Samsung, Hyundai y SK apuestan por Corea del Sur con inversiones multimillonarias
A pesar de un histórico acuerdo comercial con EE.UU., los gigantes tecnológicos y automotrices surcoreanos refuerzan su compromiso de invertir en el desarrollo nacional
Una estrategia de equilibrio frente al acuerdo comercial con EE.UU.
Corea del Sur se encuentra en un momento clave de redefinición económica. A pocos días de haber cerrado un acuerdo comercial estratégico con Estados Unidos que incluye inversiones surcoreanas por 350 mil millones de dólares en territorio estadounidense, el presidente Lee Jae Myung busca disipar las crecientes preocupaciones sobre una posible fuga de capitales e innovación hacia el exterior.
En ese contexto, titanes de la industria surcoreana como Samsung Electronics, Hyundai Motor Group y SK Group se reunieron con el presidente Lee para anunciar imponentes planes de inversión nacional. Con propuestas que superan los 524 billones de wones (más de 360 mil millones de dólares) en conjunto, estos compromisos buscan reafirmar la centralidad del territorio surcoreano como epicentro tecnológico e industrial.
Samsung lidera con chips y centros de datos impulsados por IA
En el corazón de esta batería de anuncios, Samsung Electronics se posiciona con una propuesta de inversión de 450 billones de wones (unos 310 mil millones de dólares) a ejecutar en los próximos cinco años.
La joya de su plan es la nueva línea de producción de chips en Pyeongtaek, diseñada para responder a la creciente demanda global de semiconductores. Esta instalación, que entrará en funcionamiento en 2028, tendrá como prioridad la producción de memorias avanzadas, especialmente requeridas por industrias como la inteligencia artificial y el procesamiento de grandes datos.
Pero no es lo único. Samsung también construirá centros de datos especializados en IA en las regiones de South Jeolla y Gumi. Esta iniciativa no solo fomenta la descentralización del desarrollo tecnológico más allá de la zona metropolitana de Seúl, sino que además apoya las políticas del gobierno de impulsar regiones periféricas menos industrializadas.
Hyundai: del motor al algoritmo
Hyundai Motor Group, el conglomerado automotriz más importante del país, anunció una inversión de 125 billones de wones (86.3 mil millones de dólares) entre 2026 y 2030.
La estrategia de Hyundai se enfoca no únicamente en la producción de vehículos, sino en el desarrollo de tecnologías disruptivas como la robótica, los sistemas autónomos y la inteligencia artificial. Parte esencial de esta transformación son los centros de investigación y desarrollo para potenciar vehículos eléctricos e híbridos, que representan su apuesta fuerte hacia una movilidad sostenible.
Esto también contribuye al posicionamiento global del país como una potencia en innovación automotriz. Vale destacar que Corea del Sur ya es el cinco mayor exportador de automóviles del mundo, y su enfoque ahora se traslada a la transición ecológica del sector, respaldado por una nutrida red de proveedores locales de baterías, software y sensores.
SK Group: chips, IA e infraestructura verde
SK Group, reconocido por su liderazgo en semiconductores, anunció planes de inversión nacional por al menos 128 billones de wones (88.3 mil millones de dólares) hasta 2028.
Según su presidente Chey Tae-Won, “la finalización del acuerdo comercial con EE.UU. disipa incertidumbres y allana el camino para decisiones más audaces y estratégicas en casa”. El objetivo: apuntalar el desarrollo nacional en IA, tecnologías verdes y nueva infraestructura energética, un área en la que Corea quiere liderar junto con Japón y China.
Esto incluye la fabricación y exportación de baterías de estado sólido y componentes asociados a la transición energética. SK, con su subsidiaria SK Hynix, es además el segundo mayor fabricante de chips de memoria del planeta, solo detrás de su compatriota Samsung.
El gobierno quiere más: incentivos y reformas
Más allá de las promesas empresariales, el presidente Lee Jae Myung prometió reformas regulatorias para facilitar la inversión nacional y acelerar procesos de innovación. Entre las propuestas se encuentran la creación de zonas económicas especiales para innovación tecnológica, así como incentivos fiscales para empresas que inviertan fuera de la capital.
Lee también remarcó la importancia de que las grandes empresas no abandonen sus raíces. “Queremos que el impulso exterior sea una extensión de nuestra fuerza interna, no una sustitución de ella”, afirmó.
El trasfondo: un acuerdo comercial con matices
El telón de fondo de estas medidas es el reciente acuerdo comercial entre Seúl y Washington que incluye inversiones coreanas por 350 mil millones de dólares en EE.UU. durante varios años.
Ese dinero se dirigirá principalmente a sectores como la construcción naval (150 mil millones), la industria automotriz y la producción de semiconductores. Washington, por su parte, reducirá los aranceles sobre automóviles surcoreanos del 25% al 15%, y aplicará condiciones más favorables sobre futuros gravámenes a los chips coreanos frente a terceros.
El acuerdo impone un límite de 20 mil millones anuales en inversiones, buscando prevenir desequilibrios financieros y garantizar una salida ordenada de capital.
El papel de Corea en el nuevo orden global
Con estas cifras Corea del Sur ratifica su papel como uno de los actores estratégicos más influyentes en la política tecnológica y económica global del siglo XXI. La combinación de firmeza doméstica y expansión internacional la posiciona como un aliado crítico en campos de disputa tecnológica como la IA, los chips y la energía renovable.
Según la firma de análisis Statista, en 2023 Corea del Sur fue el segundo país con más inversión en I+D en relación a su PIB (4.93%), solo por detrás de Israel. Este tipo de cifras refuerzan la apuesta de su sector privado por mantener el país a la vanguardia mundial.
¿Un modelo replicable para otros países?
La estrategia surcoreana demuestra que es posible equilibrar la expansión global con un robustecimiento del mercado interno, siempre que existan políticas estatales que promuevan ese balance y un sector privado comprometido con el desarrollo nacional.
Lecciones fundamentales para otras economías emergentes en América Latina, Europa del Este o el Sudeste Asiático que, como Corea del Sur en décadas pasadas, buscan insertarse en las complejas cadenas de valor global del siglo XXI sin perder el control de su infraestructura y talento.
En una era de tensiones comerciales globales y reconfiguraciones geopolíticas, Corea del Sur parece no solo estar leyendo correctamente los tiempos, sino también escribiendo uno de sus capítulos más ambiciosos.