‘Operación Charlotte’s Web’: El lenguaje de la propaganda en las redadas migratorias de Estados Unidos

Los nombres de cuentos y cárceles populares se convierten en herramientas narrativas en la política migratoria estadounidense

En 2025, la administración Trump volvió a causar controversia con una nueva ola de redadas migratorias, esta vez en Charlotte, Carolina del Norte, bajo un nombre peculiar: ‘Operación Charlotte’s Web’. Lejos de ser un gesto inocente, esta decisión renueva el debate sobre cómo el lenguaje, los símbolos y la narrativa cultural estadounidense son utilizados como herramientas de propaganda para justificar políticas de estado profundamente divisivas.

Una araña, un cerdo y una interpretación pervertida

La elección del nombre llamó poderosamente la atención, especialmente para los lectores del clásico cuento infantil de 1952 Charlotte’s Web (‘La telaraña de Carlota’) escrito por E.B. White. Esta historia, donde una araña salva la vida de su amigo cerdo, Wilbur, teje valores de empatía, lucha contra la injusticia, y el uso del lenguaje como herramienta liberadora. No es una historia de vigilancia ni persecución.

Por eso, no sorprende que la propia nieta del autor, Martha White, haya emitido una declaración criticando duramente esta apropiación:

“Mi abuelo creía en el estado de derecho y el debido proceso. Ciertamente no creía en hombres enmascarados, en carros sin identificación, invadiendo hogares y lugares de trabajo sin mostrar una sola credencial ni presentar una orden.”

La estetización de la represión

Esta no es la primera vez que las autoridades migratorias bajo la administración Trump utilizan nombres coloridos y cargados de simbolismo para sus operativos. Previamente, las mismas fuerzas operativas llamaron a centros de detención como ‘Alligator Alcatraz’ en Florida, ‘Speedway Slammer’ en Indiana y ‘Cornhusker Clink’ en Nebraska.

¿Qué tienen estos nombres en común? Usan símbolos asociados con la cultura pop, la nostalgia o una suerte de humor oscuro para “humanizar” acciones que, en esencia, constituyen redadas y detenciones masivas. Como señaló el portavoz de la Patrulla Fronteriza, Gregory Bovino, al citar de forma inquietante una línea del propio libro:

“Tomamos la brisa; vamos donde queremos.”

Una frase utilizada por la araña Carlota en el cuento original para hablar de su muerte natural se transforma en eslogan para justificar detenciones sin mandato en medio de la noche. Una distorsión inexplicable.

La política de la infantilización

Este tipo de marketing gubernamental no es inocente. Se trata de una estrategia de control psicológico y narrativo. Utilizar apodos y nombres amables o reconocibles crea un barniz de familiaridad en torno a acciones estatales duras. Transforma lo impopular en aceptable. Desactiva la crítica al transformar las redadas en parte de una historia que la población puede reconocer y, por tanto, menos resistir.

El lenguaje es poder. Lo decía el filósofo Michel Foucault: “Donde hay poder, hay resistencia.” Pero si ese poder se disfraza de juego, cuento o estructura narrativa, se vuelve más difícil identificarlo como tal.

Una práctica que no es nueva

La utilización de eufemismos o nombres vistosos para referirse a operativos gubernamentales no es exclusiva de Trump. Durante la administración Bush, la invasión a Irak se denominó ‘Operación Libertad Iraquí’, y durante la Segunda Guerra Mundial, los campos de concentración nazis eran conocidos, según propaganda oficial, como centros de “reeducación”.

También en América Latina, durante las dictaduras militares, se utilizaban términos como ‘Proceso de Reorganización Nacional’ (Argentina, 1976-1983) para disfrazar la represión integral del aparato estatal.

En ese contexto, ‘Charlotte’s Web’ se suma a una larga lista de narrativas manipuladas para disfrazar políticas de control.

Cifras que hablan

Según el informe del Centro Nacional de Estudios de Migración de 2024, más de 127,000 personas fueron detenidas en redadas similares en más de 18 ciudades estadounidenses durante los últimos dos años. De ellas, el 82% no tenía antecedentes penales. Estas redadas no solo afectan a personas sin documentación, sino también a sus familias, niños ciudadanos norteamericanos y comunidades enteras.

Además, muchas de estas operaciones se ejecutan sin órdenes judiciales específicas. Según datos de la propia ICE (Immigration and Customs Enforcement) en 2023, 38% de los operativos se realizaron sin presencia comprobable de causa probable. En otras palabras, violaron derechos constitucionales.

La cultura como vehículo de legitimación

Crear una narrativa en torno a “capturar” y “retener” valiéndose de nombres pegajosos crea una falsa sensación de orden y justicia. Es una estrategia afinada que ya había sido utilizada en discursos públicos anteriormente. Donald Trump, en 2018, dijo:

“Estamos sacando a los malos de nuestras comunidades. Esto es justicia.”

Pero como sobre todo subraya el lenguaje detrás de ‘Charlotte’s Web’, estamos hablando de migrantes, muchos de ellos trabajadores, padres, madres, estudiantes, cuya “captura” se presenta como épica, heroica…cuando en realidad es profundamente trágica.

Los límites legales y éticos

Abogados y organizaciones como la ACLU (American Civil Liberties Union) han impugnado repetidamente estas tácticas por violar la Cuarta Enmienda, que protege contra allanamientos y detenciones arbitrarias.

En paralelo, expertos en comunicación y semiótica observan con preocupación cómo el Gobierno convierte las operaciones migratorias en “espectáculo performativo” con lenguaje publicitario derivado de la ficción infantil, la cultura carcelaria pop y el cine.

¿Es esto lo que somos?

El uso de un clásico infantil como Charlotte’s Web para enmascarar redadas migratorias no solo es un error ético, es una traición cultural. Se desvía el mensaje de una obra significativa para justificar políticas de exclusión.

Y ante esto, es necesario preguntar: ¿qué estamos dispuestos a tolerar cuando el Estado convierte cuentos en armas retóricas?

Porque si no somos capaces de cuestionar cómo se utiliza el lenguaje para lavar la cara a dinámicas represivas, perderemos nuestra capacidad colectiva de resistirlas. Carlota tejía palabras con esperanza. Hoy, alguien construyó una telaraña de lenguaje siniestro… y muchos ya están atrapados en ella.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press