La doble cara de la inteligencia artificial en la lucha contra el cambio climático
Mientras empresas tecnológicas celebran las oportunidades que ofrece la IA para combatir el calentamiento global, expertos en medio ambiente advierten sobre su elevadísimo impacto energético y la falta de regulaciones.
IA: El invitado estrella (y temido) de la COP30
Durante la cumbre climática COP30 celebrada en Belém, Brasil, la inteligencia artificial (IA) ha sido el enfoque protagonista. Representantes de gobiernos, investigadores y empresas tecnológicas coinciden en una premisa central: la IA podría convertirse en un aliado poderoso en la lucha contra el cambio climático, pero también encierra riesgos significativos que podrían debilitar los acuerdos de sostenibilidad global.
De forma simultánea y paradójica, la IA se presenta como heroína —por sus capacidades disruptivas en predicción climática, optimización energética y monitoreo ambiental— y como villana, debido a su creciente demanda energética y huella hídrica.
El potencial transformador de la IA para el clima
De acuerdo con expertos como Michal Nachmany, fundadora de Climate Policy Radar, existe un "interés increíble por la IA" en los círculos multilaterales ambientales. Su organización utiliza modelos de IA para analizar los planes climáticos nacionales y rastrear fondos dirigidos a energías verdes en países en desarrollo.
El poder de la IA en esta lucha radica en su capacidad para:
- Optimizar las redes eléctricas inteligentes.
- Ayudar a agricultores a prever patrones meteorológicos extremos.
- Diseñar infraestructuras resilientes al cambio climático.
- Monitorear especies en peligro en vastas áreas oceánicas.
En palabras de Adam Elman, director de sostenibilidad en Google: “La IA es una verdadera habilitadora”. A su parecer, ya está marcando una diferencia palpable en temas medioambientales. Incluso se otorgó el primer premio IA para la Acción Climática a un proyecto en Laos sobre escasez hídrica y variabilidad climática.
Sesiones, paneles y prototipos: IA brilla en la COP30
La cumbre albergó más de 24 sesiones dedicadas exclusivamente a la IA. Uno de los proyectos destacados fue NegotiateCOP, una app prototipo desarrollada por el científico de datos alemán Johannes Jacob. La herramienta pretende nivelar el campo de juego ayudando a delegaciones con pocos recursos, como las de El Salvador o Burkina Faso, a procesar centenares de documentos técnicos.
Representantes de gigantes tecnológicos como Google y Nvidia se sentaron juntos para abordar el papel de la automatización inteligente en el sector energético. Josh Parker, de Nvidia, fue enfático: “La IA es el mejor recurso que cualquiera de nosotros puede tener[...] es tan democratizadora que cualquiera puede usarla para resolver problemas de sostenibilidad.”
Incluso voces diplomáticas, como la princesa Abze Djigma de Burkina Faso, enfatizaron su entusiasmo: “Es un avance trascendental en la digitalización y será aún más crucial en el futuro.”
La otra cara: huella climática creciente de la IA
Sin embargo, no todo son promesas. Grupos ambientalistas señalaron con alarma el creciente impacto ambiental de la expansión global de la IA. Jean Su, directora de justicia energética del Center for Biological Diversity, advirtió: “La IA, ahora mismo, es una bestia completamente no regulada.”
Los centros de datos necesarios para entrenamiento y despliegue de modelos de IA son conocidos por su alta demanda eléctrica y consumo de agua. Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA):
- En 2024, los centros de datos representaron 1.5% del consumo eléctrico mundial.
- Desde 2017, su demanda creció a ritmos del 12% anual —cuatro veces más rápido que el consumo global promedio.
La situación es especialmente crítica en estados con escasez hídrica, como algunos del suroeste de EE. UU., donde se instalan gran parte de estos centros. Las plantas de IA no solo aumentan las emisiones nacionales, sino que contradicen las metas del Acuerdo de París.
Regulación ausente: el gran déficit
Uno de los reclamos más reiterados fue la ausencia de normativas globales que regulen el impacto ambiental de la Inteligencia Artificial. Los grupos ecologistas proponen medidas como:
- Pruebas de interés público para aprobar nuevos centros de datos.
- Que sólo operen con energías renovables locales al 100%.
- Declaraciones públicas del impacto ambiental de cada modelo.
“COP no puede ver a la IA solo como una solución tecnológica; debe comprender sus consecuencias climáticas profundas”, enfatizó Su.
Una espada de doble filo
Bjorn-Soren Gigler, especialista de la Comisión Europea, califica la IA como una “espada de doble filo con enormes oportunidades y preocupaciones éticas y ambientales.” Sin regulaciones claras ni estimaciones precisas de sus impactos, la expansión de la IA podría producir efectos colaterales que anulen sus propios logros.
En todo caso, la COP30 ha servido como un campanazo global: la IA ya no es un actor periférico en los debates sobre el futuro del planeta. Tiene capacidad para salvar vidas, predecir desastres, preservar ecosistemas, pero también para agravar la crisis climática si no se encausa adecuadamente.
Como dice Nachmany: “Todos están emocionados… y también un poco asustados.”
