Elecciones en Chile 2025: Entre la incertidumbre política y una ciudadanía consciente
Jeannette Jara, Kast y la lucha por un país dividido que aún busca definirse
El domingo 16 de noviembre de 2025, Chile volvió a las urnas en unas elecciones generales que marcaron otro momento crucial para su democracia. Ciudadanos y ciudadanas, acompañados incluso por sus mascotas, hicieron fila desde temprano para elegir presidente, renovar el Parlamento y decidir el futuro inmediato de un país que, desde el estallido social de 2019, vive en una efervescencia política constante.
Alta participación en un Chile que no quiere repetir errores
Desde muy temprano, las imágenes de votantes en Santiago demostraban una determinación singular: votar ya no es solo un derecho, sino también un acto de responsabilidad histórica. Según cifras del Servicio Electoral de Chile (Servel), la participación ciudadana superó el 61%, una cifra significativa en un país que ha lidiado con niveles preocupantes de abstención en varias elecciones pasadas.
"Siento que si no voto, no puedo quejarme después. No quiero más gobiernos que digan una cosa y hagan otra", comentó Camila Riquelme, estudiante universitaria que votó en Ñuñoa. Su sentir es compartido por muchos chilenos, especialmente los jóvenes, quienes han cobrado protagonismo electoral en los últimos años.
Los protagonistas de la contienda: Jeannette Jara y José Antonio Kast
Dos figuras dominaron la jornada electoral: Jeannette Jara, candidata por la coalición progresista Unidad por Chile, y José Antonio Kast, el abanderado del Partido Republicano. Ambos votaron en Santiago y recibieron una fuerte cobertura mediática, no solo por sus propuestas diametralmente opuestas, sino por lo que representan para el Chile contemporáneo.
Jara, exministra de Trabajo, representa la continuidad del eje progresista que ha luchado por una nueva Constitución, propuesto reformas estructurales en salud y educación y apelado al fortalecimiento del Estado social de derecho. Se mostró sonriente y optimista. "Sea cual sea el resultado, lo importante es que la gente se exprese en democracia", dijo tras depositar su voto.
Kast, por otro lado, apuesta por un modelo liberal-conservador, con un discurso de orden, familia y libre mercado. Durante su paso por el local de votación, levantó su cédula para mostrar su opción con orgullo. Posteriormente, se tomó selfies con sus seguidores, una práctica muy en línea con su estilo comunicacional directo y mediático.
Más que una elección, un termómetro social
Más allá de los nombres, la elección de este año sirvió para medir nuevamente el pulso social del país. Desde el estallido de octubre de 2019 —cuando millones salieron a las calles para protestar por derechos sociales y en contra del modelo neoliberal—, las demandas de cambio persisten. Sin embargo, también ha surgido un sector que exige estabilidad y rechaza transformaciones "radicales".
Las fotos de electores junto a sus perros, de trabajadores preparando las urnas o incluso una niña esperando a que el adulto con quien fue vote, revelan una ciudadanía plural, cruzada por emociones, esperanzas y temores. Chile no es un país homogéneo, y esas diferencias se expresan nítidamente en las elecciones. Las caras serias, las risas nerviosas y la tensión contenida eran parte del paisaje electoral.
El trasfondo político: polarización ideológica
La polarización ha sido un rasgo distintivo de esta elección. La candidatura de Kast ha sido criticada por sectores de izquierda por posturas cercanas al pinochetismo, mientras que la de Jara ha sido rechazada por sectores conservadores por plantear ideas calificadas como "utópicas" o de "izquierda radical".
En este escenario, surgió también la figura de Johannes Kaiser, del Partido Libertario Nacional, quien tras emitir su voto saludó a sus simpatizantes y reiteró su crítica a lo que considera el "monopolio del Estado sobre la vida de los ciudadanos". Si bien su figura no parece tener opciones viables para llegar a La Moneda, sí refleja un sentir libertario en crecimiento.
Cambio constitucional: ¿avance detenido?
Uno de los temas clave en esta elección fue el proceso constitucional. Desde el rechazo al segundo borrador de nueva Constitución, gran parte de la población siente incertidumbre respecto al camino institucional. Mientras sectores como Unidad por Chile aún apuestan por una tercera vía hacia una nueva Constitución, otros como el Partido Republicano buscan cerrar este capítulo por completo.
“Nos dijeron que este proceso era de todos y luego sentimos que nos lo arrebataron”, expresó Mario Bustos, profesor secundario de Valparaíso. Para muchos, la Constitución nacida en dictadura sigue siendo un símbolo que debe ser reemplazado si se desea realmente “enterrar el pasado autoritario”.
¿Y después de las elecciones?
Más allá del resultado —que aún se encuentra en conteo preliminar—, la pregunta relevante es: ¿qué Chile saldrá de estas elecciones? ¿Un país aún comprometido con una transformación profunda, aunque tal vez más gradual? ¿O un país que desea frenar el ímpetu reformista de los últimos años para priorizar estabilidad económica y social?
Las reacciones ciudadanas fueron tan variadas como expresivas. En el exterior de los locales de votación, los gritos, pancartas, y banderas animaban la escena junto a otras postales más emocionales, como una abuela en silla de ruedas siendo llevada a votar por su familia, o simpatizantes de Jeannette Jara que cantaban antes de su llegada.
Lecciones democráticas de un día de urnas
El 16 de noviembre de 2025 se suma a una larga lista de hitos electorales chilenos desde el retorno a la democracia. Pero lo vivido este domingo es también reflejo de una ciudadanía que aprendió que su voz importa. Después de todo, el voto sigue siendo el arma más poderosa en manos del pueblo.
Mientras se realiza el escrutinio final, el país entero aguarda. Pero con algo claro: quien triunfe en las urnas tendrá el reto de gobernar un país profundamente dividido, socialmente despierto y políticamente exigente.
Chile sigue en construcción, piedra sobre piedra, voto tras voto.
Una jornada más humana que política
Más allá del tecnicismo electoral, la elección dejó postales profundamente humanas: desde funcionarios apurados por montar las mesas, hasta el empleado que cargaba una casilla luego del cierre como si llevara sobre sus hombros la historia democrática de su país. También aquellos que, tras emitir su voto, se abrazaban o compartían una empanada antes de volver a sus rutinas. Y sí, incluso los perros que acompañaron a sus humanos dejaron una marca inolvidable. Porque en Chile, votar es también un acto de la vida cotidiana, de la comunidad y de la esperanza.
