Entre freidoras vacías y mesas sin camareros: la crisis habitacional que sacude a los restaurantes en Maine

El alto costo de la vivienda está poniendo en jaque al corazón culinario del estado, dejando a pequeños empresarios sin personal y a trabajadores sin hogar

El dilema diario del dueño de restaurante: ¿quién va a trabajar hoy?

Malcolm Bedell, propietario de Honey’s Fried Chicken Palace en Thomaston, no imaginó que su sueño de expandir su exitoso concepto de pollo frito se toparía con un obstáculo inesperado: la escasez de empleados. El verdadero problema, descubre día a día, no está en los currículos o aptitudes de los posibles trabajadores, sino en que estos no tienen dónde vivir.

“¿Quién va a operar el restaurante?”, se pregunta Bedell. Esa pregunta no solo refleja su realidad, sino la de cientos de pequeños empresarios del rubro gastronómico en Maine que están sintiendo los efectos de una crisis habitacional crónica.

Una industria entre la fritura y el colapso

El sector hostelero fue uno de los más golpeados durante la pandemia del COVID-19. Según datos del Departamento de Trabajo de Maine, la recuperación en términos de empleo en servicios de comida y alojamiento no se concretó plenamente hasta el verano de 2023. Sin embargo, para muchos negocios, el regreso a la “normalidad” no trajo consigo una solución duradera.

El caso de Bedell no fue aislado. Tras abrir en 2019 Ancho Honey, su primer restaurante en Tenants Harbor, Bedell lograría conquistar a los comensales hasta ganar premios como finalista a la mejor hamburguesa y mejor pollo frito del estado. Sin embargo, solo un año después del debut de su segundo local, se vio forzado a cerrar el primero por la falta de empleados.

Entre salarios insuficientes y rentas impagables

La raíz del problema no es solo laboral, sino estructural. La falta de viviendas asequibles está obligando a potenciales empleados a abandonar la industria o mudarse lejos de los centros de trabajo.

Según datos de la Oficina del Censo de EE.UU., el alquiler mensual medio en Portland subió de $1,245 en 2019 a $1,711 en 2024, un aumento del 37% en apenas cinco años. En el estado en general, el incremento fue del 39%.

“No conozco a nadie del área de cocina que viva solo, a menos que sea chef”, comenta Ian King, exbarman del ya cerrado Paper Tiger. Él y su esposa se vieron obligados a mudarse de Portland a South Portland en 2021, buscando algo más accesible: un apartamento de dos habitaciones por $1,400.

Empleadores atrapados entre márgenes y expectativas

Mike Fraser lleva más de dos décadas en la industria. Hoy es propietario o copropietario de cinco restaurantes. A pesar de su trayectoria, tuvo que cerrar Paper Tiger este verano. Los empleados necesitaban mejores sueldos para sobrevivir, y él ya no podía ofrecerlos sin comprometer la viabilidad del negocio.

“Ni mis empleados ni yo estábamos contentos. Perdía dinero cada año. Estoy cuestionando mis decisiones de vida”, confiesa Fraser, quien incluso ha tomado otro empleo fuera del ámbito gastronómico para mantenerse a flote.

Adaptarse o cerrar: la nueva normalidad

Becky Jacobson, directora ejecutiva de Hospitality Maine, reconoce que mientras algunas empresas se ven forzadas a bajar las persianas, otras intentan sobrevivir con estrategias como cerrar algunos días a la semana o reducir horarios. “La industria es resiliente, pero el problema de la vivienda nos va a alcanzar a todos tarde o temprano”, asegura.

David Turin, chef veterano y propietario de dos restaurantes en Portland y South Portland, revela que ha perdido al menos 20 empleados en los últimos cuatro años porque no encontraban dónde vivir. “Algunos incluso se fueron del estado”, señala.

Cinco puntos clave que explican esta tormenta perfecta

  1. Crisis habitacional estructural: Aumento de precios sin crecimiento proporcional en el número de viviendas construidas.
  2. Inflación postpandemia: Alza en costos de alimentos, energía, renta y transporte.
  3. Cambio en aspiraciones laborales: Muchos trabajadores abandonaron industrias tradicionales durante la pandemia y no han retornado.
  4. Márgenes de ganancia reducidos: Un 5% de beneficio es considerado “éxito” en esta industria, limitando la capacidad de reacción.
  5. Oposición comunitaria al desarrollo: El llamado NIMBYismo (“Not In My Backyard”) frena proyectos de vivienda asequible por razones estéticas o sociales.

“No es un problema de vivienda. Es un problema económico.”

Así lo define Patrick Woodcock, presidente de la Cámara de Comercio de Maine, quien en noviembre presentó la campaña Build Homes, Build Community, una coalición estatal que promueve el desarrollo residencial necesaria para sostener el crecimiento económico.

Woodcock advierte que la baja disponibilidad de viviendas podría literalmente detener el crecimiento de Maine. En 2023 el empleo se incrementó un 1%, pero en 2024 la cifra cayó a 0.02%, y se proyecta que será de apenas 0.01% en 2026.

“No podemos crecer si la gente se va y no atraemos nuevos trabajadores”, sentencia.

¿Y qué se puede hacer?

James Myall, analista del Maine Center for Economic Policy, propone medidas como:

  • Incrementar el salario mínimo: Portland ya lo ha hecho, con efectos positivos sin despedir personal.
  • Programas de ayuda al alquiler: Como el Eviction Prevention Program.
  • Construcción dirigida de viviendas para trabajadores: Apoyar proyectos que reduzcan la especulación inmobiliaria en zonas turísticas.

Pero Myall también advierte que la recuperación total aún está lejos. “Aun cuando el ingreso cubra el costo de vida promedio, la vivienda queda fuera del radar”, señala, subrayando que los precios han crecido más rápido que la inflación.

¿Se pueden salvar los restaurantes de Maine?

La respuesta está en manos de políticas públicas y voluntad comunitaria. La cadena de valor gastronómica —desde los agricultores hasta los camareros— depende directamente de que existan viviendas accesibles para quienes hacen que los platos lleguen a la mesa.

Si se quiere preservar la riqueza culinaria y la identidad local de lugares como Maine, se debe entender que ningún chef puede cocinar sin manos en la cocina, y esas manos necesitan tener un techo sobre ellas.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press