‘Wicked: For Good’: El musical que quiere hechizar... pero a veces agota

La segunda parte de la adaptación cinematográfica de 'Wicked' promete más magia, crítica política y espectacularidad, pero ¿realmente nos transporta a Oz o nos deja en la butaca deseando una brújula?

Una historia que abarca más de un siglo

"Wicked: For Good" no es solo una secuela cinematográfica; es la culminación de una cadena de reimaginaciones culturales que se remonta a El Mago de Oz de L. Frank Baum en 1900. Desde su origen literario, su paso por la icónica película de 1939 hasta el musical de Broadway de 2003, esta historia ha sido una constante reinterpretación del bien y el mal, del poder y la propaganda.

Dirigida por Jon M. Chu y protagonizada por Cynthia Erivo y Ariana Grande, esta nueva entrega busca cerrar con broche de oro la saga que inició en 2023. Y aunque la ambición por contar una historia épica se siente en cada escena, también emerge la interrogante: ¿más es realmente mejor?

El desafío de mantener el hechizo: una duración abrumadora

Con una duración total entre las dos partes que alcanza los 297 minutos —casi cinco horas— "Wicked" en su versión cinematográfica dobla la apuesta del musical original. Y aunque el cine permite una escala visual y sonora difícil de igualar en el teatro, también corre el riesgo de convertirse en una experiencia agotadora.

La frase "Give us a clock tick" (“Danos un segundo”) se repite a lo largo del filme, pero quienes no estén hipnotizados por Oz podrían sentir que han dado toda una vida al reloj. Esta versión de “Wicked” parece más interesada en deslumbrar que en emocionar, más centrada en el espectáculo que en la narración.

Espectáculo visual y sonoro: ¿una producción o una película?

Hay algo innegablemente teatral en esta película: personajes que entran y salen con una precisión coreográfica, escenarios que parecen preparados más para un telón que para un travelling de cámara, y canciones que a veces sustituyen a los diálogos sustanciales.

Jon M. Chu, reconocido por su habilidad en musicales como "In The Heights" y producciones visuales como "Crazy Rich Asians", parece atrapado aquí en un exceso de estética. A pesar de algunas secuencias visualmente impactantes —como la rebelión liderada por Elphaba o la aparición simbólica de Dorothy— el filme lucha por hacer de Oz un lugar tangible. Saltamos de escena a escena sin una verdadera sensación de espacio o geografía, algo esencial para inmersión en mundos de fantasía.

Política en technicolor

Una de las apuestas más notables en "Wicked: For Good" es su carga política. Desde su primer acto, el musical ha explorado la opresión, discriminación y los peligros de la propaganda. Pero en esta segunda parte, los guiños se convierten en embestidas directas.

“Protejan a sus niños”, proclama el gobierno de Oz. “¡No confíen en los animales!”. La persecución contra Elphaba simboliza los mecanismos de criminalización del poder, desde el lenguaje hasta la segregación. El Mago, interpretado por Jeff Goldblum, representa un autoritarismo disfrazado de carisma y espectáculo. La analogía con regímenes represivos actuales es inevitable.

Este enfoque ha sido frecuente en las versiones anteriores de “Wicked”, influenciado, en su libro original de 1995 por Gregory Maguire, por la retórica de la Guerra del Golfo. Ahora, esta nueva adaptación hace eco de realidades contemporáneas como políticas antiinmigración, controles gubernamentales y manipulación mediática.

Las protagonistas brillan... cuando pueden

Cynthia Erivo, como Elphaba, es el corazón de la película. Su interpretación tiene matices de fuerza, melancolía y esperanza. En el número musical “No Place Like Home”, una de las pocas canciones nuevas, Erivo transmite una sensación agridulce de lucha y resignación que eleva la narrativa por encima de sus picos teatrales.

Ariana Grande, por su parte, brilla en los breves respiros cómicos, e incluso breves homenajes a la voz icónica de Margaret Hamilton (la Bruja Mala en 1939). Pero en general, su personaje Glinda, aunque encantador, queda eclipsado por la profundidad emocional de Elphaba.

Ambas actrices construyen una dinámica interesante basada en la amistad femenina frente a estructuras de poder masculinas. Esta representación de féminas como eje moral (y narrativo) es uno de los aportes más vigentes de “Wicked”.

¿Dónde está Oz?

Una de las críticas más reiteradas hacia “Wicked: For Good” es que, a pesar de su empaque visual —con efectos digitales, sets fastuosos y una paleta de colores intensa—, Oz no toma forma como un mundo coherente. A diferencia de la película original de 1939 que establecía espacios míticos como la Ciudad Esmeralda, el Camino Amarillo y el Bosque Encantado, esta adaptación parece más un mosaico de escenas que un territorio narrativo.

Esto desorienta en un género que requiere magia a través de la inmersión. La fuga dramática de los personajes, la rebelión fantasiosa y el tránsito emocional entre actos pierden efectividad si el escenario no acompaña.

De Margaret Hamilton a Erivo: la evolución de la Bruja

Lo más fascinante del universo de “Wicked” es cómo ha reescrito nuestra percepción de uno de los grandes villanos cinematográficos del siglo XX: la Bruja Mala del Oeste. Margaret Hamilton creó una figura aterradora; Idina Menzel, en Broadway, la engrandeció como símbolo pop; y ahora, Cynthia Erivo la humaniza hasta transformarla en una revolucionaria.

Hoy, Elphaba no es un monstruo, sino una víctima de un aparato propagandístico que la sataniza por ser diferente, por defender a los oprimidos, por alzar su voz. Es una lectura profundamente actual, una metáfora que retumba con fuerza en un presente saturado de polarización política, fake news y exclusión sistémica.

El legado del musical y su maquinaria emocional

Los himnos más famosos como “Defying Gravity” o “Popular” ya pertenecen a la primera entrega, y aunque “For Good” intenta compensar con nuevas canciones y dramatismo expandido, no logra el mismo impacto emocional. La banda sonora, aunque lírica, carece de momentos memorables salvo por las interpretaciones sobresalientes de Erivo.

El filme mantiene su apuesta por el alegato emocional —el amor, la libertad, la lealtad— pero en su afán por decirlo todo, termina agotando. Es como si la producción temiera los silencios, los momentos contemplativos, los espacios de respiración emocional.

Una fantasía ambiciosa que deja sentimientos encontrados

"Wicked: For Good" no es una película fallida. Es más bien una producción que lucha constantemente con su propia grandeza. Aspira a ser relevante, conmovedora y visualmente colosal. Y en buena parte lo consigue.

Sin embargo, su peso épico, su duración expansiva y su estructura episódica la alejan del corazón sencillo que hizo inmortal la historia de Dorotea, el Hombre de Hojalata y el Espantapájaros. En su ambición de reescribir el mito de Oz, “Wicked” corre el riesgo de perder su brújula emocional.

Quizá la moraleja, más allá de clicks de tacón o ticks de reloj, sigue siendo que, como canta Erivo: “No hay lugar como el hogar”. Y tal vez, en esta ocasión, ese hogar esté más cerca de un buen musical íntimo que de una superproducción que no sabe cuándo bajar el telón.

Ficha técnica

  • Título: Wicked: For Good
  • Dirección: Jon M. Chu
  • Protagonistas: Cynthia Erivo, Ariana Grande, Jeff Goldblum, Michelle Yeoh
  • Duración: 137 minutos (Parte 2)
  • Clasificación: PG
  • Compositor: Stephen Schwartz
  • Guion: Winnie Holzman y Dana Fox

Puntuación: ★★☆☆☆ (2 de 4 estrellas)

Este artículo fue redactado con información de Associated Press