Trump y la épica batalla contra la inflación: ¿Soluciones reales o promesas recicladas?

El expresidente estadounidense recurre a tácticas ya vistas durante la era Biden mientras los votantes pierden la paciencia frente al alto costo de vida

El déjà vu económico: Trump repite la historia

Donald Trump, al igual que su antecesor Joe Biden, se enfrenta al monstruo inflacionario que ha sacudido la economía de EE. UU. desde 2021. Y lo curioso —o preocupante, según se mire— es que muchas de las estrategias que emplea para mitigar el impacto del alto costo de vida parecen calcadas de las del mismo Biden, a quien solía criticar por esos intentos.

En una rueda de prensa reciente, Trump aseguró con tono confiado: “Estamos por alcanzar el 1.5% [de inflación] muy pronto. Todo está bajando”. Sin embargo, mientras las promesas se acumulan, los estadounidenses miran con escepticismo los precios del supermercado.

Las elecciones más recientes respaldan esta frustración. En ellas, muchos votantes se inclinaron hacia los demócratas, principalmente por su preocupación ante la inasequibilidad de la vida cotidiana. ¿La causa? La falta de acciones contundentes y eficaces por parte de Trump para detener la escalada inflacionaria.

Políticas económicas que no convencen

Aunque Trump ha lanzado ideas como eliminar ciertos aranceles, extender las hipotecas a 50 años y brindar cheques de reembolso por $2,000, los expertos califican estas propuestas como apenas «gimmicks» que pueden parecer atractivos, pero no resuelven el problema de fondo.

Según Bharat Ramamurti, exsubdirector del Consejo Económico Nacional bajo Biden, “las herramientas a su disposición son demasiado limitadas para ayudar significativamente en el corto plazo”. Agrega que Biden aprendió con dureza que los votantes no aceptan con facilidad retóricas optimistas mientras siguen sintiendo el golpe del aumento de precios.

Biden, la pandemia y las promesas de la ‘Bidenomics’

Cuando Biden asumió la presidencia en 2021, la economía estadounidense intentaba recuperarse de la devastación causada por la COVID-19. Con la firma de un paquete de estímulo de $1.9 billones en marzo de ese año, Biden buscó prevenir una recesión. No obstante, sus críticos advirtieron que semejante inyección de dinero podría generar inflación.

Y así ocurrió. La reactivación vino acompañada de una tormenta perfecta: escasez de bienes, interrupción en cadenas logísticas globales, y finalmente, la invasión rusa a Ucrania que disparó los costos de energía y alimentos. El resultado: la inflación alcanzó su punto más alto en 40 años a mediados de 2022.

Aunque Biden intentó convencer a los votantes de que su enfoque “Bidenomics” mostraba resultados positivos, solo el 36% de los adultos en EE. UU. dijo aprobar su manejo de la economía en una encuesta de agosto de 2023 realizada por AP-NORC.

Ahora es Trump quien recibe el golpe

Lo irónico es que los republicanos, que acusaron a Biden de ser el causante de la inflación, ahora enfrentan esa misma narrativa en contra de su líder. Las propuestas de Trump —como sus aranceles— se ven reflejadas en los precios que pagan los consumidores. Su política energética menos amigable con las renovables podría encarecer los costos de electricidad, y su postura antiinmigrante encarece sectores laborales como la construcción, donde predominan los trabajadores inmigrantes.

Gene Sperling, experimentado asesor económico de varios gobiernos demócratas, señaló: “Es notable cuántos estadounidenses asocian correctamente el aumento de los precios con su errática política comercial.”

Las cifras no mienten

  • En abril, antes de implementar nuevos aranceles, la inflación anual estaba en 2.3%.
  • En septiembre, con los aranceles ya en vigor, subió al 3%.
  • En noviembre, un 67% de los adultos desaprobaba el manejo económico de Trump, según datos de AP-NORC.

El problema para Trump es que él mismo generó altas expectativas. Prometió que bajaría los precios de la gasolina, alimentos, alquileres. Pero esos costos siguen altos, y el votante siente el golpe.

Idéntico discurso, diferentes momentos

Michael Strain, director de estudios económicos en el American Enterprise Institute, comentó que tanto Biden como Trump subestimaron la preocupación por la inflación durante sus mandatos: “Ambos minimizaron el problema, mostraron otros indicadores positivos y trataron de mitigar quejas con cheques directos”.

La paradoja es brutal. Biden repitió una y otra vez que la economía estaba en recuperación; Trump repite hoy que el "boom económico está a la vuelta de la esquina". Ninguno parece haber logrado hasta ahora mejorar significativamente la percepción pública.

¿Una batalla imposible de ganar?

Según los asesores económicos, hay una verdad incómoda: la inflación tarda más en desaparecer de la mente de los votantes que del informe del Bureau of Labor Statistics. Ryan Cummings, exasesor de Biden, afirma que Trump podría vencer a la inflación solo si ocurre un milagro como una bumper harvest o una caída global en los precios del petróleo.

Pero en el frente estructural —precios de inmuebles, educación, salud y cuidado infantil— Trump ha retrocedido o ignorado soluciones. “Ha empujado todo en la dirección equivocada”, sentencia Cummings.

¿Y qué dice Trump?

Para el expresidente, el culpable sigue siendo Biden. En una entrevista reciente con Fox News, desvió la atención: “El problema fue que Biden hizo esto”. Es un argumento que puede tener efecto en sus votantes fieles, pero cada vez menos entre los indecisos que ahora miran con lupa los precios de la leche y el alquiler, y no encuentran mejores perspectivas.

¿Qué futuro económico le espera a EE. UU.?

El debate sobre quién es el ‘culpable’ de la inflación no sólo es político, sino profundamente estructural. Ambas administraciones —Biden y Trump— han enfrentado contextos complejos: pandemias, guerras, tensiones comerciales y conflictos migratorios.

Pero la paciencia del pueblo estadounidense tiene un límite, y ese límite está demarcado por la cifra al pie del ticket de la compra semanal. Mientras el porcentaje de aprobación en temas económicos siga bajo para ambos partidos, queda claro que el problema de la inflación, más allá de cifras y discursos, sigue siendo la gran asignatura pendiente de la política estadounidense.

¿Se abrirá paso un liderazgo con ideas frescas y pragmáticas? ¿Seguirá Trump prometiendo soluciones mágicas? El tiempo, y los votantes, lo dirán.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press