Los fantasmas del poder en Filipinas: la familia Marcos, corrupción y acusaciones cruzadas

El enfrentamiento público entre el presidente Marcos Jr. y su hermana revela las fracturas internas del poder mientras crece un escándalo nacional de corrupción

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Una familia rota en el centro del poder

La escena política en Filipinas vive uno de sus momentos más tensos y sorprendentes en años. El presidente Ferdinand Marcos Jr. ha sido acusado públicamente por su propia hermana, la senadora Imee Marcos, de ser un adicto a la cocaína desde hace años. La acusación, realizada durante un evento masivo en Manila, ha convulsionado el ambiente político y social del país, no sólo por su contenido, sino también por su origen: una guerra fraternal dentro de una de las familias más poderosas e históricamente polémicas del archipiélago.

Su adicción fue la causa de la avalancha de corrupción, de las decisiones erradas... de la ausencia de justicia”, dijo Imee Marcos ante una multitud. Sin mostrar pruebas, afirmó que el consumo de su hermano data de la época en que su padre, el dictador Ferdinand Marcos, aún gobernaba Filipinas con mano de hierro.

Una acusación de alto voltaje político

El portavoz del presidente, sin embargo, calificó de “reciclada y sin fundamentos” la acusación, y sugirió que la senadora Imee estaría intentando sabotear las investigaciones actuales sobre un escándalo de corrupción relacionado con proyectos de control de inundaciones. Según la versión oficial, se está investigando a miembros del Senado y el Congreso por embolsarse grandes sumas provenientes de proyectos que nunca se materializaron o resultaron ser de pésima calidad.

Las inundaciones son una amenaza persistente en este país insular del Sudeste Asiático, frecuentemente afectado por tifones. De ahí la indignación social: se habla de miles de millones de pesos filipinos malversados en obras vitales para salvar vidas.

Corrupción institucional: un viejo mal con nueva cara

Filipinas ha sido durante años uno de los países más golpeados por la corrupción en Asia. Según el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparency International de 2023, el país ocupa el puesto 116 de 180. Un dato escandaloso cuando se piensa en las consecuencias reales: infraestructura colapsada, servicios públicos deficientes y pobreza estructural.

Una comisión investigadora independiente, respaldada por el propio Marcos Jr. y el Senado, está indagando si políticos de alto rango han recibido comisiones ilegales por la asignación de contratos de infraestructura. Al parecer, algunos contratos eran directamente ficticios.

En palabras de la subsecretaria de comunicaciones Claire Castro: “Senadora Imee, sea patriota y ayude con las investigaciones. No proteja a los corruptos”.

Los Duterte: los grandes ausentes que todos miran

La pelea entre los hermanos Marcos también se enmarca en las tensiones con el clan Duterte. Rodrigo Duterte, presidente entre 2016 y 2022 y famoso por su guerra contra las drogas que dejó miles de muertos, está detenido en los Países Bajos bajo una orden de arresto de la Corte Penal Internacional.

La senadora Imee es aliada cercana de Duterte padre y de su hija, Sara Duterte, actual vicepresidenta y una de las principales críticas del presidente Marcos Jr. De hecho, las acusaciones contra Marcos han sido interpretadas por muchos como una maniobra para desviar la atención de las investigaciones e influir en las ambiciones políticas de los Duterte.

La sombra del pasado

No se puede analizar adecuadamente esta lucha sin el contexto histórico. Los Marcos gobernaron Filipinas con puño de hierro entre 1965 y 1986. Ferdinand Marcos Sr. instituyó la ley marcial en 1972 y durante años reprimió la disidencia, acumuló poder y fue acusado de saquear las arcas del país por más de 10.000 millones de dólares.

La expulsión del dictador en 1986 gracias a la revolución del “People Power” marcó un hito en la historia del país. Sin embargo, el regreso al poder de la familia con la elección de Marcos Jr. en 2022 revivió muchos fantasmas, temores y odios de aquel tiempo.

Una batalla fratricida con implicaciones de Estado

La fractura dentro del clan Marcos no es solo personal: es institucional. Que una hermana acuse a su hermano presidente no es, ni remotamente, común en democracias modernas. En un país con instituciones frágiles, una división de este tipo dentro del Ejecutivo y el Legislativo puede agravar más aún la inestabilidad política.

No soy su enemiga... su enemigo es él mismo”, sentenció Imee Marcos. Frase que, más allá de sonar dramática, demuestra el nivel de la crisis en el corazón del poder filipino.

Las drogas como herramienta política

En un giro irónico, Rodrigo Duterte fue quien primero acusó públicamente a Marcos Jr. de ser adicto durante un discurso en 2023. Aunque en su momento el propio Marcos Jr. restó importancia a las palabras de Duterte, estas sirvieron de base para las nuevas acusaciones de su hermana.

Curiosamente, Duterte admitió durante su presidencia haber consumido fentanilo para calmar dolores derivados de una vieja lesión en motocicleta. Sin embargo, nunca enfrentó repercusiones legales por ello. Imee Marcos tampoco ha mencionado estos antecedentes, lo cual fue duramente criticado por la vocera presidencial Castro: “Señora senadora, ¿por qué no critica a Duterte, que admitió públicamente haber usado opioides?”.

¿Quién ganará la narrativa?

En un país acostumbrado a escándalos políticos, donde las telenovelas suelen reflejar las mismas luchas de poder que la vida real, la narrativa será clave. ¿Se creerá el pueblo la versión de la heroína rebelde que intenta salvar a su hermano de sí mismo y al país de la corrupción? ¿O la ciudadanía verá las acusaciones como una estrategia burda para proteger aliados involucrados en corrupción?

Filipinas se encamina, una vez más, hacia una batalla por la verdad. Pero en este nuevo capítulo, la lucha viene desde el clóset familiar, desde el corazón mismo del poder. Una lucha donde ni los vínculos de sangre valen más que las ambiciones —o las acusaciones.

Una mirada al futuro político

Las elecciones de medio término que se aproximan en Filipinas seguramente se verán impactadas por este escándalo. Sara Duterte suena como posible candidata presidencial en 2028, y esta crisis puede ser el detonante que redefina alianzas y sepulte pactos implícitos entre clanes.

El presidente Marcos Jr., por su parte, camina sobre una cuerda floja. Las filtraciones, las pugnas internas y las sospechas de corrupción pueden debilitar no sólo su figura, sino la gobernabilidad del país entero.

En las calles de Manila, muchos ciudadanos ya encuentran eco en la consigna naciente: "Ni Marcos, ni Duterte", mientras crecen los llamados a una nueva generación política libre de los apellidos que han dominado Filipinas por décadas.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press