¿Un virrey en Gaza? El ambicioso y polémico plan de EE. UU. que podría enfurecer a todo Oriente Medio
La propuesta aprobada por la ONU, encabezada por Donald Trump, plantea más preguntas que respuestas en el futuro de Gaza tras la devastadora guerra con Israel.
Una resolución aprobada... pero no aceptada
El 10 de junio de 2024, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución histórica que respalda un plan estadounidense para el futuro de la Franja de Gaza. Esta iniciativa, promovida por el expresidente de EE. UU. Donald Trump, ha generado un terremoto político y diplomático sin precedentes. No sólo porque plantea que una figura externa, controversial e impredecible se convierta prácticamente en el gobernador de facto de Gaza, sino también porque revive una vieja herida en el conflicto israelí-palestino: la eterna disputa por autodeterminación y soberanía.
En esta entrada, exploraremos los pros, contras e interrogantes de este plan desde una perspectiva analítica y crítica, entendiendo su contexto histórico, impacto social y las reacciones que ha desatado tanto a nivel local como internacional.
¿Qué contiene el plan y quiénes lo dirigen?
El centro del plan es la creación de un organismo conocido como el "Board of Peace", presidido por Donald Trump, que será responsable de gobernar Gaza bajo un mandato renovable de dos años impuesto por la ONU. Esta junta, conformada por líderes internacionales “distinguibles” (aunque aún sin confirmar), tendría control total sobre la reconstrucción, seguridad y administración de Gaza.
Se contempla la presencia de una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF) armada, que será encargada de mantener el orden, supervisar el proceso de desarme de Hamas, y vigilar el despliegue de una nueva fuerza de policía palestina seleccionada y entrenada por Egipto y Jordania.
¿Una ocupación extranjera con cara diplomática?
Quizás uno de los mayores rechazos al plan radica en que los propios palestinos no tienen poder real dentro del esquema. Aunque se menciona que una comisión tecnocrática y apolítica formada por palestinos competentes administrará los servicios civiles, no está claro quién los seleccionará, cuánto poder real tendrán o si serán aceptados por la propia población.
"No hay autodeterminación sin representación", sentenció Khalil Shikaki, un reconocido analista político palestino, quien advirtió que si no se permite una participación auténticamente palestina, el plan no sólo fracasará, sino que podría escalar el conflicto aún más.
Un tablero con demasiados jugadores
La ejecución del plan implica coordinación entre actores con intereses muchas veces opuestos: Estados Unidos, Israel, Egipto, Qatar, Turquía, entre otros. Por otro lado, nadie ha confirmado oficialmente si aportarán tropas a la ISF. La situación es tan volátil que, según informó el mismo Consejo de Seguridad, la mitad de Gaza aún está bajo control militar israelí.
De hecho, Israel ya se ha opuesto a que Turquía forme parte del ISF, y el ejército israelí ha dado señales de que no se retirará completamente sin la garantía de disolución de Hamas. Este es uno de los pilares del plan, pero también uno de los más ambiguos.
¿Desarmar a Hamas?: el corazón del dilema
Disolver el brazo armado de Hamas es el centro de la propuesta. Pero no hay detalles sobre cómo se lograría. En una declaración reciente, Hamas dejó claro que el destino de sus armas está ligado directamente a la creación de un Estado palestino independiente.
Varias opciones han sido barajadas en círculos diplomáticos: desde un “desarme simbólico” hasta la entrega de armas bajo custodia de la ISF, guardando el derecho a la resistencia. Sin embargo, estas medidas están lejos de satisfacer a Israel o a los sectores palestinos más nacionalistas.
"Disarmar sin garantías de Estado sería visto como traición. Disarmar en un proceso que conduzca a la soberanía, puede en cambio convertirse en parte de una estrategia nacional", escribió Shikaki.
¿Reconstrucción o segregación?
A estas alturas, el proceso de reconstrucción es casi inexistente. La devastación causada tras la ofensiva israelí desde octubre de 2023 ha dejado a cerca del 80% de la población gazatí sin hogar, según datos de la ONU. Más de dos millones de palestinos siguen desplazados y sobreviven gracias a la ayuda humanitaria.
Si Hamas no entrega las armas, muchas zonas seguirán controladas militarmente por Israel. Esto podría dejar a Gaza virtualmente dividida: una mitad ocupada y parcialmente reconstruida, y otra, más poblada, marginada y en ruinas. Este escenario preocupa incluso a funcionarios estadounidenses, que temen que la falta de resultados solo profundice el resentimiento de la población.
¿Dónde quedan los sueños de un Estado palestino?
El plan sólo menciona de forma vaga la posibilidad de que, si todo sale bien y si la Autoridad Palestina se reforma profundamente, quizás pueda haber condiciones para una “autodeterminación creíble y un estado palestino”.
No es una promesa. No tiene plazos ni rutas claras. En otras palabras, se vende esperanza sin garantía.
La Autoridad Palestina ha aceptado con cautela el plan, afirmando que está dispuesta a asumir responsabilidades en Gaza. Pero Israel ha mostrado resistencia a permitir tal transición, poniendo en duda cualquier esfuerzo de unidad o autogobierno real.
El riesgo de un nuevo caos
Otro de los grandes riesgos del plan es que se sobrepone a una realidad social y política muy fragmentada. Gaza es actualmente un hervidero con múltiples facciones armadas, grupos pro-palestinos, otros pro-israelíes, y un ejército extranjero que, aunque internacional, podría ser visto como una ocupación moderna con bandera diplomática.
Esta multiplicidad de actores con objetivos cruzados no sólo complica la ejecución del plan, también pone en peligro su viabilidad. Un estallido social o una nueva insurgencia podría surgir casi espontáneamente si los ciudadanos palestinos perciben que el nuevo régimen internacional no responde a sus demandas básicas.
Un precedente sin parangón: ¿Trump gobernador de Gaza?
No deja de asombrar que el plan sitúe al expresidente Donald Trump, una figura polarizante con escaso conocimiento profundo de la región, al frente de un proceso extremadamente delicado y complejo. Es, literalmente, un virrey del siglo XXI, impuesto con legitimidad internacional, pero con enorme rechazo interno.
Trump, en sus declaraciones más recientes sobre el tema, ha reiterado que “hará grande a Gaza nuevamente”, pero sin ofrecer detalles concretos sobre cómo enfrentará la resistencia palestina, el desafío diplomático o la reconstrucción de una sociedad traumatizada.
Con todo esto, el plan podría terminar siendo poco más que una quimera diplomática con pies de barro.
¿Qué opinan los expertos?
- Richard Gowan, del International Crisis Group: “El plan puede sonar ambicioso en papel, pero sobre el terreno, la falta de un calendario claro y de consenso local podría hacerlo inviable”.
- Lara Friedman, exdiplomática y presidenta de Foundation for Middle East Peace: “Sin participación palestina genuina, esto se verá como una ocupación revestida de legalidad”.
- Iyad al-Baz, académico palestino: “Trump no tiene legitimidad aquí. Este plan resta esperanza, no la ofrece”.
¿Puede funcionar?
Todo dependerá de múltiples factores: el grado de involucramiento de actores árabes clave como Egipto y Qatar, la presión que se pueda ejercer sobre Hamas para pactar, y la agilidad que tenga la ONU para implementar las fases del plan.
Pero principalmente, funciona sólo si los propios palestinos lo aceptan, y eso hoy está muy lejos de estar claro.
