El caso Stephen Wood: la tormenta moral que sacude a la Iglesia Anglicana en América del Norte

Acusaciones de abuso, plagio y manipulación institucional afectan al arzobispo suspendido y dejan al movimiento anglicano conservador en una grave crisis de confianza

Una suspensión que remece la estructura eclesiástica

El pasado domingo, Stephen Wood, arzobispo de la Iglesia Anglicana en América del Norte (ACNA, por sus siglas en inglés), fue suspendido de sus funciones ministeriales. La medida, tomada por los obispos senior del movimiento, no implica culpabilidad ni inocencia, pero ha desatado una tormenta de dudas, sospechas y divisiones internas. Según anunció el nuevo decano, el obispo Julian Dobbs, la suspensión responde al interés de preservar la integridad institucional durante las investigaciones.

La decisión llega en medio de un cúmulo de acusaciones que van desde presunto acoso sexual hasta manipulación institucional mediante el nombramiento de aliados en órganos de investigación internos. El caso, que ya ha sido seguido de cerca por The Washington Post, vuelve a poner en tela de juicio la transparencia y ética de algunas jerarquías religiosas.

¿Quién es Stephen Wood?

Stephen Wood no es un desconocido dentro de los círculos anglicanos. Casado y padre de cuatro hijos, fue antes pastor y luego obispo regional antes de ser electo como arzobispo. Esa trayectoria meteórica lo había consolidado como una figura de influencia, particularmente dentro del ala conservadora que en 2009 rompió con la Iglesia Episcopal de EE.UU. y su contraparte canadiense por diferencias doctrinales —especialmente en torno a los derechos LGBTQ+ y la ordenación de mujeres.

La ACNA se percibe a sí misma como un bastión de ortodoxia moral en una época donde muchas iglesias han intentado adaptarse a los cambios sociales. Irónicamente, ese mismo estandarte ético es ahora el foco de su crisis más grave.

Las acusaciones: una lista aún secreta, pero explosiva

Aunque no se ha hecho pública la "presentación eclesiástica" o lista oficial de cargos, The Washington Post informó que Wood ha sido acusado de:

  • Conducta sexual inapropiada previa a su ascenso como arzobispo
  • Acoso sexual hacia al menos dos mujeres
  • Plagio sistemático de sermones
  • Maltrato y presión psicológica hacia sus subordinados

Los procedimientos siguen su curso y, según la normativa de la ACNA, toda acusación debe ser evaluada por un Panel de Investigación. Fue el propio Wood quien delegó la conformación de dicho panel al entonces decano Ray Sutton, quien también dimitió este fin de semana, alegando motivos de salud y exceso de responsabilidades. Sutton admitió haber cometido un error al negar inicialmente su participación en conversaciones sobre cómo formar un panel favorable al arzobispo.

Este detalle ha desatado un debate crucial dentro de la comunidad anglicana: ¿hasta qué punto las estructuras de poder dentro de las iglesias permiten —o incluso fomentan— la impunidad y el encubrimiento?

Una iglesia en busca de legitimidad

La ACNA nació con una misión clara: conservar la teología histórica y los principios bíblicos frente a lo que consideran desviaciones progresistas. Pero esta promesa de pureza doctrinal se ve amenazada por los mismos pecados que critican en otras denominaciones.

Un dato revelador: la ACNA cuenta con aproximadamente 130,000 miembros distribuidos en unas 1,000 congregaciones entre Estados Unidos y Canadá. Aunque numéricamente pequeña en comparación con otras iglesias, su peso simbólico es alto, especialmente entre los cristianos evangélicos conservadores.

Para muchos creyentes, esta crisis rompe completamente con la imagen de liderazgo moral que esperaban. Comentarios en redes sociales y foros religiosos anglicanos reflejan dolor, frustración e incluso desilusión. “¿Cómo podemos predicar sobre integridad cuando nuestros líderes actúan en la sombra?”, escribió una feligresa en un foro episcopal.

La cultura del silencio y el poder

Uno de los aspectos más críticos en este escándalo es lo que algunos ya han bautizado como “la cultura del silencio clerical”. El hecho de que Wood todavía no haya sido suspendido sin salario —algo que no ha sido aclarado— y que se haya permitido su ausencia voluntaria inicial con pago incluido, despierta suspicacias.

“Este patrón de protección a los líderes es tóxico y va directamente contra los valores del Evangelio”, aseguró en entrevista con Christianity Today la teóloga anglicana Cheryl Bridges Johns.

Las similitudes con otros escándalos eclesiásticos, como el encubrimiento de abusos en la Iglesia Católica, hacen que el caso de la ACNA se analice con una lupa mucho más intensa. Muchos se preguntan cuán creíbles pueden ser las medidas correctivas cuando los procesos están tan entrelazados con los intereses jerárquicos.

Una diócesis en espera

Durante la suspensión de Wood, la Diócesis de las Carolinas queda bajo liderazgo del obispo interino David Bryan. La espera no será sencilla: las comunidades eclesiásticas se enfrentan no solo a la falta de un líder, sino también al desafío moral de vivir la fe mientras la institución a la que pertenecen tambalea.

Por otro lado, los voceros de la iglesia insisten en procesar el caso conforme a los tiempos y procedimientos estatutarios. Pero una gran parte de la membresía exige mayor celeridad y, sobre todo, transparencia.

¿Qué está en juego realmente?

Más allá de la figura de Wood, lo que está en juego es la legitimidad espiritual de un movimiento que se erige sobre la crítica al relativismo moral. En ese sentido, las consecuencias del escándalo pueden ser fatales.

Históricamente, las religiones han sostenido su influencia sobre el binomio moralidad-autoridad. Cuando esa ecuación se vulnera, como ocurre con casos de abuso o corrupción, no solo se desploma un liderazgo, sino que se debilita el espíritu comunitario. En el caso de la ACNA, esto podría erosionar su crecimiento, su confianza interna y su alcance misionero.

En contextos donde la religión sigue moldeando la vida pública —como en muchos estados del sur de EE.UU.—, los escándalos religiosos son más que noticias; son abismos sociales.

Respuestas posibles, caminos necesarios

¿Qué podría hacer la Iglesia Anglicana en América del Norte para salir fortalecida? Algunos expertos proponen medidas claras:

  • Establecer una Comisión Independiente con miembros laicos y externos
  • Hacer pública de inmediato la presentment, para evitar más rumores
  • Suspender cualquier pago a clérigos bajo investigación
  • Celebrar asambleas comunitarias de escucha y diálogo

A lo largo de la historia, las crisis han sido catalizadores de reforma. Así ocurrió con la Reforma Protestante en el siglo XVI, impulsada en parte por el hartazgo ante la corrupción eclesiástica. Hoy, lo que haga o deje de hacer la ACNA podría sentar un precedente para otras denominaciones que atraviesen conflictos similares.

Lo personal como político (y espiritual)

Finalmente, resulta vital recordar que casos como este no solo afectan estructuras sino personas concretas: víctimas silenciadas, pastores honestos que luchan por la verdad, y creyentes cuyo mundo espiritual se ve sacudido.

La religión tiene el poder de consolar y sanar, pero también puede herir profundamente cuando se convierte en cómplice del abuso. La gran lección del escándalo de Stephen Wood es clara: el liderazgo sin integridad destruye más que construye, y ningún dogma puede reemplazar el valor de la verdad.

En tiempos de duda moral, quizás lo más revolucionario sea volver a los valores que las instituciones afirman defender.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press