieza a sentirse”, afirma Alexandra Prokopenko, del Carnegie Russia Eurasia Center. Según ella, el Kremlin aún tiene reservas suficientes para 12 a 14 meses más de gastos en su nivel actual, pero luego deberá elegir: seguir financiando el esfuerzo bélico, o evitar que la población sienta plenamente los costos del conflicto.Guerra o bienestar: el dilema del Kremlin
Esta tensión entre el "cañón y la mantequilla", como la han descrito los economistas, podría definir el rumbo de la política rusa en los próximos años. La economía bélica de corto plazo generó empleos y elevó temporalmente los ingresos. Pero ahora, esa dinámica empuja a Rusia hacia la estanflación: crecimiento mínimo con inflación persistente. Mientras tanto, las inversiones extranjeras siguen huidizas, la fuga de cerebros continúa, y los consumidores ajustan su presupuesto ante precios más altos. En otras palabras, el modelo de resiliencia rusa llega a un punto de inflexión. Con una guerra prolongada, restricciones occidentales y carga fiscal creciente, el Kremlin se enfrenta al dilema de seguir doblando la apuesta o buscar una forma de estabilizar su economía antes de que la presión interna estalle. ¿Será este el momento en que Putin se vea obligado a abandonar su lógica de confrontación externa, en favor de una agenda de supervivencia económica interna? Todo indica que 2025 podría ser el año en que el Kremlin deba tomar una decisión imposible de posponer. Este artículo fue redactado con información de Associated Press
