La peligrosa apuesta de Trump por redibujar distritos pone en juego la Cámara Baja

Entre demandas judiciales, efectos boomerang y divisiones internas, el intento de Trump por asegurar el control republicano podría regresar como un bumerán electoral.

Un movimiento arriesgado

En un giro que rompe con más de un siglo de tradición política en Estados Unidos, Donald Trump ha liderado un movimiento para reconfigurar los distritos electorales a mitad de década. La intención es clara: mantener o incluso incrementar el control republicano sobre la Cámara de Representantes. Sin embargo, lo que parecía ser una jugada estratégica podría convertirse en un error monumental que favorezca... a los demócratas.

En julio, Trump afirmó que los republicanos estaban “entitled” —es decir, tenían el derecho— a reclamar más escaños en Texas y otros estados conservadores a través de una redistritación favorable. Sin embargo, el rechazo de los nuevos mapas por parte de un panel federal en Texas podría arrebatarle al partido republicano el impulso que tanto buscaba.

El genio fuera de la botella

“Trump puede haber soltado al genio de la botella, pero no necesariamente logrará el deseo que esperaba”, opinó Rick Hasen, profesor de derecho de UCLA.

Este intento tiene además otro efecto adverso: ha provocado que los estados gobernados por demócratas adopten medidas agresivas para contrarrestar la estrategia republicana, abandonando incluso las comisiones bipartidistas que promovían la neutralidad en la redistritación, como ocurrió en California.

Gerrymandering vs Comisiones Independientes

El proceso de redibujar los distritos congresionales suele realizarse cada 10 años, luego del censo. En este formato de redistribución poblacional, las líneas se ajustan para dar representación equitativa. Sin embargo, este proceso ha sido manipulado durante décadas mediante el llamado gerrymandering, o trazo artificial de distritos para favorecer a un partido político.

Históricamente, los republicanos han utilizado este recurso con más agresividad. Pero el impulso de Trump a un redibujado “express” y sin consenso interno está teniendo efectos imprevistos y judiciales.

Texas: la joya... ¿perdida?

En Texas, el intento de aprobar una nueva configuración de distritos ha sido paralizado por una corte que encontró violaciones a la Ley de Derechos Electorales. Esto representa un duro golpe, ya que se estimaba que el nuevo mapa aseguraría cinco escaños adicionales para los republicanos.

Para el gobernador de California, Gavin Newsom, el revés republicano es una victoria para la democracia: “Trump y Greg Abbott jugaron con fuego, se quemaron… y la democracia ganó”, declaró en su cuenta de X.

A pesar del intento de Texas por apelar la decisión ante la Corte Suprema, el fantasma de perder control permanece latente.

California contraataca

En una jugada espejo, los votantes de California aprobaron un nuevo mapa diseñado por demócratas, eliminando la influencia de la comisión independiente previamente establecida. Si la iniciativa progresa legalmente, los demócratas podrían ganar cinco escaños adicionales, anulando el beneficio que Trump intentaba lograr en Texas.

El efecto boomerang republicano

Los analistas advierten que las presiones de Trump abren la puerta a lo que los expertos llaman “dummymanders” —manipulaciones del mapa que terminan siendo contraproducentes para el mismo partido que las promueve. Al redistribuir votantes de manera ineficaz, los distritos pueden volverse competitivos o incluso favorables al adversario político en futuras elecciones.

“Es algo que nunca debió hacerse. Fue mal concebido desde el principio”, admitió el congresista republicano Kevin Kiley.

Entre lealtades partidistas y autodefensa

Redibujar mapas afecta de forma directa a congresistas en ejercicio. Pueden perder zonas donde tienen apoyo consolidado o enfrentarse a nuevos votantes con perfiles desconocidos. Así lo explica Jonathan Cervas, profesor de la Universidad Carnegie Mellon y especialista en redistritación: “Los titulares en funciones no quieren perder votantes que los conocen ni adquirir comunidades con las que no tienen relación”.

No es sorprendente que legisladores republicanos en Indiana y Kansas se opusieran a los planes impulsados por Trump. En Kansas, se intentó eliminar el único distrito péndulo del estado. En Indiana, los congresistas se negaron a redibujar sus dos distritos demócratas. La presión alcanzó niveles tan extremos que un legislador fue víctima de una llamada swatting —una falsa alerta policial— tras ser atacado en redes por el propio Trump.

¿Quién realmente controla los mapas?

El control político sobre la redistritación oscila según el dominio partidario en legislaturas estatales y cortes supremas estatales. Tras las elecciones de 2022, los republicanos ganaron terreno en cortes supremas en Carolina del Norte y Ohio, otorgándoles mayor poder para defender mapas favorables.

Sin embargo, jueces de estados como Utah y Maryland han ordenado cambios que podrían favorecer a los demócratas, revelando que no todo terreno está asegurado para el Partido Republicano.

La justicia como árbitro

Siempre que hay redistritación, hay demandas judiciales. En Missouri, el mapa promovido por los republicanos busca eliminar directamente un distrito demócrata. Esto ha generado un litigio que podría incluso desembocar en una votación estatal. En Utah, un juez ya ordenó que uno de los cuatro distritos tenga una inclinación demócrata. Por ende, la justicia se consolida como un árbitro esencial en estos conflictos políticos.

El cálculo puede ser contraproducente

Trump ha apostado a que la Corte Suprema, con mayoría conservadora, respalde estas decisiones. Pero la realidad en terreno ha demostrado que ni siquiera los tribunales inferiores se doblegan fácilmente ante intereses partidistas explícitos.

Además, al empujar redibujos fuera del ciclo decenal, Trump ha encendido alarmas incluso dentro de su partido. El congresista texano Pete Sessions fue explícito al respecto: “Nunca se consultó nuestra opinión. No hubo diálogo interno real sobre esto”.

¿Y los demócratas?

Si bien los demócratas han sido más reacios históricamente a utilizar el gerrymandering, el precedente de California podría cambiar su estrategia. En Virginia, donde ganaron la gobernación y reforzaron su mayoría legislativa en las recientes elecciones, ya se habla de modificar la configuración actual bajo premisas partidistas. Un candidato en Colorado también ha propuesto terminar con su comisión independiente para que los demócratas puedan hacer lo mismo.

Según datos del National Democratic Redistricting Committee, en el ciclo de 2021 se evitaron 95 escaños potenciales para los demócratas al dejar que comisiones independientes diseñaran los mapas. En cambio, sólo 13 escaños republicanos fueron “sacrificados” por el mismo motivo. Ante esta disparidad, el impulso de Trump podría desencadenar un nuevo enfoque generalizado del Partido Demócrata: si los republicanos redibujan, ellos también.

Más allá de la estrategia: el futuro de la representación

La historia del gerrymandering remonta al año 1812, cuando el gobernador de Massachusetts, Elbridge Gerry, aprobó un mapa con formas tan forzadas que uno de los distritos parecía una salamandra. Desde entonces, el arte de manipular mapas electorales ha sido parte integral del poder político estadounidense.

Pero en la era post-Trump, la tensión por control electoral —de forma activa y constante, fuera del ciclo censal— amenaza con convertir una herramienta táctica en una espiral autodestructiva para partidos que buscan resultados inmediatos sin considerar las consecuencias legales, sociales y electorales a mediano y largo plazo.

Como advirtió el académico Jonathan Cervas: “Que todos se suban a esta idea como si fuera una estrategia eficaz, es... básicamente una locura”.

El tiempo dirá si los republicanos aseguraron su poder o si, por el contrario, cavaron su propia tumba electoral. El juego apenas comienza —y las piezas se están desplazando de formas inesperadas.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press